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Los extraños movimientos detrás de la compra y venta de bitcoins en Medellín, ¿un lavadero de plata?

Hace un par de semana la Fiscalía creó una unidad para perseguir el robo de monedas virtuales en Medellín, pues varios extranjeros han sido atracados. ¿No se persigue el lavado de activos?

  • Los movimientos de criptomonedas en Medellín todavía no son muy estudiados. Además de nómadas digitales, este modelo de inversión puede ser aprovechado por narcotraficantes. FOTO ARCHIVO
    Los movimientos de criptomonedas en Medellín todavía no son muy estudiados. Además de nómadas digitales, este modelo de inversión puede ser aprovechado por narcotraficantes. FOTO ARCHIVO
02 de marzo de 2024
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Durante la pandemia emergieron de las profundidades de internet dos negocios que habían permanecido inadvertidos para muchos: el modelaje webcam y la compra y venta de monedas electrónicas como el bitcoin. El primero fue un boom más visible, casi todo el mundo conocía a una mujer o a un hombre con cuenta de OnlyFans donde, mínimo, mostraban los pies. ¿Pero quién conoció a alguien que se dedicara a comprar y vender monedas electrónicas? Pocos. El bitcoin parecía entonces un capricho del primer mundo, un fenómeno inentendible, ¿o quién podía explicar que un solo bitcoin valiera 100 millones de pesos? Por eso, cuando a esta mujer le propusieron administrar un pequeño emprendimiento en la materia, dijo que sí, aunque no entendía muy bien cómo era todo el embrollo.

Lo primero que le llamó la atención a esta administradora de empresas, que tiene una risa fácil y un carisma magnético, fue que había mensajeros que tenían que llevar dinero en efectivo por toda la ciudad. ¿Dinero? ¿Cuánto? Millones de pesos. Cien millones, cincuenta millones. Porque el gran negocio en Medellín es comprar bitcoin que luego se revende en plataformas como Binance, que es como la bolsa de valores pero en línea. Binance es una página web donde tienes una cuenta que certifica cuántos bitcoins (o cualquier otra moneda electrónica) tiene en la cuenta, es allí, en ese mercado persa de lo intangible, donde se hace el comercio.

Los mensajeros se encontraban con un enlace que, una vez contado el dinero, daba un click en su computador o en su celular y entregaba los bitcoin. Un dato: se pueden comprar fracciones de bitcoin, como quien compra la participación en una empresa. Así, puedes vender el 10, el 15, el 20 por ciento de una moneda virtual. La explicación es muy simple. Entro a Google y encuentro que un solo bitcoin valía este sábado 2 de marzo, 241 millones de pesos. Pocos, casi nadie, tiene ese dinero contante y sonante, así que puedes comprar el 1 por ciento, que equivaldría a poco más de 2 millones de pesos.

—Al principio yo me preguntaba: “¿A quién le estoy dando mi plata, o en qué está soportado esto? Porque realmente la criptomoneda es un código, es una NFT (Non -Fungible Token), es un activo no tangible. Por eso es tan importante una página web como Binance, porque es esa página la que te certifica que tienes ese dinero, esas monedas. Por eso cuando yo mandaba a uno de los muchachos a comprar los bitcoin, revisaba que el cliente si tuviera en la cuenta el dinero, en bitcoins, que le íbamos a comprar en pesos colombianos.

Entérese: Qué platal: hombre que robó más de 1 millón de dólares en criptomonedas a empresa estadounidense irá a la cárcel

En algún momento alguien le dijo a esta mujer si estaba segura de que su nuevo trabajo no era un lavadero de dinero del narcotráfico, pero ella, ingenua, no creyó. Tuvieron que pasar varios meses para que se diera cuenta de que algo no funcionaba bien.

***

Los movimientos con bitcoin no son ni legales ni ilegales, son alegales: no están regulados. Y parece que la justicia está lejos de perseguir el lavado de dinero que se hace con monedas virtuales. En Colombia no hay una sola captura por este delito. Solo se persiguen a las personas que roban criptomonedas.

Hace un par de semanas, la Fiscalía anunció en Medellín la creación de un grupo dedicado a perseguir el hurto de bitcoins y otras monedas. Publicamos en estas páginas:

“Las bandas dedicadas al hurto de extranjeros en Medellín no perdonan ni las criptomonedas, pero la Fiscalía ya encontró la manera no solo de procesar a estas organizaciones por el robo de dinero digital, sino que también halló la forma de recuperarlo para que puedan volver a manos de sus dueños.

