La mezcla es un poco extraña, pero no fuera de lo común. Verlos ojirrasgados, pálidos, con su seriedad natural y con los colores de Brasil es casi común en el mundo del tenis de mesa.
De descendencia japonesa, pero brasileños de nacimiento y tenismesistas de corazón caminan tranquilos por el coliseo del Polideportivo Sur de Envigado un grupo de deportistas que, a la primera vista, causan sensación.
Caroline Aiko Kamahara se bate en las mesas como sus ancestros lo hacían en las grandes batallas. Agilidad, rapidez y sabiduría para asestar los golpes a la bola antojan el buen espectáculo que brinda. Ella, hija de un inmigrante japonés, es una de las representantes del país auriverde en el Suramericano que se realiza por estos días en Envigado.
Hace seis años inició la aventura en este deporte gracias a su padre. Con 1.66 metros de estatura, hoy por hoy, es una de las figuras juveniles en el deporte de las raquetas cortas de la delegación brasileña.
Una mezcla rara de acentos entraman la curiosidad de Caroline. Un español pausado y confuso junto con un portugués fluido resaltan en sus palabras mientras cuenta sus expectativas futuras en este deporte.
"Mi sueño es participar en varios Juegos Olímpicos, pero no estar abajo, sino en los ganadores", comenta la jugadora mientras titubea lentamente.
Cerca de ella se encuentra Kátia Akemi Kawai otra de la juveniles que representa los colores del país vecino.
Al igual que Caroline reconoce que los competidores tienen un nivel muy alto.
"Todos son muy fuertes y con mucho talento", dice la nacida en el país de la samba, pero que con su apariencia no puede negar sus antepasados.
Hoy, entre los asistentes al torneo se comenta la habilidad de estas jugadoras. No es nada raro que se escuche el murmullo sobre las particulares brasileñas.
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