"Mijo me voy, me voy para la ciudad y no me ruegue para que me quede, ahí le dejo al perro, al gato y a todos los animales de esta finca, porque yo me voy de shopping".
Fue así como Flor Azucena decidió dejar vacas, cerdos, cabras, gallinas, enseres, tierra y especialmente a su marido Campo Alirio, todo por una propuesta que le hicieron sus familiares citadinos a esta mujer campesina de la zona cafetera del país.
Flor Azucena, cansada de las labores del campo y curiosa por conocer un mundo lleno de lujos y comodidades como se lo habían contado sus sobrinos y cercanos, decidió arrancar, rumbo al paraíso del comercio, para comprar gafas, blusas, faldas, maquillaje y todo lo que le hacía falta para verse bonita, pues ya no quería parecer más una simple campesina.
Así fue que arrancó sin imaginar lo que se iba a encontrar.
Caos, pitos, humo, peligros, contaminación y varias miradas señaladoras que le daban escalofríos.
Eso fue lo que descubrió en la ciudad, un lugar en el que pasaba desapercibida, donde no tenía nada seguro y donde casi todo lo que vendían de comida era lo que ella y sus compadres cultivaban en sus tierras, situación que entendió al entrar a un supermercado.
Solo hasta ese momento Flor Azucena se dio cuenta de que "sin campo no hay ciudad", por eso sin pensar dos veces volvió a su pequeña finca junto a Campo Alirio a contemplar todo lo maravilloso que la naturaleza le entregaba y a cumplir la misión que mejor sabía hacer: la de campesina berraca y trabajadora.
Las voces
Flor Azucena y Campo Alirio le contaron a EL COLOMBIANO que la obra se construyó en dos meses de trabajo continuo, donde se interiorizó el papel, se adecuó la puesta en escena y se ensayó varias veces hasta que estuvo a punto.
Destacan estos personajes que su verdadera inspiración estuvo en sus padres, quienes fueron campesinos de esta región de antaño y siempre siguieron las tradiciones.
Los pequeños también son protagonistas del show, ellos con su entusiasmo y atención ponen la cuota de color, siguiendo las indicaciones de los protagonistas, ya sea llamando a los animales o repitiendo frases claves en cada escena.
John Sebastián Muñoz Betancur, de 14 años, aprendió que es muy importante que los campesinos vuelvan a sus tierras pues allí tienen garantizada una mejor calidad de vida, que la que les ofrece la ciudad. Señala, además, que el mejor mensaje para todos es aprender a cuidar y valorar el campo.
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