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OSLO Y LA HABANA

  • OSLO Y LA HABANA |
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15 de octubre de 2012
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La puerta ya está abierta. En Oslo, Noruega, mañana, comienza el show , y no lo digo despectivamente.

Arranca la oportunidad de que en Colombia haya por fin paz. Una esperanza de buen camino, después de los fracasos anteriores, que incluyeron un ridículo gigante con la llamada Zona de Distensión del Caguán.

¿Quiénes van a ser los chachos de la novela? Esa es la pregunta de fondo. El Gobierno llega con cierta ventaja, pero, al otro lado de la mesa hay un monstruo de siete cabezas. No nos olvidemos que los elegidos por la guerrilla tienen más pecados encima que un blasfemo.

Existe un gran riesgo de que el periplo por Oslo y La Habana termine siendo la oportunidad para que las Farc se fortalezcan, tomen un aire y se alienten de nuevo militarmente, mientras que, a manteles, los negociadores discuten los cinco puntos trazados, pero el riesgo está tomado. Nada que hacer. Démosle un pasón a los cinco puntos.

El primero, el desarrollo agrario. El Gobierno tiene un plan de tierras ambicioso y, mal que bien, ya socializado por las vías del diálogo y no por las balas como lo han hecho los guerrilleros. Las Farc tienen que entender que el uso de la tierra debe estar en el marco de la legalidad y que el desarrollo agrario puede ser viable sin la barbarie del reclutamiento forzado del cual ellos, junto con los paramilitares, han sido maestros durante largos años.

El segundo, participación en política. ¿Será que estos tipos, que tienen las manos untadas de sangre, podrán participar en política y ser servidores públicos o legisladores? Severa pregunta. Si esto llega a pasar, muchos lo tomarán con indignación, pero también será una prueba de madurez para el país. Retomo las palabras de Augusto Posada , presidente de la Cámara de Representantes: “es preferible que estén en el Congreso, discutiendo con nosotros, que en la selva matando colombianos”. Lo cierto es que a la hora de negociar no se puede olvidar los delitos atroces que han cometido y que son, en su mayoría, de lesa humanidad y crímenes de guerra. Angelitos no son y no se puede caer en la impunidad por darles esta concesión.

Tercer y cuarto puntos, el fin del conflicto y el narcotráfico. Ambos están íntimamente ligados. Una cosa es dejar las armas y desmovilizarse, pero, qué va a pasar con los que más que guerrilleros son traquetos y terroristas.

Allá hay muchos que les gusta la plata mal habida. No saben hacer nada más que traficar. El narcotráfico le gusta mucho a la guerrilla. Les da mucha plata. Las Farc tienen la obligación de cortar con esa fuente de financiación del conflicto, revelar las rutas, la ubicación de laboratorios y zonas controladas, para que el Estado tenga control sobre esta actividad ilegal.

Al Gobierno no le queda otra que mantener la sartén por el mango y exigir, exigir y exigir, sin concesiones.

Quinto punto, las víctimas. Las Farc se están mostrando como angelitos. Dicen no tener secuestrados y el Gobierno está creyéndose el cuento. Todos sabemos que no es así, porque nunca han demostrado respeto por las víctimas ni voluntad de liberar a los retenidos, pedir perdón y reparar a las víctimas. El Gobierno cree que la situación va a cambiar. Riesgo grande el que se corre, porque en medio de la ansiedad de paz puede haber un concierto de impunidad. Bien lo dijo la periodista Salud Hernández-Mora : “negar las evidencias no reconcilia”. No se puede dar papaya, en detrimento de tantos colombianos que han sufrido el flagelo de la guerrilla. Las manos sucias de ellos no se limpian con una sola lavada y se requiere mucho jabón.

Existe una oportunidad de paz. Como colombianos debemos creer en ella, no tanto por nosotros sino por las generaciones venideras. Ojalá sea así. Confiemos en que sí. Para eso, es necesario que Oslo no vaya a terminar siendo para los guerrilleros un paseo por “las Europas” y que La Habana, el sueño cumplido de los negociadores: buen climita, la tierra de Fidel, música revolucionaria y mucho ron cubano. Sería algo inaceptable.

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