Los hombres que construyen la inteligencia artificial pasaron el fin de semana pidiendo lo mismo, bajarle la velocidad a su propia industria. Pero, este lunes, los mercados respondieron con desplome en las acciones de las empresas de este sector.
Ante este panorama, Sam Altman, presidente ejecutivo de OpenAI, confirmó que la empresa creadora de ChatGPT no saldrá a bolsa en 2026. Su razón fue de seguridad, mas no financiera. “Sería un momento poco aconsejable para salir al mercado bursátil”, dijo.
Horas antes, Altman había respaldado una propuesta de Anthropic para que las compañías del sector frenaran el desarrollo de sus modelos mientras la regulación y los protocolos de seguridad se ponen al día.
Con esa frase se cayó la que Wall Street daba por hecha como la mayor oferta pública inicial de la historia.
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Qué dijo Sam Altman sobre la salida a bolsa de OpenAI
En una entrevista con Alyson Shontell, de la revista Fortune, Altman explicó que OpenAI necesita margen para tomar decisiones que no siempre convienen a un accionista. Entre ellas, “pausar” el desarrollo acelerado de la IA para conseguir “mayores avances en seguridad y alineación”.
“Yo diría que no en 2026”, respondió cuando le preguntaron por la fecha. “Tenemos mucho trabajo por delante y, como afrontar este momento en lo que respecta a lo que se requerirá en materia de seguridad y coordinación, y cómo la industria y los gobiernos van a colaborar, me complace poder hacerlo como empresa privada”.
La compañía, insistió, no siente apuro. “Lo hemos dicho desde hace mucho tiempo: lo haremos cuando estemos listos”.
Además, en un memorando interno enviado al personal de OpenAI durante el verano, Altman anticipó que cuanto más se acerque la empresa a la auto-mejora recursiva, la capacidad de una IA para crear nueva IA por sí misma, más lejos quedará la bolsa.
El argumento del directivo es que “la tecnología y el mundo pueden cambiar de maneras sorprendentes, y podría haber buenas razones para seguir siendo una empresa privada durante ese tiempo”.
Es decir, una empresa que cotiza tiene que rendirle cuentas cada trimestre a sus inversionistas. Una empresa privada puede apagar la máquina sin pedirle permiso a nadie.
La carta de Dario Amodei que encendió la mecha
Asimismo, el pasado sábado, Dario Amodei, cofundador y presidente ejecutivo de Anthropic, publicó en la web de la compañía una carta abierta que sacudió a la industria. “Debemos ralentizar el ritmo en el que mejoramos las capacidades de los modelos de IA”, escribió, citando riesgos de desalineación, cuando un sistema actúa de forma distinta a las intenciones de sus creadores, e incidentes de seguridad.
Amodei contó que en los últimos meses se convenció de que el problema exige “más prudencia”. Invertir en prevención ya no le parece suficiente, entonces, hay que dosificar los avances.
“Mi principal preocupación es que, desde este verano, la IA ha avanzado a un ritmo vertiginoso, impulsada principalmente por su creciente capacidad para crear la próxima generación de IA. Esta dinámica se denomina auto-mejora recursiva y está empezando a manifestarse en toda la industria, incluyendo Anthropic, como ya hemos descrito nosotros y otros. Si no se controla, podría superar nuestra capacidad de comprender y controlar estos sistemas, por lo que debe abordarse con suma cautela, si es que se aborda”, dice la carta.
Anthropic anunció nuevas salvaguardas y en ese orden OpenAI se sumó y aceptó abrir sus modelos a la supervisión de evaluadores externos. “Estoy de acuerdo con Dario en que necesitamos moderar el ritmo de la frontera. Este ha sido un tema principal de las discusiones que hemos tenido en OpenAI en las últimas semanas. Comprometernos a tener evaluadores independientes con acceso similar al de los empleados es una gran idea, y haremos lo mismo. Pronto tendremos más que compartir”, escribió Altman en redes sociales.
Elon Musk, de xAI, fue más breve y dijo: “Dario tiene razón en que debería haber cierta supervisión. La revisión por pares de la IA por parte de competidores es la forma correcta de empezar esto”.
El detonante sucedió el miércoles 9 de septiembre cuando renunció Jacob Coxon, investigador de Anthropic que también trabajó en OpenAI. Al salir, escribió que quienes desarrollan herramientas de superinteligencia “creen firmemente que podría acabar con todos nosotros antes de que termine la década” y acusó a los laboratorios de vanguardia de “jugar con nuestras vidas”.
Su renuncia desató una ola de testimonios. Por ejemplo, Evan Hubinger, empleado de Anthropic, respaldó las advertencias y estimó en más del 10% la probabilidad de extinción humana por una IA no alineada en los próximos diez años.
