Desde El Picacho se ve Medellín como si fuera una gran ventana. Y desde la esquina de la Corporación Picacho con Futuro se ven las oportunidades. Ella es como esa mano que está ahí, lista para apretar duro y lograr que los sueños para la comunidad no sean tan lejanos.
Aunque su historia puede empezar a finales de los 80, como parte de la organización comunitaria que se dio en ese entonces para responder a los problemas del proceso de poblamiento, el nombre llegó en 1994. Antes, cuando tuvieron la personería jurídica, se llamaron Centro Comunitario de Capacitación.
En principio era más para desarrollar acueductos, atención a las madres en embarazo y comunitarias, cooperativas. Después de tantos años el espectro es más amplio: procesos sociales, culturales y educativos.
"Nuestra organización tiene una característica: es de segundo grado. Quiere decir que aglutinamos a una cantidad de organizaciones y a partir de ello logramos generar mayores transformaciones si lo hacemos de manera conjunta", expresa Juan Carlos Tabares, director ejecutivo.
Su máxima es clara y exacta: si lo hacen juntos pueden lograr más cosas. La corporación nace con el propósito de generar desarrollo integral en su comuna, la 6, a través de la organización y la participación en comunidad.
Trabajan entonces a través de una serie de proyectos, entre los cuales están los trabajos con poblaciones que tienen una actividad puntual a desarrollar, para convertirla en organización.
"Por decir algo -cuenta Juan Carlos - un grupo juvenil que se está formando, nosotros lo acompañamos, lo apoyamos, hacemos talleres de planeación y evaluación. También buscamos fortalecer los proyectos de vida individuales, porque nos hemos dado cuenta de que hay que trabajar con el sujeto, luego con el grupo y después con la comunidad, para que también ganen legitimidad en el territorio".
Ahí es donde está el hecho de que aglutinen organizaciones. Le dan la mano a los que quieran pintar grafitis, bailar break dance, desarrollar proyectos de televisión y hasta economía, si es el caso.
Un sueño de todos
Jéfferson Henao hace parte de la chirimía, que nació hace unos siete u ocho años. La verdad es que no se acuerda de la fundación, porque él lleva seis y no le tocó. Ahora es el más viejo, no en edad sino en ser parte de ese grupo que ensaya todos los domingos unas tres o cuatro horas y que le trabaja al tema folclórico.
"La corporación nos ayuda en el sostenimiento de la chirimía y gestión de instrumentos, también para presentaciones y nos presta el lugar para ensayar", cuenta este joven de 16 años.
Teniendo claro que uno de los principios de Picacho con Futuro no es el carácter asistencialista. "No estamos extendiendo la mano para que nos den una limosna, sino que somos una organización que a partir de sus capacidades desarrolla iniciativas y que lo que busca es socios", comenta el director.
Trabajan para conseguir los recursos y poder construir tejido social. Juan Carlos señala que ello es, precisamente, la gran estrategia para combatir el tema de la pobreza, la inequidad y la violencia.
El conflicto también los ha tocado, pero ha sido un reto. "El tejido social es lo que nos ha permitido pararnos y decirles a estos actores armados que hemos trabajado por los niños, las familias, las mujeres, los hombres, y nos mantenemos en esa lógica de trabajar juntos. Eso ha generado que se encuentren con una comunidad preparada para defender sus derechos y discutir frente al tema".
Solo en la sede, ahí en el Picacho, se ve la actividad. Los niños están en la ludoteca y hay señores que vienen y van, mientras algunos se dedican a navegar en internet en esa sala que es para aprender y divertirse.
Jéfferson da el ejemplo con su música: "La chirimía es importante por la participación, por un gusto, no por hacerlo como hobby, ni por un bien lucrativo. Eso ayuda a la comunidad porque desde el arte se le están 'robando' personas a la violencia. Creando gente no violenta".
Entonces encuentran que el futuro tiene un Picacho que le apuesta al desarrollo local, siempre y cuando, esté ese mundo del arte, de la educación y de la comunidad. "Tenemos la convicción -concluye Juan Carlos- que la transformación de la ciudad se debe a la organización comunitaria y social".
En el piso los colores de pintura se mezclan. Señal de que hay movimiento. Entre todos, pintar a su gente y a su comunidad resulta una apuesta que están dispuestos a hacer.
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