Al Museo Nacional de Colombia le quedaron paredes vacías. Fotografías, afiches y objetos que contaban episodios de la historia política y social del país fueron retirados de sus espacios de exhibición, en una decisión que, según una investigación de La Silla Vacía, habría sido ordenada desde el Ministerio de Cultura. En al menos tres salas, el medio documentó cerca de 30 piezas desmontadas, entre ellas materiales relacionados con las luchas de la población LGBTIQ+, los movimientos feministas, la violencia política contra la Unión Patriótica y el proceso que condujo al Acuerdo de Paz de 2016.
El retiro ocurrió en medio de los anuncios del presidente Abelardo de la Espriella sobre una “contrarrevolución cultural” y una “lucha abierta, decidida y patriótica contra el wokismo”. Para el mandatario, las instituciones culturales no deben promover interpretaciones ideológicas de la historia ni convertirse en escenarios de adoctrinamiento. Desde otra perspectiva, la decisión ha suscitado cuestionamientos sobre la representación de poblaciones históricamente excluidas y sobre los criterios técnicos que orientan las exposiciones de un museo.
En su recorrido por el Museo Nacional, La Silla Vacía encontró que buena parte de los objetos retirados estaban en la sala “Hacer sociedad”, ubicada en el segundo piso. De allí salieron al menos diez piezas relacionadas con la historia de las personas LGBTIQ+ y las reivindicaciones de los movimientos feministas.
Entre ellas estaban una bandera del orgullo gay que perteneció a la activista Elizabeth Castillo; una pieza publicitaria de la marcha LGBT de 2006; un impreso de la Fundación Sí Mujer sobre los derechos reproductivos de las mujeres, y una fotografía de Humberto Rincón Perfetti durante la marcha por la ciudadanía plena LGBT, denominada “Por una Colombia incluyente”.
También fue retirado un ejemplar del segundo número de la revista La Ventana Gay, de Manuel Antonio Velandia y León Zuleta. Este último fue un reconocido activista gay antioqueño asesinado en 1993.
Emma Sabina Franco Montoya, politóloga y docente, consultada por EL COLOMBIANO acerca del impacto de esta medida, expresó: “Entre las implicaciones que esto puede tener, la primera es el querer borrar simbólicamente a poblaciones como la población LGTBIQ+, o incluso los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres que también fueron de alguna forma borrados con las piezas que fueron retiradas”.
La sala tenía un guion curatorial revisado en 2019, durante el gobierno de Iván Duque. Según la información publicada por La Silla Vacía, el documento superaba las 200 páginas y contó con la participación de cuatro comités curatoriales.
El propósito de la exposición, de acuerdo con uno de sus textos descriptivos, era presentar las condiciones históricas de la organización social y política del país, así como los procesos de convivencia, resistencia y reivindicación que han marcado la construcción de la nación.
En ese espacio también fueron desmontados objetos relacionados con la violencia política de finales del siglo XX. Uno de ellos era el afiche de la campaña presidencial de Bernardo Jaramillo Ossa, candidato de la Unión Patriótica asesinado en Bogotá el 22 de marzo de 1990. A su lado estaba el afiche de Carlos Pizarro, excomandante del M-19 que lideró la desmovilización de esa guerrilla y fue asesinado el 26 de abril de 1990. También retiraron un brazalete de la Alianza Democrática M-19.
Franco Montoya, se manifestó sobre las preocupaciones por el retiro de las piezas del Museo Nacional es la desaparición de materiales relacionados con la violencia política contra la Unión Patriótica. A su juicio, estos objetos contribuyen a recordar el exterminio de un movimiento político colombiano, por lo que su retiro plantea interrogantes sobre cómo se preserva y representa esa memoria.
La intervención no se limitó a esos elementos. En la pared denominada “Reivindicación de Nación – De la Constitución de 1991 al Proceso de Paz de 2016” fueron desmontados todos los objetos que estaban expuestos. Entre ellos figuraban el llamado Balígrafo, una pluma elaborada a partir de una bala con la que se firmó el Acuerdo de Paz con las extintas Farc en 2016, y el tarjetón electoral de la Séptima Papeleta, movimiento que impulsó la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991.
En la sala “Memoria y Nación”, por su parte, fueron retiradas casi todas las fotografías del muro dedicado a la diversidad cultural, social y política de Colombia.
El resultado visible, según el recorrido documentado por La Silla Vacía, fueron espacios vacíos y marcas en las paredes donde antes estaban las piezas. Hasta el momento, el Museo Nacional aún no ha confirmado el número exacto de objetos retirados ni dado explicaciones sobre las razones de la decisión.
¿Quién dio la orden?
La investigación de La Silla Vacía atribuyó la ejecución de la orden al secretario general del Ministerio de Cultura, Julián Sterling, a partir de testimonios de fuentes del museo que solicitaron reserva de su identidad por temor a represalias internas.
Según esas fuentes, Sterling llegó al museo acompañado de la directora, Katia González, y ambos habrían seleccionado las piezas que debían retirarse.
