Medellín es una ciudad de puertas abiertas para quien quiera disfrutar de ella, pero cuando ciertos extranjeros llegan a la capital antioqueña con sus malos hábitos (algunas veces en contra de la ley) las autoridades no tienen más alternativa que expulsarlos. Lo lamentable es que en los últimos dos meses van por lo menos 4 foráneos enviados de vuelta a sus países de origen, y en lo que va de 2026 ya son 80 extranjeros inadmitidos en la ciudad.
Y es que si bien, años atrás, la mayoría de las expulsiones de extranjeros estaban asociadas principalmente a narcotráfico, ahora el tema de alto impacto que ha llevado a la Alcaldía de Medellín a endurecer los operativos de control contra estas personas es la explotación sexual. Además de las alteraciones al orden público derivadas de sus comportamientos indebidos.
Por ejemplo, uno de los casos más recordados es el de Thomas Michael Renno en 2024, un ciudadano estadounidense de 72 años que recibió la condena más alta que hasta ahora se le ha impuesto a un extranjero en Colombia por el delito de explotación sexual comercial de menores de edad: 30 años y 6 meses.
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Como ese hay muchos otros episodios que esta ciudad quisiera eliminar de su historial, no obstante, gracias a operativos más rigurosos en lo que va de este año se han conseguido mejores resultados.
El ruso: figuraba por sus rumbas
Aunque recientemente fue expulsado por segunda vez de Medellín, para entender mejor el caso de este sujeto hay que ir dos años atrás.
Los residentes del edificio Málaga en El Poblado nunca habían conocido el ruido de una manera tan desagradable como lo hicieron cuando el extranjero llegó a vivir allí. Nunca pensaron que dicho ciudadano de origen ruso y nacionalidad estadounidense iba a convertir su paraíso en un infierno, producto de rumbas interminables a altas horas de la noche con música “a todo taco”.
Desde ahí empezaron las quejas de los vecinos, a menudo lo reportaban no solo con la administración del edificio sino también con la Policía. Es más, al parecer, ingresaba a su apartamento a personas presuntamente vinculadas con actividades de prostitución.
En su momento, la Policía Metropolitana le impuso más de 12 comparendos por infracciones al Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana, pero poco o nada le importó, por lo que su expediente por desacato empezó a engordar.
Eso, precisamente, fue lo que en abril de este año le permitió a Migración Colombia aplicar una medida de expulsión en su contra con la prohibición de ingresar al país por un periodo de 10 años. Pero eso no le bastó. A las semanas de haber sido expulsado, intentó regresar a Medellín camuflándose entre pasajeros nacionales, no obstante, logró ser identificado a tiempo y fue obligado a salir nuevamente del país en un vuelo con destino a Panamá.
El alemán: káiser del descontrol
A finales de mayo de este año, un ciudadano alemán fue expulsado de Medellín tras ser señalado por hacer fiestas escandalosas y atemorizar a sus vecinos, también en un edificio de El Poblado en el sector de Provenza.
Según los reportes, durante sus rumbas este sujeto consumía drogas e incluso hacía disparos al aire, algo que en más de una ocasión alertó a la comunidad. Eso, al igual que con el ruso, hizo que la Alcaldía de Medellín tomara cartas en el asunto y obtuviera la medida de expulsión para este teutón.
Fue detenido por varios uniformados de la Policía en inmediaciones de la carrera 65, minutos después de ser identificado mientras manejaba un Chevrolet Camaro por la calle 10 en El Poblado, sentido oriente-occidente. No podrá regresar a Colombia durante la próxima década.
Los gringos: un dolor de cabeza
En abril fue el turno de los estadounidenses, dos para ser precisos, que fueron expulsados por Migración Colombia a raíz de sus comportamientos más que dicientes durante su paso por Medellín.
El primer caso obedece a un “influencer” que en redes sociales se hace llamar Chill Capo, de 42 años. Este afroamericano estaría en Medellín desde 2022, y a través de sus redes sociales, al parecer, ofrecía “consejos” para los demás gringos que quisieran venir a la ciudad, pero además, presuntamente, promovía encuentros y fiestas dirigidas a turistas internacionales con aparentes fines de explotación sexual.
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Migración Colombia le confirmó a EL COLOMBIANO que, tras una investigación a sus andanzas en la ciudad, el hombre fue deportado del país. La entidad detalló que Chill Capo estaba de forma irregular en Colombia toda vez que la visa nómada que mostraba en sus redes había caducado a principios de febrero del presente año.
El segundo caso es el de Samuel McVey, de 46 años, quien intentó ingresar a varios colegios de Las Palmas, en Envigado, y de Llanogrande, en el Oriente antioqueño, haciéndose pasar como docente de inglés. Al no lograr su objetivo, habría reaccionado con amenazas hacia estudiantes, lo que encendió las alertas de la comunidad educativa.
McVey ya tenía antecedentes judiciales y órdenes de arresto vigentes en Nueva York por hechos similares, por lo que Migración procedió a aplicar la medida de expulsión del territorio nacional, así como la prohibición de ingreso a Colombia por un término no inferior a diez años.
Hasta el 31 de mayo de este año, 80 extranjeros fueron inadmitidos en el aeropuerto José María Córdova de Rionegro, lo que indica que en tan solo 5 meses se duplicaron los casos registrados en tres años: 8 en 2021, 19 en 2022 y 13 en 2023, para un total de 40 casos. En 2024 hubo 40 inadmitidos, y en 2025, 71.