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Uribe no va a cargar a nadie

  • Carlos Andrés Pérez | Carlos Andrés Pérez
    Carlos Andrés Pérez | Carlos Andrés Pérez
06 de agosto de 2010
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Cuando a las tres de la tarde de hoy, Álvaro Uribe pueda participar en política a favor de candidatos, muchos aspirantes a los cargos de elección popular del próximo año contarán con que sus campañas ya llevan ventaja y que sólo es cuestión de dejar que el ahora ex mandatario descanse unos días para pedirle que sirva de viento de cola a sus deseos. Con Uribe como jefe de campaña recorriendo municipios e impulsando candidaturas, la mitad del trabajo estará hecho. ¿Quién podría ganarle a un presidente que sale con 80% de respaldo a su gestión?

Con lo que no cuentan esos candidatos, es que o bien Uribe podría no interesarse en cargar campañas, o la fuerza de su viento no será transferible como no lo fue en Bogotá (Lozano, 2003 y Peñalosa, 2007). El caso de Juan Manuel Santos es diferente: el nuevo presidente tenía vuelo propio y contaba con una cosecha de éxitos que se encargó de mostrar permanentemente. Si los colombianos hubieran tomado la decisión de elegir un sucesor solamente por darle gusto a Uribe, quien se estuviera posesionando hoy sería Andrés Felipe Arias.

Dirán algunos que con lo bien que le ha ido al Partido de la U se demuestra que todo lo que huela a Uribe gana sólo por esa condición, y que hay ejemplos de partidos personalistas que siguieron arrastrando el éxito de sus fundadores, como el peronismo en Argentina. Sin embargo, a diferencia de Perón, Uribe no formó a la U ni la hizo propia inscribiéndose por ella para su reelección, ni tampoco es del estilo de nuestro presidente promover liderazgos en cabeza de otros.

Perón, con sus propias manos, hizo al que después se llamó Partido Justicialista y se arropó con sus banderas; y mientras se mantuvo el vínculo creado por el ex jefe de Estado argentino, esa colectividad barrió. Cuando se dividió en grupos de intereses particulares como el de Menem y el de Kirchner se hizo evidente su declive. La U por su parte es una asociación electoral exitosa de políticos, quienes si tuvieran que elegir entre Uribe y Santos, escogerían al segundo, porque tiene el poder. La pregunta entonces es ¿hasta qué punto Uribe irá a echarse al hombro solamente al Partido de la U, si no lo hizo antes?

Para las elecciones de 2011 el desde hoy ex presidente estará dispuesto a grabar cuñas de candidatos afines si así se lo piden, pero esa estrategia que le funcionó primero a Gina Parody en 2002 y después a otros, ya no tiene la novedad necesaria para atraer, porque además cada vez son más los que se toman fotos y sacan cuñas con la voz del mandatario.

Uribe ha dicho que quiere dedicarse a ser un buen ex presidente y eso implica pisar los menos callos posibles. El otro año no habrá consenso entre los uribistas (no es que sea ave de mal agüero, pero no lo hubo en 2002, 2006, 2007 ni 2010) y Uribe ha sido pragmáticamente respetuoso de todos los partidos que fueron de su coalición: no intervendrá, entonces, mientras haya una sola división; o si lo hace mantendrá palabras generosas para los uribistas disidentes, un gesto que confundirá al electorado.

Si algo caracteriza al mandatario saliente es calcular sus pasos antes de darlos. Desgastarse en campañas que lo expongan a mostrar que en este tipo de elecciones si no se está metido completamente no se pueden endosar votos, no es un paso que Álvaro Uribe -el mejor político colombiano en muchos años- estará dispuesto a dar.

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