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A 25 años del 11-S, Nueva York tiene dos deudas: el estigma contra los musulmanes y el aire tóxico

La alcaldía de Zohran Mamdani divulgó miles de documentos sobre la exposición tóxica en la Zona Cero, mientras la comunidad musulmana neoyorquina reconstruye su lugar en la ciudad tras dos décadas de vigilancia y sospecha.

  • El 11 de septiembre de 2026 se conmemorará el 25 aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001, que causaron la muerte de casi 3000 personas en Nueva York, Washington y Pensilvania. Foto: AFP
    El 11 de septiembre de 2026 se conmemorará el 25 aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001, que causaron la muerte de casi 3000 personas en Nueva York, Washington y Pensilvania. Foto: AFP
08 de septiembre de 2026
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A 25 años del 11-S, dos hechos recientes en Nueva York explican por qué la ciudad aún cierra heridas: musulmanes y aire tóxico. El primero tiene que ver con la comunidad islámica, que denuncia haber cargado durante dos décadas con una sospecha colectiva por los atentados que no cometió. El segundo es la publicación, este martes, de más de 170.000 páginas de documentos municipales que, según la alcaldía, muestran que las autoridades ocultaron durante años lo que sabían sobre la toxicidad del aire alrededor de las Torres Gemelas.

Los musulmanes denunciaron entonces un aumento de agresiones y acoso en espacios públicos, y algunos dejaron de usar signos visibles de su religión, como el hiyab, para evitar señalarse. En paralelo, las autoridades estadounidenses obligaron a miles de hombres y niños musulmanes a registrarse ante el gobierno bajo programas de control migratorio surgidos tras el 11-S, un proceso que terminó en la deportación de muchos de ellos, en lo que varios de los consultados por la AFP describen como una época de terror generalizado dentro de sus comunidades.

Asad Dandia tenía ocho años cuando vio por televisión, en la casa de sus padres inmigrantes paquistaníes, cómo dos aviones secuestrados se estrellaban contra el World Trade Center. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 dejaron cerca de 3.000 muertos y, según cuenta hoy a la agencia AFP, marcaron el inicio de años de islamofobia para millones de musulmanes en el país. A los 19 años, Dandia fue vigilado por un informante de la Policía de Nueva York (NYPD) que se hizo pasar por amigo suyo durante siete meses para infiltrarse en su comunidad, dentro de un programa que buscaba detectar extremismo islámico sin que mediaran, en muchos casos, indicios de delito alguno.

«Mi relación con el mundo que me rodeaba cambió bajo mis pies», recuerda Dandia sobre el momento en que descubrió la identidad real de quien creía su amigo. Junto con organizaciones de derechos civiles, logró un acuerdo legal que restringió al NYPD la implementación de programas de vigilancia similares y creó un organismo de supervisión para controlar al departamento. Hoy, convertido en historiador de 33 años, dirige recorridos a pie por los barrios musulmanes de la ciudad y sostiene que no es responsable de lo ocurrido en 2001, aunque reconoce que la islamofobia no ha desaparecido del todo.

El paquistaní Mohammed Razvi, quien fundó una organización sin ánimo de lucro para apoyar a los musulmanes de Nueva York tras los ataques, recuerda que «todo el mundo estaba aterrorizado» en esos primeros años, y cuenta que él mismo empezó a usar un apodo en inglés para evitar el estigma que despertaba su nombre completo. Según Gadier Abbas, abogado del Consejo de Relaciones Americano-Islámicas, el programa de vigilancia del NYPD fue la expresión más clara de la histeria antimusulmana que siguió a los atentados, aunque hoy considera que la comunidad vive un momento de mayor esperanza.

Esa transformación tiene, además, un símbolo político concreto: Zohran Mamdani, primer alcalde musulmán de Nueva York, juramentó su cargo con la mano sobre el Corán y se ha convertido en una figura visible de la izquierda estadounidense. Su defensa de los derechos palestinos, sin embargo, ha generado tensiones con algunas familias de víctimas del 11-S, que han pedido que no asista este año al acto conmemorativo en la ciudad, mientras que otras familias sí respaldan su presencia. Nueva York construirá pronto la mezquita más grande del estado, una de más de cien levantadas en la ciudad desde 2001, en momentos en que la comunidad musulmana, que representa cerca del 9 % de la población neoyorquina, se consolida como una fuerza cultural y política creciente.

El propio Mamdani protagonizó, este mismo martes, el segundo hecho que marca la antesala del aniversario: la publicación de miles de documentos que, según su administración, prueban que la ciudad ocultó información sobre el aire tóxico que se respiró alrededor de la Zona Cero tras el derrumbe de las Torres Gemelas. Más de 9.400 personas habrían muerto desde entonces por enfermedades asociadas a esa exposición, de acuerdo con un programa federal de vigilancia médica citado por la AFP.

«Son documentos que muestran lo que la ciudad sabía sobre el aire tóxico alrededor de la Zona Cero, cuándo lo supo y cómo actuó para limitar su responsabilidad», afirmó Mamdani en una rueda de prensa. La divulgación, que suma más de 170.000 páginas sobre salud, calidad del aire y la respuesta oficial a los atentados, se produjo en el marco de un acuerdo con 9/11 Health Watch, una organización de defensa de las víctimas que había litigado para forzar su publicación. El director de ese grupo, Benjamin Chevat, sostuvo en un comunicado que cuatro administraciones municipales distintas habrían ocultado esa información al público, al Congreso y al Concejo de la ciudad, mientras funcionarios aseguraban que el aire era seguro.

Los documentos podrían comprometer a dos exalcaldes: Rudy Giuliani, en el cargo durante los atentados, y Michael Bloomberg, quien lo sucedió entre 2002 y 2013. Según el principal asesor jurídico de la ciudad, Steven Banks, algunos de los archivos recogen debates internos de la administración Giuliani sobre su responsabilidad legal y los riesgos sanitarios de la zona, mientras que otro material documenta advertencias que el entonces congresista Jerry Nadler habría trasladado a la alcaldía de Bloomberg sobre la calidad del aire que respiraban los residentes del bajo Manhattan. Ni el equipo de Giuliani ni el de Bloomberg respondieron a las solicitudes de comentarios de la AFP.

Veinticinco años después de los atentados, ambas historias —la de una comunidad que reclama su lugar en la ciudad que ayudó a construir y la de miles de neoyorquinos que enfermaron por un aire que las autoridades habrían sabido peligroso— retratan una misma tensión de fondo: la manera en que Nueva York procesa, todavía hoy, las consecuencias de aquel día de septiembre de 2001.

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