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Hace 50 años nació Piccolo, una apuesta familiar que trajo la pizza a Medellín

El recorrido de Pizzas Piccolo comenzó en un local de 47 metros cuadrados que apareció en un clasificado de EL COLOMBIANO y hoy 50 años después factura alrededor de $23.000 millones al año.

  • Pizzas Piccolo nació en 1977 en un local de 47 metros cuadrados en El Poblado y, casi cinco décadas después, conserva su sello como negocio familiar. FOTOS MANUEL SALDARRIAGA
    Pizzas Piccolo nació en 1977 en un local de 47 metros cuadrados en El Poblado y, casi cinco décadas después, conserva su sello como negocio familiar. FOTOS MANUEL SALDARRIAGA
  • El primer local de Pizzas Piccolo abrió sus puertas en El Poblado en 1977, cuando la pizza todavía era una novedad para muchas familias de Medellín. FOTO: MANUEL SALDARRIAGA
    El primer local de Pizzas Piccolo abrió sus puertas en El Poblado en 1977, cuando la pizza todavía era una novedad para muchas familias de Medellín. FOTO: MANUEL SALDARRIAGA
hace 2 horas
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En una mañana de 1976, mientras Medellín todavía era una ciudad en la que la pizza no hacía parte de la rutina gastronómica de las familias, Carlos Arturo Jiménez, quien era conocido como Kalín para sus hermanos y cercanos, buscaba en los clasificados de EL COLOMBIANO un lugar donde comenzar una nueva vida empresarial.

Había regresado de Estados Unidos, después de pasar un tiempo en Nueva York, y traía una idea que iba más allá de vender comida, puesto que quería montar un negocio en el que pudiera trabajar toda su familia.

El aviso que encontró parecía hecho a la medida de aquel propósito. Era un local de apenas 47 metros cuadrados, ubicado en la carrera 43 B, en El Poblado. Tenía fachada de madera, techo de paja y ventanas. Y con una inversión de $180.000 en aquella época empezó un negocio que ahora a trascendido por cinco décadas.

El Poblado de entonces tampoco era el que hoy día día conocen millones de personas. Había casas, fincas, una iglesia y un parque. Salir a comer era una experiencia distinta, eran las afueras de la ciudad y la gente llegaba en carros con sobrecupo, cuentan María Cristina y Patricia Jiménez, dos de las siete hermanas que vieron crecer el negocio hasta la actualidad.

Allí comenzó a tomar forma una idea que terminaría convirtiéndose en una de las marcas más recordadas de Medellín.

El 9 de febrero de 1977 abrió sus puertas Pizzas Piccolo. “Él venía de Nueva York y vio la oportunidad de que los paisas conocieran ese producto, las pizzas. Es un producto informal, medio de todo, delicioso y también estaba la idea de que fuera un negocio para trabajar toda la familia”, recordó María Cristina.

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La apuesta tampoco salió de la nada. En la casa de los Jiménez ya existía una relación con la comida y con el trabajo familiar. Su padre había tenido un restaurante y de allí había salido buena parte del sustento de los siete hermanos: dos hombres y cinco mujeres.

“Él no llega con la idea de ‘voy a montar específicamente una pizzería’. Él llega con la idea de negocio y en la vena de nuestra familia estaba el negocio de comidas”, relató María Cristina.

La pizza terminó siendo la apuesta. Y aquel pequeño local comenzó a convertirse en algo más que un restaurante. Los hermanos trabajaban allí. También lo hicieron jóvenes estudiantes de colegio y universidad que encontraron en Piccolo una posibilidad que para la época no era habitual: estudiar y trabajar al mismo tiempo.

“Mi hermano fue el pionero en darle trabajo a los estudiantes”, rebobinó María Cristina.

El restaurante también rompía con algunas costumbres de la Medellín de finales de los años setenta. Sonaba música estadounidense, los jóvenes se reunían allí y las familias comenzaron a salir de sus casas para comer pizza.

El relato familiar recuerda que Piccolo “irrumpió” en una Medellín tradicional y conservadora. La combinación de música, ambiente, jóvenes trabajadores y pizzas terminó convirtiéndose en una fórmula novedosa.

En el relato de ambas hermanas, Piccolo en aquella época setenteañera era ese lugar de moda en el que la gente no solo iba a comerse una buena pizza, sino que escuchaban las canciones hasta primero que en la radio, puesto que Kailín las mandaba a traer directo desde suelo estadounidense. Fue entonces en el Piccolo del Poblado donde, según relatan los Jiménez, la gente se comía una pizza de crocancia neoyorquina y suavidad y exquisitez italiana, al ritmo de la música inédita (para la época) de Michael Jackson.

