Pico y Placa Medellín
viernes
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El barco “Ever Given” bloquea la vía marítima, por la que circula el 10% del comercio global.
Una excavadora de esas que araña arena y escombros posa apenas insignificante frente al buque que intenta desatascar. Al filo de un montículo de arena, ambas máquinas flotan en el Canal de Suez. Una de ellas, un gigantesco barco de 400 metros (m) de amplitud, atravesado en diagonal, hace de tapón de un corredor por donde, en tiempos ordinarios, navega el 10 % del comercio global. La otra, la diminuta mancha amarilla, mueve su mano hidráulica luchando por mover al gigante. Sobre ellas, los ojos de un mundo que contiene el aliento y cierra los ojos cuando algo de todo lo que puede pasar, pasa justamente allí.
Un canal, por definición natural, suele ser un pasaje estrecho en los últimos tramos de una corriente de agua. Un pequeño (o a veces no), superficial (a veces también profundo), pasadizo que se forma al azar entre cuerpos de tierra. Su figura, lejos de ser una línea recta que atraviesa de A a B, serpentea según el capricho del tiempo. No obedece a nociones como la eficiencia o la utilidad....