Todo esto mediante la billetera virtual que tiene la Fiscalía, a través de su seccional Medellín, con la cual ya logró la recuperación de las primeras criptomonedas que fueron hurtadas a unos turistas de República Dominicana, a quienes ‘les bajaron’ $43 millones de una de las monedas que tenían en sus billeteras digitales y que, en medio de la desvalijada que sufrieron, se esfumó en manos de los criminales”.

Por ese robo fueron capturadas Manuela Cano Guzmán, de 21 años, y Anlly Melissa Tabares Restrepo, de 22, a quienes les abrieron procesos por los delitos de hurto calificado en concurso homogéneo y sucesivo, 21 denuncias de hurto por medios informáticos y tres de transferencias no consentidas de activos. El asunto es que a estas dos mujeres las capturaron por un hurto casi común: vaciar una cuenta.

En Colombia, en realidad, solo se ha capturado a un hombre por robar bitcoins en medio de un negocio. Siendo miembro de una empresa, Jaime Andrés Buitrago Ruiz, se habría robado 1 millón 200 mil dólares que estaban a cargo de una compañía estadounidense dedicada al intercambio de criptomonedas y monedas fiduciarias. Según la Fiscalía, este hombre era socio minoritario y jefe de liquidez en la empresa extranjera. Al parecer, aprovechó esta doble condición y, entre el 27 de mayo de 2021 y el 22 de marzo de 2023, realizó 80 transferencias a sus billeteras virtuales y cuentas personales. De esa manera, habría afectado a la compañía para la que trabajaba y de manera ilícita se quedó con el dinero que le confiaron varios clientes”.

Buitrago Ruiz es el único procesado por mover criptomonedas de manera fraudulenta. Estamos ante un crimen muy desconocido.

***

Esta mujer se dio cuenta que algo no estaba muy bien cuando a uno de sus mensajeros lo dejaron esperando mientras se solucionaba el pago de unos bitcoins que habían prestado. Le dijeron: “Mientras esto no se solucione usted se queda acá conmigo”.

—Supe la historia de un hombre al que le habían prestado unas criptomonedas y se demoró en pagarlas, pues le pusieron a un tipo a vigilarlo a la salida del edificio donde vivía, le dijeron que no podía volver a salir hasta que no pagara. En ese mundo se sabe muy bien que quien vende bitcoins acá puede ser un “caliente”, porque tiene un “respaldo”.

Le puede interesar: Secuestros y atracos mortales para robar criptomonedas en Colombia

Todos en Medellín sabemos qué es un respaldo. El respaldo es un seguro, un gatillo, un hombre que puede “apretar” al deudor. Los comportamientos de la mafia no se escapan de los negocios virtuales.

—Lavar dinero con criptomonedas es muy fácil porque es imposible hacerles un rastreo. Si mucho, un buen ingeniero puede saber cómo ha pasado esa plata en los tres últimos movimientos hacia atrás, pero nada más.

—¿Y la plata solo se mueve en efectivo?

—La mayoría de las veces, pero también con cuentas de terceros. Ahí ya hay un gran problema, porque uno se tiene que poner a buscar gente que le preste la cuenta para consignar ahí, y ellos cobran comisiones y luego hay que contratar a un contador para que les cuadre la declaración de renta. Era muy estresante manejar tantas cuentas y tanto dinero en efectivo, porque uno tenía que tener el ojo listo para todo. Un mensajero salía con la plata, unos 50 millones de pesos en efectivo, y uno se la pasa haciendo fuerza para que no lo pare la Policía, o para que no lo vayan a robar. Un día uno de ellos apareció con que lo habían robado, y dos semanas después estaba montado en una KTM. Claro, se había autorrobado. El hombre luego se desapareció, y por eso se vuelve un mundo de muchas desconfianzas, porque la cantidad de plata es alarmante y los que trabajamos en esas empresas simplemente llevamos y traemos plata, o administramos cajas fuertes, y a más de uno se le daña el corazón cuando ve tanto billete junto.

Esta mujer, que prefiere guardar la identidad, nunca pudo comprar un solo bitcoin, era un precio demasiado alto para ella; sin embargo pudo comprar algunas cosas para su casa: electrodomésticos, moto, una cama más confortable. Lo ganó, además del salario que devengaba, le llegó por comisiones, por desempeño. Alguna vez un compañero, un genio de los números que también se voló con mucho dinero, le aconsejó que invirtiera en una cripto que no era bitcoin, ella lo hizo.