De pizza al recuerdo de domingo

El primer local de Pizzas Piccolo abrió sus puertas en El Poblado en 1977, cuando la pizza todavía era una novedad para muchas familias de Medellín. FOTO: MANUEL SALDARRIAGA
El primer local de Pizzas Piccolo abrió sus puertas en El Poblado en 1977, cuando la pizza todavía era una novedad para muchas familias de Medellín. FOTO: MANUEL SALDARRIAGA

La expansión no tardó demasiado. Después del primer local en El Poblado llegó la sede de la 70 y posteriormente otros puntos en Medellín y ciudades como Cartagena, Pereira y Barranquilla.

Mientras crecían los restaurantes, también lo hacía una característica que terminaría convirtiéndose en parte de la identidad de la compañía: producir buena parte de sus propios ingredientes.

En 1986, según la historia familiar, Kalín adquirió la empresa Tivoli, que proveía las carnes frías utilizadas en las pizzas. La intención era avanzar hacia una operación más integrada.

“Nosotros producimos prácticamente la mayoría de los ingredientes. Nosotros respetamos mucho la calidad”, dijo María Cristina.

La compañía llegó a producir jamón, salami, pepperoni, cábano, liso y tocineta. También tuvo producción propia de queso y conserva una huerta donde cultiva tomates y otras hortalizas.

“Nosotros también tenemos una huerta donde sembramos el tomate y sembramos las calabazas”, contó.

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La empresa, sin embargo, también enfrentó momentos difíciles. En 1995 murió Kalín, el hermano que había regresado de Estados Unidos con la idea de crear un negocio para todos. Dos años después murió Jairo, otro de los hermanos.

María Cristina, economista de la Universidad de Medellín, asumió entonces un papel central en la conducción de la compañía.

“Yo llegué a Colombia en 1987 y empecé a trabajar al lado de mi hermano. A los ocho años de estar aquí él murió. Entonces yo cogí las riendas de la empresa”, expresó.

La compañía siguió creciendo y en 2008 reunió sus procesos productivos y administrativos en el edificio Piccolo, que pasó a concentrar plantas de producción, logística y administración.

Con el tiempo, la marca también llegó a supermercados con productos congelados, además de mantener la producción propia de cárnicos y pastas.

Un legado laboral

La historia familiar señala que Piccolo ha jubilado a más de 150 trabajadores y que durante su trayectoria ha generado miles de empleos.

Pero quizás la principal construcción de estos casi 50 años no ha sido un producto, sino un recuerdo.

María Cristina recuerda cómo las familias llegaban los domingos después de misa. Los niños, los padres y los abuelos compartían una mesa; los adolescentes conocían el restaurante por sus amigos y luego llevaban a sus propias familias. “Los días más frecuentados eran después de misa. Salían de misa de 12 y venían a almorzar pizza o salían de misa a las 6 de la tarde y venían a comer pizza”.

Entre las pizzas que más permanecieron están la mixta y la hawaiana.

“Piccolo ha sido siempre un negocio muy familiar donde caben todos, donde caben los abuelos, los papás, los hijos, los nietos”, señaló María Cristina.

Ese vínculo también apareció durante la pandemia. Cuando los restaurantes tuvieron que cerrar, la familia decidió reabrir inicialmente solo para domicilios. Las órdenes terminaron desbordando la capacidad de operación.

“La gente escribía: ‘Ay, qué rico que abrió’. Nos acogió como si fuéramos la mamá de todo el mundo”, recordó.

Hubo pedidos que no llegaron a tiempo y clientes a quienes tuvieron que devolverles el dinero o enviarles nuevamente la pizza.

“Me tocó a mí hablar por las redes sociales y personalmente contarle a la gente que habíamos colapsado”, contó.

Para ella, esa cercanía explica parte de la permanencia de la marca.

“La gente le tiene mucho cariño, la siente como propia. Es patrimonio de la gente”.

En proceso de reorganización

La siguiente etapa de Piccolo tiene una mirada más empresarial. Juan Carlos Jiménez llegó a la compañía en junio del año pasado y en octubre asumió como gerente general. Su tarea es mantener el legado, pero también volver a poner la marca frente a las nuevas generaciones.

