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Columnistas | PUBLICADO EL 02 enero 2021

2020/2021

Por Rafael Isaza Gonzálezrafaelisazag@une.net.co

Amable lector: Al iniciar el 2020 todo sonreía, el crecimiento económico esperado era superior al del resto de nuestros vecinos y no habría reforma tributaria. Un poco más tarde se supo de la existencia de un virus en China; el problema era de ellos y no nuestro.

Las noticias sobre el virus se hicieron más frecuentes: llegó a Europa, pasó a Estados Unidos y por último apareció en Colombia. Los gobiernos, cada uno a su manera han enfrentado el coronavirus. Se cometieron errores, casi todos explicables por la falta de experiencia. Al concluir el año la población infectada del mundo es de 82.000.000 y los muertos 1.800.000. Acá los contagiados son 1.620.000 y fallecidos 43.000.

Durante los primeros meses de la pandemia algunos funcionarios y economistas afirmaron que por fortuna estábamos mejor blindados que la mayoría de los países del sur del continente. La realidad es muy diferente, en términos del PIB significa que nos empobrecimos en cerca del 9 %. En palabras simples, fueron millones de personas las que perdieron el empleo, miles de negocios quedaron en la ruina, los propietarios de inmuebles dejaron de recibir buena parte de sus arrendamientos, los accionistas se empobrecieron en un 15 %, a quienes reciben intereses sus ingresos se les redujeron en casi un 50 %. Y en la mayoría de las sociedades de alguna importancia la utilidad del 2020 será muy poca o negativa. Con excepción de EPM, que mientras más errores se cometen los estados financieros son mejores.

Los ingresos corrientes de Estado en el 2020 se redujeron y en el próximo la disminución será mayor. En contraste con esta merma, tendrá un incremento en los gastos, que por decirlo de alguna manera, es monumental.

El Gobierno Nacional, que es como el padre de todos nosotros, si antes estaba pobre, ahora estará en cuidados especiales, así algunos crean que estoy exagerando. Es común que la gente cuando tiene dificultades de dinero muestre una cara de angustia. Pero cuando recibe préstamos vuelven a sonreír. A muchos se les olvida el dicho: “No hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague”. El Estado colombiano se ha endeudado más allá de su capacidad normal de pago, lo cual exige un manejo que no será fácil de cumplir.

Esta pandemia que ha causado tanta pobreza y dolor muchos piensan que la humanidad cambiará para bien, así debería ser. Pero es más probable que siga igual o peor. Es una realidad que el mundo es más vulnerable de lo que se pensaba. Quizá algunos aprendan a ahorrar para que logren sobrevivir cuando se presenten otras circunstancias similares o peores.

Se gasta tanto dinero en cosas superfluas, en lujos innecesarios y a veces ofensivos. La alegría de vivir solo se encuentra en las cosas simples y si se puede ayudar a alguien, mayor será la felicidad.

P.D.: Esta semana murió el mejor ministro de Hacienda de los últimos años: Roberto Junguito. Paz en su tumba

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