El inesperado ascenso de los terroristas del Estado Islámico tomó por sorpresa a los gobiernos, que en su afán por hallar una estrategia para combatir las amenazas y expansión del grupo, llegaron al punto, algunos, de argumentar el restablecimiento de la pena de muerte y de aumentar esta práctica.
De hecho, según encontró la organización Amnistía Internacional, el año pasado, al menos 20 países condenaron a muerte o ejecutaron a personas por delitos relacionados con el terrorismo: Arabia Saudí, Argelia, Bahrein, Camerún, Chad, China, Egipto, Estados Unidos, India, Irak, Irán, Jordania, Kuwait, Líbano, Pakistán, República Democrática del Congo, Somalia, Sudán, Túnez y Emiratos Árabes Unidos.
“El aumento en el uso de la pena de muerte al que estamos asistiendo, en equivocada respuesta a los delitos relacionados con el terrorismo, revela un error fundamental por parte de las autoridades: no hay ninguna prueba de que la pena capital disuada de cometer delitos violentos con más eficacia que otros castigos. Esta actitud se basa más en la debilidad y la conveniencia que en la fuerza”, manifestó James Lynch, subdirector del Programa sobre Asuntos Globales de Amnistía.
En eso concuerda Jeffrey Fagan, director del Centro sobre Crimen, Comunidad y Leyes de la Universidad de Columbia. Según le dijo a EL COLOMBIANO, “no hay evidencia de que la amenaza de la pena capital disuada de cometer actos terroristas que resultan en la muerte de ciudadanos inocentes”.
De hecho, sus estudios en epidemiología han mostrado que el delincuente potencial entiende las consecuencias de sus acciones y percibe la amenaza tan real como un criminólogo.
En cambio, continúa Fagan, para algunos terroristas la muerte a manos del Estado les proporciona el martirio, que es un gran incentivo para la comisión de actos terroristas, y también puede influir en otros para asumir su causa y alcanzar la condición de mártir.
El experto pone como ejemplo que en 2015 un funcionario de prisiones en Pakistán dijo que, en una ocasión, cuando un miembro del grupo militante Lashkar-e-Jhangvi fue ejecutado, escuchó que la organización repartió dulces de confitería mithai para celebrar su martirio.