Llevó él mismo su maletín de cuero, cerrado al mundo con dos broches plateados, e intercambió algunas palabras con el premier italiano, Enrico Letta, en el corto trayecto entre el helicóptero oficial y el avión, un aparato de mediano tamaño ataviado con el tricolor italiano. Sonrió luego a los afilados rasgos de la azafata de Alitalia que lo recibió y partió hacia Brasil con diez minutos de retraso.
Así empezó la primera visita internacional del papa Francisco, que llegó a Río de Janeiro a las 2 de la tarde de ayer (hora de Colombia) para presidir la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), la segunda que tiene lugar en América Latina.
"Este primer viaje es para encontrar a los jóvenes, a los que quiero encontrar no aislados, sino en medio del tejido social (...) Corremos el riesgo de tener una aceleración de una generación que no ha tenido nunca trabajo y del trabajo viene la dignidad de la persona", dijo el Sumo Pontífice antes de partir del aeropuerto internacional Leonardo Da Vinci, en Roma.
En la ciudad de destino, tanto el Cristo Redentor como miles de brasileños lo recibieron con los brazos abiertos, y fueron varios los momentos de tensión los que vivieron los guardaespaldas apostados a lado y lado del pequeño automóvil particular, blindado, en el que el Papa decidió viajar con la ventanilla abierta, tras ser recibido por la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, en el Aeropuerto Internacional de Galeão.
Cientos de creyentes cerraron en repetidas ocasiones el paso a la caravana papal para intentar tocar al Santo Padre, en su camino al centro de la ciudad en donde continuó su recorrido en un papamóvil sin blindaje. Los policías vestidos de civil que corrían junto al vehículo dejaron que una mujer con un bebé en sus brazos se acercara y pusiera al pequeño en manos de Francisco por unos segundos.
"Me llama la atención la capacidad de trabajo, oración y comunicación del Papa Francisco. Rápidamente entra en sintonía con todas las personas, sin importar su condición social. Muchos presidentes del mundo lo quieren visitar y millones de personas de todos los continentes lo quieren conocer", indicó el exembajador de Colombia ante el Vaticano, César Mauricio Velásquez.
Foco de fe
La llegada de Francisco al continente con más creyentes católicos del mundo significó para muchos el inicio de una era de esperanza en la región.
El secretario de Nueva Evangelización del Vaticano, monseñor José Octavio Ruiz Arenas, dijo a este diario que América Latina es fundamental para la religión Católica en su proyecto de detener la secularización de la Iglesia, especialmente en Europa.
"La fe sigue muy viva en Latinoamérica y la Iglesia busca acercarse más a la gente y encontrar respuesta a los nuevos desafíos culturales", dijo el prelado a este diario. No en vano el lema de la jornada es "Id y haced discípulos a las naciones".
Una apreciación compartida por Maritza Uribe, que hizo parte de quienes convivieron con el papa Juan Pablo II durante su estadía en el Seminario Mayor de Medellín en 1986, que considera muy importante la visita del Pontífice y señala que es precisamente lo que él debe hacer en este momento, "porque sabe que Latinoamérica lo necesita urgentemente".
"Ojalá que venga por aquí también y pase por toda Latinoamérica" -manifestó-. Esa fue una gran experiencia para Medellín, pues mucha gente tuvo la oportunidad de ir a ese misa y esos eventos son muy emocionantes para el pueblo, porque el Papa no viene sino una vez en la vida" -añadió, recordando la visita de Juan Pablo II.
Según César Mauricio Velásquez, A.L. fue llamado el "continente de la esperanza" por Juan Pablo II, quien percibió en la región una fuerza espiritual muy importante para "impulsar la nueva evangelización y la identidad cristiana".
Lo cierto es que la figura de Francisco encarna el regreso de una iglesia cuyos orígenes humildes y preceptos de pobreza lo llevan a emular las acciones de San Francisco de Asis, en un país en el que las manifestaciones de los últimos días han atraído las miradas del mundo sobre la creciente brecha entre las clases sociales y las falencias en materia de vivienda, educación, transporte público y salud.
Desigualdad social
A pesar de las 6 millones de almas que habitan Río de Janeiro, algunas católicas, otras no, y a los 450.000 extranjeros que según el alcalde de la ciudad, Eduardo Paes, habían llegado a la ciudad hasta este fin de semana, no todo es fervor con la visita del máximo líder de la Iglesia Católica.
Existen algunos grupos de detractores entre el millón de personas que se espera participen en la JMJ, y se prevé que se hagan sentir también en el recibimiento que se le hará al Papa este jueves en el paseo marítimo de la playa de Copacabana y en el Vía Crucis que tendrá lugar allí al otro día, eventos a los que se cree asistirán 1,5 millones de personas cada día.
Se trata de colectivos convocados a través de las redes sociales para realizar manifestaciones de diversa índole para llamar la atención del Santo Padre, y que efectuarán diversas manifestaciones durante la JMJ, que se extenderá hasta el próximo domingo.
El Grupo Anonymous Rio, que cuenta con 153.000 seguidores en Facebook, convocó a una concentración frente al Palacio de Guanabara, la sede del gobierno regional, en donde se reunieron ayer el Pontífice y la Presidenta del país.
De otro lado, una organización que trabaja en pro de los derechos de los homosexuales invitó a sus seguidores a reunirse en la plaza Largo do Machado y a caminar hasta el Palacio para protagonizar una jornada de "beso colectivo".
"La Iglesia discrimina una parte significativa de la población por ser quien es (mujeres, lesbianas, gays, bisexuales, travestis y transexuales)", señaló la organización a través de Facebook.
También, y aprovechando su paso por favelas como Parque Uniao, Nova Holanda y Baixa do Sapateiro, en el complejo Manguinhos, hubo varias convocatorias a protestar en diversos puntos de estas deprimidas barriadas para, bajo el lema "Papa, mire cómo somos tratados" llamar la atención sobre los niveles de pobreza y desigualdad social denunciados desde el mes pasado, durante la Copa Confederaciones.
Por lo pronto, el mensaje de Francisco permanece en el plano espiritual. "No tengo oro ni plata, pero traigo conmigo lo más valioso: Jesucristo", afirmó en la ceremonia de bienvenida en el palacio de Guanabara.
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