—Yo compré unas cuantas monedas de esas, porque de verdad estaban muy baratas y queríamos saber si de pronto con los años cogía fuerza y ganábamos algún dinero, pero no pasó, no sucedió, este es el momento que no sé nada de esa platica, que fue muy poca.

Invertir es un azar. Y en la tierra donde el narco se hizo narco, es un riesgo.

Durante la pandemia emergieron de las profundidades de internet dos negocios que habían permanecido inadvertidos para muchos: el modelaje webcam y la compra y venta de monedas electrónicas como el bitcoin. El primero fue un boom más visible, casi todo el mundo conocía a una mujer o a un hombre con cuenta de Only fans donde, mínimo, mostraban los pies. ¿Pero quién conoció a alguien que se dedicara a comprar y vender monedas electrónicas? Pocos. El bitcoin parecía entonces un capricho del primer mundo, un fenómeno inentendible, ¿o quién podía explicar que un solo bitcoin valiera 100 millones de pesos? Por eso, cuando a esta mujer le propusieron administrar un pequeño emprendimiento en la materia, dijo que sí, aunque no entendía muy bien cómo era todo el embrollo.

Lo primero que le llamó la atención a esta administradora de empresas, que tiene una risa fácil y un carisma magnético, fue que había mensajeros que tenían que llevar dinero en efectivo por toda la ciudad. ¿Dinero? ¿Cuánto? Millones de pesos. Cien millones, cincuenta millones. Porque el gran negocio en Medellín es comprar bitcoin que luego se revende en plataformas como Binance, que es como la bolsa de valores pero en línea. Binance es una página web donde tienes una cuenta que certifica cuántos bitcoins (o cualquier otra moneda electrónica) tiene en la cuenta, es allí, en ese mercado persa de lo intangible, donde se hace el comercio.

Los mensajeros se encontraban con un enlace que, una vez contado el dinero, daba un click en su computador o en su celular y entregaba los bitcoin. Un dato: se pueden comprar fracciones de bitcoin, como quien compra la participación en una empresa. Así, puedes vender el 10, el 15, el 20 por ciento de una moneda virtual. La explicación es muy simple. Entro a Google y encuentro que un solo bitcoin valía ayer, sábado 2 de marzo, 241 millones de pesos. Pocos, casi nadie, tiene ese dinero contante y sonante, así que puedes comprar el 1 por ciento, que equivaldría a poco más de 2 millones de pesos.

—Al principio yo me preguntaba: “¿A quién le estoy dando mi plata, o en qué está soportado esto? Porque realmente la criptomoneda es un código, es una NFT (Non -Fungible Token), es un activo no tangible. Por eso es tan importante una página web como Binance, porque es esa página la que te certifica que tienes ese dinero, esas monedas. Por eso cuando yo mandaba a uno de los muchachos a comprar los bitcoin, revisaba que el cliente si tuviera en la cuenta el dinero, en bitcoins, que le íbamos a comprar en pesos colombianos.

En algún momento alguien le dijo a esta mujer si estaba segura de que su nuevo trabajo no era un lavadero de dinero del narcotráfico, pero ella, ingenua, no creyó. Tuvieron que pasar varios meses para que se diera cuenta de que algo no funcionaba bien.

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Los movimientos con bitcoin no son ni legales ni ilegales, son alegales: no están regulados. Y parece que la justicia está lejos de perseguir el lavado de dinero que se hace con monedas virtuales. En Colombia no hay una sola captura por este delito. Solo se persiguen a las personas que roban criptomonedas.

Hace un par de semanas, la Fiscalía anunció en Medellín la creación de un grupo dedicado a perseguir el hurto de bitcoins y otras monedas. Publicamos en estas páginas:

“Las bandas dedicadas al hurto de extranjeros en Medellín no perdonan ni las criptomonedas, pero la Fiscalía ya encontró la manera no solo de procesar a estas organizaciones por el robo de dinero digital, sino que también halló la forma de recuperarlo para que puedan volver a manos de sus dueños.

Todo esto mediante la billetera virtual que tiene la Fiscalía, a través de su seccional Medellín, con la cual ya logró la recuperación de las primeras criptomonedas que fueron hurtadas a unos turistas de República Dominicana, a quienes ‘les bajaron’ $43 millones de una de las monedas que tenían en sus billeteras digitales y que, en medio de la desvalijada que sufrieron, se esfumó en manos de los criminales”.