El punto de partida es una empresa que hoy tiene ocho puntos de venta y alrededor de 200 empleados directos.

“Todos nuestros empleados tienen contrato directo con la compañía. No tenemos a través de casas de empleo”, explica.

El año pasado, Pizzas Piccolo cerró con ventas cercanas a $23.000 millones, según el gerente. La compañía decidió concentrarse en los ocho puntos que mantiene actualmente.

El reto ahora está en crecer en un mercado mucho más competido y con mayores costos.

“La gran mayoría de nuestros colaboradores estaban con el mínimo. Al subir el 23%, al final del ejercicio pierdes margen, porque nosotros no podemos trasladar todo al consumidor final”, sostiene Jiménez.

A esto se suman los cambios en la jornada laboral y los recargos, mientras la empresa compite con negocios informales que tienen una estructura de costos diferente.

La respuesta de Piccolo, asegura, está en la eficiencia, pero sin tocar el producto. “Aquí la calidad no toca”, afirmó.

Conozca también: Piccolo, 45 años de tradición y sabor

También hay una apuesta por recuperar visibilidad. La empresa trabaja en estrategias digitales, domicilios, alianzas comerciales y campañas como las realizadas con Atlético Nacional, para fortalecer alianzas, dar descuentos a abonados y tener mayor visibilidad en los partidos de local del cuadro paisa.

“Estamos tratando de hacer volver a reactivar la marca”, dijo.

Para Jiménez, el principal activo es justamente esa memoria que María Cristina ha construido desde la historia familiar. “Uno siempre ha oído que es una marca bonita, una marca que la gente quiere y yo creo que eso es un plus muy grande para los antioqueños y para la marca”.

La celebración de los 50 años busca conectar esas dos generaciones: quienes recuerdan los domingos en Piccolo y quienes todavía tienen que descubrir la marca.

La historia comenzó con una familia que buscaba un negocio donde pudieran trabajar todos. Casi medio siglo después, esa familia sigue hablando de la misma palabra que estaba detrás de aquella decisión: permanencia.

El local de 47 metros cuadrados quedó atrás. También la Medellín de las fincas, los carros llenos de familias camino al Poblado y aquella época en la que escuchar música en inglés mientras se comía pizza podía sentirse como una novedad.

Lo que permanece es una marca que nació como empresa familiar, sobrevivió a pérdidas y crisis y ahora busca volver a conquistar a quienes heredaron el recuerdo de sus padres.

El 9 de febrero de 2027, Pizzas Piccolo cumplirá 50 años. Y aquella pizza que comenzó a hornearse en un pequeño local del Poblado ya forma parte de la memoria gastronómica de varias generaciones de antioqueños.

Bajarán un 50% sus precios

En el marco de que cumplirán medio siglo de historia, Pizzas Piccolo, empezó desde el 1° de octubre una estrategia comercial que busca llegar a más consumidores: reducirá hasta 50% el precio de algunos de sus productos. La decisión responde, según explica Juan Carlos Jiménez, gerente general de la compañía, a la necesidad de eliminar el precio como una de las barreras que pueden alejar a algunos consumidores de la marca. “Queremos darle un regalo a todos nuestros clientes de toda la vida y a esta nueva generación”, señaló Jiménez.

La reducción de precios no significará un recorte en la calidad de los productos, asegura la empresa. Para hacerla viable, Piccolo trabajará en mejoras de eficiencia, optimización de compras y un mayor aprovechamiento de su capacidad instalada.

“De ningún modo vamos a tocar el tema de calidad”, enfatizó el gerente general.

Con esta estrategia, la cadena busca que quienes crecieron comiendo sus pizzas regresen a sus restaurantes y, al mismo tiempo, que las nuevas generaciones conozcan una marca que lleva cinco décadas vinculada a la historia gastronómica de Medellín.

Bloque de preguntas y respuestas:

¿Cuándo nació Pizzas Piccolo?
Pizzas Piccolo abrió su primer local el 9 de febrero de 1977, en El Poblado, Medellín.
¿Dónde abrió el primer local de Pizzas Piccolo?
El primer establecimiento estuvo ubicado en la carrera 43 B, en El Poblado, en un local de aproximadamente 47 metros cuadrados.
¿Quién fundó Pizzas Piccolo?
La empresa fue creada por Carlos Arturo Jiménez, conocido como Kalín, quien regresó de Estados Unidos con la idea de desarrollar un negocio en el que pudiera trabajar su familia.

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