Hace 20 años en Medellín requerían instrumentadores quirúrgicos. Por eso muchos profesionales de Santander decidieron venir a tierra paisa y buscar futuro. José Luis Serrano y Robert Silva, el primero bumangués y el segundo de García Rovira, llegaron y encontraron trabajo, pero pronto José Luis, más conocido como Cheo, sintió que lo suyo no era el escalpelo sino el cuchillo y menos los fórceps, pero si las pinzas de cocina.
Abandonó la carrera e invitó a Robert para que juntos montaran un restaurante en Santa Elena, La Barbacoa de Cheo. Para conocer el sitio, éste viaje lo recomiendo así: puede comenzarlo a las 11:00 de la mañana. Tome la ruta al oriente por Ayacucho y como entrada pare a comer chinchulines donde El Mocho.
Hace 30 años Wilmar Quiroz, un mellizo, prepara junto a su hermano John Fredy, la famosa chunchurria de Buenos Aires. Están a una cuadra de la iglesia del barrio. Tienen de 2, 3, 4 y 5 mil pesos. ¿Barato, o no? Siga la ruta, disfrute del paisaje. Llegue al parque de Santa Elena. Entre a la Barbacoa de Cheo, primero pregunte por la sangría, es exquisita. Luego averigüe por las dos cartas. Una es la de diario. Cortes extraordinarios, jugosos y tiernos. La otra es la semanal.
A veces pastas hechas en casa, otras veces sobrebarriga, preparada por expertos santandereanos, con hogao y esa fantástica yuca, que entre ellos y los llaneros disputan codo a codo por el primer lugar de sabor y ternura. Otros días, la suprema de pollo rellena o el salmón primaveral acompañado con verduras de los campesinos de las veredas y adornado con flores lugareñas. El regreso puede hacerlo por la vereda Pantanillo para que salga a Las Palmas. Cómprese unas empanadas en la vera del camino, unas tortas de chócolo en Arepas Ricas a dos cuadras del mall Carabanchel o si siente plena satisfacción sólo disfrute del bello paisaje del oriente.