Mucho antes de ser agente inmobiliario, Santiago ya había descubierto que vender era parte de su esencia. En el colegio ofrecía chicles, discos, trabajos e incluso lasañas para sus compañeros.
Con el tiempo esa habilidad se convirtió en una carrera de más de 15 años en el sector financiero, donde pasó por la banca, el mercado de valores y las fiduciarias, aprendiendo a analizar inversiones y a entender el verdadero valor de los negocios.
Sin embargo, un accidente de moto cambió el rumbo de su vida. Durante los dos meses de incapacidad tuvo el tiempo para cuestionar si quería seguir en el mundo corporativo o construir una vida con mayor libertad. Esa pausa lo llevó a crear una agencia de marketing digital y poco después a descubrir el sector inmobiliario, donde encontró la oportunidad de unir su experiencia financiera con su vocación de servicio.
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Su primer negocio llegó unas horas después de publicar un video de un apartamento. Desde entonces ha entendido que detrás de cada cliente hay historias, expectativas y proyectos de vida. “Mi trabajo no es pensar primero en el inmueble, sino escuchar a la persona, entender su momento y acompañarla para que tome la mejor decisión”, sostiene.