Por ese robo fueron capturadas Manuela Cano Guzmán, de 21 años, y Anlly Melissa Tabares Restrepo, de 22, a quienes les abrieron procesos por los delitos de hurto calificado en concurso homogéneo y sucesivo, 21 denuncias de hurto por medios informáticos y tres de transferencias no consentidas de activos. El asunto es que a estas dos mujeres las capturaron por un hurto casi común: vaciar una cuenta.

En Colombia, en realidad, solo se ha capturado a un hombre por robar bitcoins en medio de un negocio. Siendo miembro de una empresa, Jaime Andrés Buitrago Ruiz, se habría robado 1 millón 200 mil dólares que estaban a cargo de una compañía estadounidense dedicada al intercambio de criptomonedas y monedas fiduciarias. Según la Fiscalía, este hombre era socio minoritario y jefe de liquidez en la empresa extranjera. Al parecer, aprovechó esta doble condición y, entre el 27 de mayo de 2021 y el 22 de marzo de 2023, realizó 80 transferencias a sus billeteras virtuales y cuentas personales. De esa manera, habría afectado a la compañía para la que trabajaba y de manera ilícita se quedó con el dinero que le confiaron varios clientes”.

Buitrago Ruiz es el único procesado por mover criptomonedas de manera fraudulenta. Estamos ante un crimen muy desconocido.

***

Esta mujer se dio cuenta que algo no estaba muy bien cuando a uno de sus mensajeros lo dejaron esperando mientras se solucionaba el pago de unos bitcoins que habían prestado. Le dijeron: “Mientras esto no se solucione usted se queda acá conmigo”.

—Supe la historia de un hombre al que le habían prestado unas criptomonedas y se demoró en pagarlas, pues le pusieron a un tipo a vigilarlo a la salida del edificio donde vivía, le dijeron que no podía volver a salir hasta que no pagara. En ese mundo se sabe muy bien que quien vende bitcoins acá puede ser un “caliente”, porque tiene un “respaldo”.

Todos en Medellín sabemos qué es un respaldo. El respaldo es un seguro, un gatillo, un hombre que puede “apretar” al deudor. Los comportamientos de la mafia no se escapan de los negocios virtuales.

—Lavar dinero con criptomonedas es muy fácil porque es imposible hacerles un rastreo. Si mucho, un buen ingeniero puede saber cómo ha pasado esa plata en los tres últimos movimientos hacia atrás, pero nada más.

—¿Y la plata solo se mueve en efectivo?

—La mayoría de las veces, pero también con cuentas de terceros. Ahí ya hay un gran problema, porque uno se tiene que poner a buscar gente que le preste la cuenta para consignar ahí, y ellos cobran comisiones y luego hay que contratar a un contador para que les cuadre la declaración de renta. Era muy estresante manejar tantas cuentas y tanto dinero en efectivo, porque uno tenía que tener el ojo listo para todo. Un mensajero salía con la plata, unos 50 millones de pesos en efectivo, y uno se la pasa haciendo fuerza para que no lo pare la Policía, o para que no lo vayan a robar. Un día uno de ellos apareció con que lo habían robado, y dos semanas después estaba montado en una KTM. Claro, se había autorrobado. El hombre luego se desapareció, y por eso se vuelve un mundo de muchas desconfianzas, porque la cantidad de plata es alarmante y los que trabajamos en esas empresas simplemente llevamos y traemos plata, o administramos cajas fuertes, y a más de uno se le daña el corazón cuando ve tanto billete junto.

Esta mujer, que prefiere guardar la identidad, nunca pudo comprar un solo bitcoin, era un precio demasiado alto para ella; sin embargo pudo comprar algunas cosas para su casa: electrodomésticos, moto, una cama más confortable. Lo ganó, además del salario que devengaba, le llegó por comisiones, por desempeño. Alguna vez un compañero, un genio de los números que también se voló con mucho dinero, le aconsejó que invirtiera en una cripto que no era bitcoin, ella lo hizo.

—Yo compré unas cuantas monedas de esas, porque de verdad estaban muy baratas y queríamos saber si de pronto con los años cogía fuerza y ganábamos algún dinero, pero no pasó, no sucedió, este es el momento que no sé nada de esa platica, que fue muy poca.

Invertir es un azar. Y en la tierra donde el narco se hizo narco, es un riesgo.

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