Sobre el procedimiento, Emma Sabina Franco Montoya, docente y politóloga, recordó que la selección de las obras de una exposición responde a un proceso curatorial que involucra a equipos técnicos. “Cuando uno conoce cerca el trabajo de un museo, sea cual sea, sabe que existe una curaduría, que existe un proceso para elegir cómo se exponen las obras, por qué esas obras y no otras, que hay unas decisiones que hace todo un equipo completo técnico de acompañamiento artístico”, explicó.
La intervención coincidió con las declaraciones del presidente De la Espriella durante una visita al Ministerio de Cultura, en la que defendió un cambio de orientación para la cartera y anunció una confrontación cultural contra las ideas que considera contrarias a los valores tradicionales.
“Este ministerio debe volver a llamarse Ministerio de Cultura y Patrimonio”, afirmó el mandatario, quien presentó la inclusión de la palabra patrimonio como un golpe contra el “wokismo” y la que llamó “ideologización de la cultura”.
En su discurso, sostuvo que las instituciones culturales del Estado pertenecen a todos los ciudadanos y no deben utilizarse para imponer una doctrina política o una interpretación ideológica de la historia. “Ellos quieren contar la historia como les da la gana y no como la historia ocurrió. Y eso, por supuesto, lo vamos a corregir en este gobierno”, dijo.
De la Espriella también aseguró que el Estado tiene la responsabilidad de conservar y transmitir la herencia cultural de la nación, y defendió la necesidad de proteger el patrimonio sin fragmentarlo. Sin embargo, vinculó esa postura con una ofensiva contra el wokismo, término que utilizó para referirse a una corriente que, según su interpretación, busca transformar los fundamentos morales, culturales y sociales de Occidente.
El mandatario cuestionó, además, la representación de las identidades de género y las lecturas históricas que presentan conflictos entre grupos opresores y oprimidos. En el mismo discurso, afirmó que no permitirá que se promueva el terrorismo y se refirió específicamente a la presencia de Carlos Pizarro en espacios públicos.
“Le he dado instrucciones a la señora ministra para que toda esa oda al terrorismo en la que aparece Pizarro y demás terroristas sea desaparecido de los lugares públicos”, afirmó.
El presidente presentó el retiro de esas piezas como parte de su rechazo a lo que considera una apología al terrorismo y un uso ideológico de la cultura. No obstante, el conjunto de objetos documentado por La Silla Vacía incluye también materiales sobre derechos reproductivos, diversidad sexual, memoria política y el proceso de paz, por lo que la decisión abarca contenidos que van más allá de las referencias al M-19.
“Es curioso que una entidad como el Museo Nacional, que además ha podido resistir tanto tiempo a distintas administraciones de distintos tintes políticos [...] sea tan fácilmente intervenida por la decisión de un presidente”, afirmó la docente Emma Sabina.
Por su parte, la ministra de Cultura, Paola Holguín, defendió recientemente la función del Museo Nacional como institución encargada de conservar, proteger y divulgar el patrimonio del país. En un pronunciamiento sostuvo que su propósito debe ser reflejar “el alma de la Nación” y afirmó que no puede convertirse en un instrumento de adoctrinamiento político ni en un espacio para difundir versiones sesgadas de la historia.
“El Museo Nacional NO puede ser un espacio de apología al delito o revictimización”, señaló Holguín. La ministra agregó que la institución debe respetar los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición.
Holguín también argumentó que el museo debe velar por los derechos fundamentales de los niños, cuya prevalencia está establecida en el artículo 44 de la Constitución, y protegerlos del acceso a material sensible. No obstante, en su pronunciamiento no especificó cuáles de las piezas retiradas considera que podrían afectar esos derechos ni explicó las razones para desmontar cada una.
La ministra indicó, además, que la museología y la curaduría de los distintos espacios a cargo del Ministerio están siendo evaluadas y rediseñadas. Según afirmó, el objetivo es que cumplan la misión de salvaguardar, investigar, conservar y difundir el patrimonio cultural, histórico y artístico de Colombia, y que funcionen como espacios para la memoria, la identidad y la transformación social.
Para Franco Montoya, pasar por encima de los equipos técnicos puede sentar un precedente para futuras intervenciones del Ejecutivo en instituciones culturales. La preocupación, agregó, no se limita al Museo Nacional: una decisión de esta naturaleza podría tener repercusiones en otros espacios dedicados a la memoria y la historia, como el Museo Casa de la Memoria de Medellín. “Hay un riesgo muy fuerte con el hecho de que una orden ministerial se salte por completo el Comité Curatorial del Museo”, dijo Franco Montoya. “Eso lo que genera es un precedente [...] para que este gobierno pueda intervenir otro tipo de instituciones”. agregó.
La denuncia del concejal Andrés Barrios
La discusión sobre el contenido de las salas también tuvo un antecedente político. Días antes del retiro de las piezas, el concejal de Bogotá por el Centro Democrático Andrés Barrios publicó en sus redes sociales una denuncia sobre lo que encontró durante una visita al museo con sus hijas.