Cómo cayeron las bolsas: de Seúl a Nueva York
Tras esta polémica, este lunes 14 de septiembre, los operadores hicieron sus cuentas y tuvieron en cuenta que frenar la IA significa frenar el gasto de capital que sostiene al sector de los semiconductores, cientos de miles de millones de dólares al año.
Por ejemplo, en Asia, SoftBank, accionista de OpenAI, se llevó el golpe más duro, se desplomó 10,72% en Tokio, su mayor caída en casi tres meses. Por otro lado, Kospi de Seúl: -3,25%. Kosdaq tecnológico: -1,70%. Samsung Electronics: -4,05%. SK Hynix: -6,35%. Nikkei japonés: -0,6%. Bolsa de Shanghái: -0,1%.
Otras japonesas también estuvieron en rojo como Kioxia (-6,37%), Resonac (-5,98%) y Fujikura (-2,97%). Asimismo, la Bolsa de Taipéi: -0,70%, con TSMC (-1,24%), Foxconn (-3,90%) y MediaTek (-0,55%). La excepción fue Hong Kong, que subió 2,5%.
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Por otro lado, los índices europeos abrieron con caídas. A media jornada de este lunes, el Ibex 35 español cedía 0,82% hasta 19.676,70 puntos, con Solaria (-7,03%) y ACS (-5,39%) al frente de los descensos.
El Cac 40 francés retrocedía 0,79%, el Dax alemán 0,68%, el FTSE MIB italiano 1,24% y el Euro Stoxx 50 1,11%. El Stoxx 600 perdía 0,1%. Solo el FTSE 100 británico subía, 0,54%.
En las tecnológicas del continente, la neerlandesa ASML, que fabrica las máquinas con las que se hacen los chips, caía cerca de 6%. La finlandesa Nokia perdía 8% y la alemana Siemens 2%.
En cuanto a Estados Unidos, en la apertura en Nueva York, los futuros del Nasdaq 100 se hundían 1,6% y los del S&P 500 bajaban 0,7%. Un fondo cotizado que sigue a las principales acciones de chips caía 4,6%.
Nvidia, la empresa más valiosa del mundo, marcaba -2,5% en operaciones previas. Junto a ella, Intel (-6%), Micron (-5,31%), Qualcomm (-4,5%), Oracle (-3,85%) y Broadcom (-3,25%).
Las grandes plataformas aguantaron mejor, pese a su apuesta por la IA, por ejemplo, Apple (+0,48%), Meta (+2,51%), Microsoft (+0,28%) y Amazon (-0,4%).
“Hubo algo de exuberancia irracional a mediados del verano que se ha ido deshaciendo”, dijo Chris Armstrong, de Berenberg. Y agregó: “Creo que este es otro episodio que está reduciendo las expectativas”.
La salida a bolsa que Wall Street daba por hecha
Hasta el viernes, la banca de inversión tenía otro guion. OpenAI dio en 2025 los primeros pasos formales para pasar de su gobierno sin ánimo de lucro a una Corporación de Beneficio Público. Medios como The Wall Street Journal informaron de que la empresa preparaba el terreno para una cotización en el cuarto trimestre de 2026.
Su valoración implícita superó los US$500.000 millones a finales de 2025 y los banqueros empezaron a proyectar en voz alta un debut de US$1 billón. En primavera, Anthropic presentó de forma confidencial su solicitud de salida a bolsa. Con SpaceX ocupando titulares, los analistas bautizaron el año como una “carrera de salidas a bolsa”.
Asimismo, OpenAI tenía que listarse en 2026 para capturar la máxima liquidez antes de que se enfriara el entusiasmo. La plataforma de apuestas Polymarket llegó a darle más del 60% de probabilidad a una salida antes de fin de año. Tras el anuncio del sábado, esa probabilidad quedó en 4%.
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Geopolítica: China, Trump y la carrera por la IA
Amodei reconoció el mayor riesgo de su propia propuesta, que China tome la delantera, algo que calificó como “un grave peligro para Estados Unidos y el mundo”. Su fórmula es un punto medio, con las empresas estadounidenses adelante pero sin una carrera desbocada, y con límites al comercio de tecnología de IA con el gigante asiático.
Pekín respondió rápido y dijo: “La incitación al miedo, la confrontación y la competencia feroz solo perturbarán el proceso de gobernanza global de la IA, lo cual no beneficia a nadie”, declaró un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, que desestimó las advertencias como alarmismo.
Por su parte, el presidente Donald Trump tampoco compró la idea. “Podemos establecer salvaguardas, podemos hacer esto y aquello, pero creo que hay muchas fuerzas negativas planteando el tema —cuando no deberían hacerlo— y sacando a relucir cosas que no van a suceder. Pero quien gana en IA, gana”, dijo.
Ahí queda la duda que mueve los precios, según los operadores del mercado financiero, hasta dónde están dispuestos a frenar de verdad unos laboratorios que compiten entre sí y contra China.
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