Donald J. Trump respondió al último escándalo de la Casa Blanca –esta vez sobre abusos contra las mujeres–, como ha sorteado otros tantos temas: sin mucha diplomacia, y al parecer desconociendo que la problemática del maltrato ha sido un tema prioritario para la agenda norteamericana y mundial desde finales del año pasado.
Primero defendiendo a su exempleado y cuestionando las denuncias en su contra, y luego criticando el movimiento #MeToo (Yo también), que ha tomado vuelo y ha rebajado el umbral de tolerancia hacia los casos de abusos, mostrando una postura poco amigable de su administración frente a la violencia doméstica.
“La suya fue una respuesta irresponsable que demuestra que él considera que este es un tema de menor cuantía que no atañe ni a la democracia, ni a un tema de política pública como de hecho lo es”, le dijo a EL COLOMBIANO Olga Amparo Sánchez, Directora de la organización Casa de la Mujer.
Defensa a sus empleados
Luego de que los dos miembros del staff de la administración tuvieran que renunciar tras las denuncias de abuso físico y psicológico por sus respectivas exesposas, la respuesta del mandatario de minimizar los hechos y de pedirle a la opinión pública simpatía hacia uno de sus funcionarios involucrados en el escándalo, demuestra que para la Casa Blanca el maltrato contra las mujeres no es un tema prioritario.
El primero en renunciar fue el secretario personal, Rob Porter. Sobre él, sus dos exesposas Jennie Willoughby y Colbie Holderness, denunciaron al medio norteamericano, Daily Mail, detallados hechos sobre violencia familiar. Este medio ya había publicado en el 2010 la orden de restricción y una fotografía del abuso.
Frente a la renuncia de Porter, el presidente Trump dijo que le deseaba lo mejor y que tenia una brillante carrera por delante. “Él dijo que es inocente y pienso que debemos tener eso en mente. El fue muy enfático al asegurar que es inocente”, dijo Trump desde la Oficina Oval. Ante las expresiones del mandatario tales como, “apenas una alegación” y “falsamente acusado”, Colbie Holderness le dijo a la revista Time que Trump le había dicho mentirosa y que el trabajo de su exmarido en la Casa Blanca era de mayor valor que su bienestar mental, emocional y psicológico.
El segundo en renunciar, dos días mas tarde, fue David Sorensen quien se desempeñaba como redactor de discursos. Él también fue denunciado por su excónyugue, quien hizo público a través del Washington Post un maltrato físico y psicológico durante sus dos años de matrimonio.
Al respecto, de acuerdo con el experto en política exterior de Estados Unidos, Emersson Forigua, es “curioso” que Donald Trump este manejando el tema con tan poca diplomacia, cuando “se trata de un tema que tanto opositores como defensores tratan de manejar con particular cuidado, ya que no son pocos los que podrían terminar involucrados en casos similares, incluso el mismo Jefe de Estado de Estados Unidos sobre quien recaen 16 acusaciones de acoso sexual”.
Movimiento Me too
Pero hace dos días el presidente se lanzó enfáticamente contra todo el escándalo, contra la oleada de denuncias y relativizó el movimiento que le ha dado alas al creciente activismo contra las agresiones sexuales, “Me too”, al trinar lo siguiente: “Las vidas de la gente están siendo destruidas por una mera acusación. Algunas son ciertas y otras falsas. Algunas son viejas y otras nuevas. No hay recuperación para alguien que haya sido falsamente acusado. La vida y la carrera se han terminado. ¿Ya no hay tal cosa como el debido proceso?”.
#MeToo, un movimiento que se ha descrito a si mismo como “transformacional”, nació de la activista afroamericana, Tarana Burke hace diez años, pero sólo hasta octubre de 2017 se viralizó tras las acusaciones contra el productor de cine, Harvey Weinstein, quien tiene 34 denuncias por abusos sexuales conocidos.
35 %
de las mujeres del mundo han sufrido violencia física y/o sexual, según ONU mujeres.