Un panorama económico muy distinto al que se había previsto para el fin de año es el que estamos viviendo hoy los colombianos. Ni siquiera el Gobierno podía anticipar los cambios tan importantes que se están dando en dos de las variables más críticas para la economía y las finanzas públicas, como son el precio del petróleo y del dólar.
De hecho, los precios promedios utilizados para estas dos variables -US$ 98 por barril de petróleo y de $1.956 por dólar- en el Presupuesto General de la Nación 2015, aprobado recientemente por el Congreso, distan mucho de los último precios de cierre, US$85 y $2.065, respectivamente. De mantenerse esta tendencia habría un fuerte impacto sobre los requerimientos de financiamiento del Gobierno central para el año entrante, y por supuesto sobre la reforma tributaria.
Es decir, que si con los supuestos de precios utilizados en el Presupuesto, el faltante era de $12,5 billones, ahora con los nuevos precios, especialmente el del petróleo, la probabilidad de que sea superior es muy alta. ¿Cuánto más? Pues bien, esto es precisamente lo que debe estar calculando el Gobierno, y lo que además debe tener al ministro de Hacienda muy preocupado.
Lo difícil de este escenario, sin embargo, es que para nadie es claro, ni siquiera para los analistas más versados, el porqué de la caída tan abrupta, de US$28, en el precio del petróleo en tan solo cuatro meses. Mientras que para algunos se trata de una reducción de la demanda por cuenta del menor crecimiento previsto para la economía mundial en 2014, así como de los múltiples problemas geopolíticos, para otros es un tema más estructural, relacionado con el aumento de la producción de Estados Unidos, superior en 13 % a la de 2013, y 56 % a la de 2011.
El dólar, por su parte, se ha fortalecido en los últimos meses frente a la mayoría de monedas, y es muy probable que se mantenga así, mientras dure la incertidumbre. El comportamiento de los mercados en esta última semana en el mundo entero fue contundente. El dólar es nuevamente la alternativa preferida de los inversionistas que le huyen al riesgo.
En el entretanto, Colombia tiene que tomar decisiones. Se enfrenta no solo a una producción interna de petróleo menor a la prevista, sino a unos precios internacionales del crudo también inferiores a los previstos.
De mantenerse este escenario, como posiblemente sea el caso, los recursos que el Gobierno tiene previsto recaudar para cubrir el faltante de los $12,5 billones con la reforma tributaria presentada al Congreso, ya no serían suficientes.
Bajo este contexto, y ya que sería absurdo siquiera pensar en la posibilidad de seguir utilizando impuestos antitécnicos –impuesto a la riqueza, 4X1000- para conseguir más recursos, la mejor alternativa sería que el Gobierno se decida por una reforma tributaria más integral, enfocada en la competitividad y la equidad.
Una reforma que corrija, de una vez por todas, las distorsiones e inequidades existentes en el sistema tributario actual y que, a diferencia de la que cursa en el Congreso, no vaya en contravía del ahorro y la inversión. Una reforma así contaría con todo el respaldo del sector privado que busca reglas claras y estables para invertir y operar en Colombia.
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