En el costado oriental de África se encuentra Kenia, un país que está en los límites de probar si logró o no una verdadera transición democrática. Los conflictos étnicos han permeado las elecciones desde que el país es independiente (1964), conduciendo a fuertes episodios de violencia que solo en las elecciones de 2007 dejaron 1.300 muertos y 600.000 desplazados.
Por eso, la atención internacional estaba puesta en las presidenciales del pasado 8 de agosto, que se disputaron entre el actual presidente, Uhuru Kenyatta, de la etnia mayoritaria, frente a Kikuyu y Raila Odinga, del grupo étnico Luo Odinga, el segundo más grande y con fuertes críticas a su supuesta marginación.
La Comisión Independiente de Elecciones de Kenia (IEBC) anunció que Kenyatta se había llevado la victoria electoral con el 54 % de los votos. Un grupo de veedores internacionales, entre los que estaba el exsecretario de Estado de EE. UU., John Kerry, dieron fe de que fueron unas elecciones transparentes.
No obstante la oposición alega que en el conteo electrónico hubo alteraciones, lo que los ha llevado a las calles ya por dos meses, con el agravante de que los medios locales no han hecho un seguimiento a las jornadas de violencia y la poca información que había.
Violencia extendida
Sin embargo, justo ayer, la Comisión Nacional de Derechos Humanos de Kenia (KNCHR) reportó lo sucedido en las últimas dos semanas, y el escenario pinta el comienzo de otro conflicto étnico. Según la organización, que en la comunidad internacional se considera independiente, hasta la fecha, 37 kenianos perdieron la vida a manos de fuerzas del Estado.
Entre los fallecidos hay tres niñas y cuatro niños, uno de ellos un pequeño de seis meses que fue atropellado por agentes de seguridad armados mientras lo cuidaba su madre.
En el informe de KNCHR se documenta que los miembros de fuerzas estatales reprimieron las manifestaciones con balines y porras, y que incluso entraron a los hogares de ciudadanos y les propinaron lesiones graves y hasta hubo seis casos de violaciones sexuales contra mujeres y niñas.
De 126 casos de civiles heridos, solo tres estuvieron en una real confrontación con las autoridades. “Las lesiones graves incluyen heridas de bala en el pecho, costillas rotas por objetos contundentes, tiros en los muslos y brazos como una forma de incapacitar a las víctimas”, reza el documento.
Aunque la Corte Suprema de ese país calificó como ilegítimas las elecciones del pasado 8 de agosto, por la alteración de los resultados, y llamó a una nueva jornada electoral el próximo 26 de octubre, el ambiente tenso presagia nuevos enfrentamientos entre las etnias y las fuerzas del Estado.
John Campbell, investigador del Centro de Estudios Políticos Africanos Ralph Bunche (EE. UU.), escribió que los recientes hechos de violencia pueden desembocar fácilmente en un enfrentamiento civil.
“Las identidades étnicas en Kenia son fuertes, y pueden convertirse en violencia, especialmente sobre el uso de la tierra y el agua”, anota.
El buen accionar de las autoridades será fundamental: “Su mal manejo podría convertir una protesta en un baño de sangre como el de 2007”.
37
civiles han sido asesinados por el Estado en las actuales protestas, según KNHCR.