Estar en situación de discapacidad o ser parte de la comunidad LGTBIQ+ no reduce el talento y la eficiencia de una persona. Historias que inspiran y nos conectan con la inclusión.
Desde muy pequeños, la palabra “no” fue una barrera entre lo que deseaban hacer y lo que las personas les permitían explorar en su entorno. Fue una lucha constante para demostrar que, pese a los estereotipos e imaginarios nocivos, tenían las mismas ganas de superarse que sus demás compañeros en la escuela, el colegio, la universidad y el trabajo.
Cuando Sara Herrera nació, sus padres se vieron inmersos en un torbellino de emociones. Conscientes de la propia condición de discapacidad de su hija, nacida con síndrome de down, y preocupados por cómo manejar dos situaciones de discapacidad en la familia, se enfrentaron a un torrente de incertidumbre. Daniel, entonces con 16 años y habiendo experimentado desde su nacimiento parálisis cerebral, también se vio afectado por el miedo y la preocupación por su hermana.
No fue hasta que Sara tenía cuatro meses de edad que toda su familia pudo conocerla. El nacimiento de ella estuvo marcado por complicaciones, y sus primeros días de vida los pasó en cuidados intensivos tras someterse a una cirugía a corazón abierto. Este acontecimiento marcó el inicio de un viaje lleno de desafíos y aprendizajes para toda la familia.
Un ejemplo de superación
Sara es la menor de tres hermanos, con Daniel como el mayor (38 años) y Felipe, un ingeniero mecánico de 34 años que reside en México, como el hermano del medio. Ante el desafío de tener dos hijos con discapacidad, Gabriela Reginato, su madre, optó por emprender un camino de formación en educación inclusiva en Canadá y Argentina, con el propósito de mejorar el bienestar en su hogar.
Sara siempre ha sentido una fuerte inclinación por ayudar a los demás. Desde niña, su sueño era estudiar medicina, pero con el tiempo descubrió que la docencia era su verdadera pasión. Inspirada por su madre, quien es catedrática, y su hermano mayor, que es ingeniero industrial, decidió seguir un camino en pedagogía y academia.
A pesar de las dudas de otras personas, su madre siempre creyó en que Sara podía prepararse al mismo nivel que otros niños en colegios convencionales. Gracias a la buena relación de su familia con los directivos del colegio Gimnasio Los Portales, en Suba, Bogotá, Sara pudo estudiar allí y graduarse, contando con el apoyo de un maestro acompañante que le brindó la orientación necesaria.
Mientras recibía educación en esta institución, su madre se enfrentaba al desafío de desglosar los contenidos vistos en clase para que Sara pudiera comprender mejor las temáticas. Posteriormente, estudió pedagogía. Con la ayuda de su madre, una tía y otros tutores, diseñaron un programa personalizado para que, al concluir su bachillerato, pudiera estudiar en un programa adaptado a sus necesidades en lugar de ir a la universidad.
Para hacer que esta formación fuera más efectiva, la familia decidió mudarse a Villa de Leyva, Boyacá, un municipio tranquilo y propicio para que la menor de los hermanos, recibiera la educación que necesitaba. Después de completar sus estudios, la familia vio la oportunidad de que Sara aplicara sus conocimientos en el colegio El Taller Montessori, en dicho municipio.
Aunque con temores, pero orgullosos de su superación, sus familiares le brindaron palabras de apoyo a Sara para que asumiera este nuevo reto en su vida académica y profesional. Sin embargo, siendo conscientes de que aún era prematuro dejarla sola en este proceso, su madre destinó un equipo de apoyo para ayudar a preparar y orientar los cursos que ella impartiría en esta institución.
Actualmente, esta joven trabaja en el colegio El Taller Montessori, en Villa de Leyva, donde lleva desempeñándose como asistente de preescolar y profesora de arte durante los últimos 5 meses. Desde la institución, confían plenamente en las habilidades de Sara para ejercer su rol, lo que también abre la puerta hacia la educación inclusiva. “Mi trabajo me llena de orgullo y satisfacción, me da una enorme felicidad y los alumnos me quieren muchísimo”, expresó esta docente.
Sus alumnos ven en Sara una persona con capacidades, sensibilidad y vocación. En cada clase, llega preparada gracias a su equipo de colaboradores, poniendo en marcha las temáticas sin contratiempos. Desde su familia, se sienten muy orgullosos de ella, pues ha encontrado un empleo en el que se siente útil, cuidando niños y sintiéndose plena.
Esta historia marca un hito en la posibilidad de que más organizaciones se sumen a fomentar la inclusión laboral de personas con discapacidad. Según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, solo el 24,2 % de la población con discapacidad se encuentra laborando actualmente.
Dóminic, un talento único en Bancolombia
Dóminic García, es un jóven transexual de 23 años, que manifiestó con orgullo que trabajar en Bancolombia es lo mejor que le ha pasado en la vida. Su llegada a la organización fue a principios del 2023 como aprendiz técnico, y luego de un ciclo de prácticas exitoso, en enero de 2024, aplicó a una vacante. Fue seleccionado como auxiliar del departamento en la Dirección de Relacionamiento Humano y hoy es empleado de esa organización.
Él, que se ha sentido parte de un equipo y ve la apertura a la diversidad dentro de una organización, que se pensaría hermética frente a estos temas, manifestó la importancia del proceso. Sus compañeros se interesaron en conocer las personas de su comunidad, las diferentes identidades y orientación sexuales que existen, creando empatía y respeto frente a estos temas. Así mismo, llamó la atención sobre empresas que todavía tienen el tabú sobre integrantes de la comunidad LGTBIQ+, pues se están perdiendo profesionales talentosos, que pueden brindar un conocimiento y experiencia con mayor apertura.
“Anteriormente yo decía que quería ser parte de Bancolombia, porque es una gran organización, muy importante para el país, pero como normal... Hoy, en lo personal, digo que yo amo ser parte de Bancolombia, porque puedo ser yo. No siento miedo, ni soy juzgado o amenazado y gracias a todo esto soy completamente feliz”, expresó con emoción, Dóminic.
Apoyar la diversidad
Historias como la de los hermanos Herrera y Dóminic ofrecen un aliento ante un panorama que no es favorable en materia de empleo para personas diversas y con discapacidad física y cognitiva. A pesar de los avances en Colombia, en términos de cierre de brechas en empleabilidad juvenil, inclusión y diversidad en las empresas, aún queda mucho por hacer.
Hay organizaciones que han reconocido los beneficios de tener a personas con discapacidad en sus equipos, lo que ofrece un ambiente más alentador para el futuro. De acuerdo con un estudio de McKinsey & Company, las organizaciones que apuestan por la inclusión y la diversidad tienen un 93 % más de probabilidad de lograr resultados financieros superiores al promedio.
Por esta razón, Paola Franco, directora de Educación y Empleabilidad en Disruptia, señaló que las empresas deberían generar procesos de selección más inclusivos. “Los entes deberían centrarse en las cualidades y no en las características de las personas, que al fin y al cabo son lo que las hace distintas. No importa de dónde venga ni quién sea o que discapacidad tenga, solo que con su conocimiento y destreza resuelva lo que el empleador está buscando”, argumentó.
Y concluyó, que muchos empresarios buscan cumplir con cuotas de diversidad como un compromiso, sin entender su propósito. Estas estrategias terminan siendo como un requisito del contrato de aprendizaje, el cual en la mayoría de los casos, el estudiante finaliza sus prácticas y no tiene la oportunidad de continuar laborando en la entidad.
*Contenido en colaboración con USAID y ACDI/VOCA