En su mensaje, cuestionó la presencia de afiches de campaña de Carlos Pizarro y de relatos sobre el crecimiento de las guerrillas del ELN, las Farc y el M-19. También criticó las vitrinas sobre activismo LGBT y la exhibición de un video que describió como la imagen de un torso cortado y sangrando.
“¿Dónde están los soldados, los policías, los secuestrados y las familias destrozadas por la guerrilla? Eso también es memoria y merece un lugar central”, escribió Barrios. En la misma publicación pidió al presidente y a la ministra que revisaran de inmediato las exposiciones.
Para el concejal, el museo debía contar la historia completa de Colombia y no, según sus palabras, “adoctrinar a nuestros hijos con el libreto del progresismo destructivo”.
Después del retiro de las obras, Barrios celebró la decisión y la vinculó con su denuncia. “La batalla cultural también se libra en los museos”, había advertido en su primera publicación. En la segunda escribió que, a raíz de su denuncia, el presidente había ordenado emprender una lucha contra el wokismo y lo que calificó como apología al terrorismo.
Sus mensajes, al parecer, muestran que la controversia sobre las exposiciones precedió al retiro de las piezas y que el concejal respaldó públicamente la medida.
Las reacciones por el retiro de las piezas del Museo Nacional
El retiro de las piezas también provocó reacciones de figuras políticas y organizaciones sociales. Una de ellas fue María José Pizarro, hija de Carlos Pizarro, quien cuestionó la decisión del presidente De la Espriella de retirar las referencias a su padre de los espacios públicos.
“De La Espriella pretende proscribir la figura y el legado de paz de mi padre. Ha decidido, como en los tiempos del fascismo paramilitar, asesinarlo nuevamente”, afirmó Pizarro. En su pronunciamiento, sostuvo que el excomandante del M-19 representa tanto a quienes se oponen a la tiranía como a quienes decidieron dejar las armas para buscar una salida negociada al conflicto.
La congresista también cuestionó el momento de la decisión y defendió el legado político de su padre. “Y mi padre es un símbolo de quienes en Colombia se levantan contra la tiranía, de quienes no aceptan el oprobio, pero también de quienes son capaces de la audacia máxima en este país: dejar las armas para entregarle una opción de paz y reconciliación a Colombia”, expresó. Cerró su mensaje con una frase atribuida a Carlos Pizarro: “Vamos a responderle a la muerte con vida, a la oscuridad con esperanza y a la guerra con paz”.
Por su parte, Colombia Diversa manifestó su preocupación por el retiro de obras de la sala “Hacer sociedad”, relacionadas con los derechos y las luchas de las personas LGBTIQ+ en Colombia, así como de materiales históricos sobre los procesos de paz.
Juan Daniel Oviedo, exdirector del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) y excandidato presidencial, pidió al Museo Nacional explicar qué piezas fueron retiradas, por qué se tomó esa decisión y cómo se garantizará que esas memorias continúen representadas.
“La historia de las personas #LGBTIQ+ es historia de #Colombia”, escribió Oviedo. También afirmó que “el pluralismo se defiende también en las decisiones del Estado”.
Las reacciones coinciden con algunas de las preocupaciones expresadas por Franco Montoya, quien advirtió sobre el mensaje que el retiro de estos objetos puede transmitir a las comunidades representadas en las exposiciones.
“El mensaje que este tipo de decisiones envía a las distintas comunidades históricamente vulneradas es un borrado simbólico que se traduce en violencia para estas poblaciones”, sostuvo. Según su análisis, la ausencia de materiales sobre las luchas de las personas LGBTIQ+, los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y las víctimas del conflicto armado puede contribuir a invisibilizar sus experiencias y alentar discursos de odio que, en algunos casos, podrían derivar en agresiones físicas.
David Pérez, activista político y LGBTIQ+ consultado por EL COLOMBIANO, también cuestionó el retiro de los símbolos relacionados con la diversidad sexual. A su juicio, la decisión puede contribuir a generar un ambiente hostil hacia estas comunidades y limitar el reconocimiento de sus luchas en los espacios culturales.
“Retirar estos símbolos no solo deja paredes en gris en el Museo Nacional, sino que además intenta, por medio de la batalla cultural que busca Abelardo De la Espriella desde la Presidencia y la ministra de Cultura, Paola Holguín, censurar una parte importante de nuestra historia como país”, afirmó.
Pérez calificó la decisión como “un acto profundamente violento” y sostuvo que retirar estos elementos de los museos no elimina las luchas de las personas diversas, pero sí puede dificultar que otras generaciones conozcan sus experiencias y reivindicaciones.
“Esto no elimina nuestras luchas y derechos, impide que otras generaciones y la sociedad los reconozcan”, señaló. Para el activista, en un país donde las luchas por el reconocimiento y la memoria han tenido un alto costo, este tipo de decisiones debe encender las alarmas.
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