Inversamente proporcional al desarrollo de nuevos fármacos, es el crecimiento de la lista de medicamentos incluidos en el POS.
Mientras los colombianos hacemos largas filas para reclamar dólex, acetaminofén e ibuprofeno, las multinacionales hacen enormes inversiones en proyectos de investigación y desarrollo de nuevos medicamentos.
En una encuesta realizada por Deloitte a dirigentes de las principales casas farmacéuticas del mundo, más del 52 % de los encuestados cree que para 2010 la principal fuente de ingresos para sus compañías será la venta de productos y servicios que todavía no están disponibles. Ante semejantes expectativas de ingresos, cabe preguntarse en qué y cómo están investigando, y cuál es el impacto moral de los resultados de sus investigaciones.
Como sacados de ciencia ficción, desde las neurociencias, que son un grupo de ciencias con la pretensión de explicar el origen biológico del comportamiento humano, se apuesta por el desarrollo de medicamentos para humanizarnos a las malas. Es decir, fármacos estimulantes de sentimientos compasivos hacia otras personas.
De la misma manera en que los antidepresivos incitan la producción de sustancias capaces de hacer sentir bien a las personas, hacia 2030 se espera contar con tratamientos antirracistas, o medicamentos que nos hagan sensibles a las dificultades de personas lejanas. Será más efectivo tomar pastillas que ir a la cárcel.
Otros desarrollos toman como base la epigenética, que estudia los factores condicionantes de nuestro desarrollo genético. Conocimiento útil en la generación de medicamentos contra el cáncer capaces de eliminar las células cancerosas, bloqueando los genes implicados. También es posible pensar en fármacos que detengan el desarrollo de enfermedades como alzhéimer o párkinson.
Para realizar estos proyectos, las multinacionales generan redes de conocimiento con fuerzas globales, externalizando sus procesos de innovación. Los encuestados por Deloitte, coincidieron en un reto: “para 2015 (…) las compañías tendrán que implementar la capacidad para realizar investigación y desarrollo en partes alejadas del mundo”.
Al respecto, las multinacionales ya cuentan con esquemas de trabajo donde subcontratan sus actividades investigativas. Por ejemplo, Glaxo ejecuta más de la mitad de su presupuesto para el desarrollo de nuevos medicamentos, en compañías pequeñas de biotecnología que trabajan en investigación. Johnson & Johnson invertirá U$226.5 millones en Puerto Rico, para generar nuevos productos.
Aunque estos adelantos traerán beneficios para la calidad de vida de las personas, no podemos pasar por alto dos cuestionamientos morales a nuestra naturaleza: ¿Nosotros, la especie reinante en el planeta por nuestra inteligencia, tendremos que tomar pastillas para humanizarnos? ¿Nuestros sistemas de salud garantizan que todas las personas accederán a los nuevos desarrollos farmacéuticos, o solamente engordaremos los bolsillos de unos pocos?.
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