Por primera vez en su historia, la deuda pública de Estados Unidos superó los 40 billones de dólares, algo que está por encima de las proyecciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso, que estimaba que el endeudamiento total se situaría en 39,4 billones al finalizar el año fiscal en septiembre.
Así lo dio a conocer el Departamento del Tesoro de EE. UU., que informó que el endeudamiento del gigante norteamericano es de 40,047 billones de dólares. Su crecimiento ha sido a una velocidad alarmante, pues en octubre de 2025 superaba los 38 billones de dólares, en marzo de 2026 escaló a los 39 billones de dólares y ya, cinco meses después, creció otro billón.
Este endeudamiento, según le han comentado analistas a medios estadounidenses, es el resultado directo de que el gobierno federal opera de manera constante con un déficit fiscal, gastando significativamente más dinero del que recauda a través de los impuestos.
Dicha tendencia se ha consolidado desde inicios del siglo XXI ya que tanto las administraciones demócratas como republicanas han recurrido a préstamos masivos para financiar guerras en Medio Oriente, la Gran Recesión bajo la presidencia de Barack Obama y la pandemia del covid-19.
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Sin embargo, durante el 2025 se aprobó una reforma legislativa republicana impulsada por Donald Trump que combinó una reducción de la carga tributaria con el incremento del gasto público, algo que para los expertos, podría disparar el déficit anual por encima de los 4 billones de dólares en la próxima década.
Dentro de esta reforma tributaria, se estableció que las empresas pueden deducir inmediatamente como gasto las ganancias destinadas a la construcción de nuevas fábricas y centros de datos, algo que redujo drásticamente los ingresos por impuestos corporativos del Estado.
Otro aspecto que habría ayudado al aumento de la deuda es que, en febrero de 2026, el Tribunal Supremo decretó que los aranceles globales aplicados por la administración Trump eran ilegales, siendo esto algo que detuvo repentinamente la recaudación de estos gravámenes a las importaciones.
Por último, el encarecimiento natural de programas como el Seguro Social y Medicare además de que el presupuesto de defensa ha debido incrementarse para financiar la guerra contra Irán, que comenzó hace casi seis meses, son otros factores que sustentan la situación fiscal estadounidense.
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