Cuenta Darío Alzate que un obrero muy rebelde y exigente no quería hacerse los exámenes médicos que ordenaron en la empresa para todos los obreros y empleados. Ante esta rebeldía le dieron orden al pagador de retenerle el pago hasta que el caprichoso trabajador se hiciera todos los exámenes.
Al llegar a los rayos equis para el examen pulmonar, al hombrecito sin camisa lo recuestan contra una pantalla y la enfermera le dice:
-No hable, no respire, no se mueva.
-Sí hablo, sí respiro y sí me muevo, pa' eso estoy pagando h.ps.
A nuestro glorioso Ejército Nacional lo están acabando moralmente a base de golpes matreros. Lo que no ha logrado la insurgencia, ni la narcoguerrilla, lo está logrando la izquierda incrustada en el poder judicial y los altos mandos del Gobierno.
El presidente Santos se equivocó al nombrar sus ministros. Al de Defensa le dio por dividir a los altos mandos de las Fuerzas Armadas.
La designación del Almirante Édgar Cely como Comandante de las Fuerzas Armadas causa resquemores en la oficialidad del Ejército, pues esta fuerza es mayoritaria dentro de nuestras Fuerzas Armadas, al contar con 240 mil hombres, contra 35 mil de la Armada Nacional.
El embeleco romántico de Juan Manuel Santos de darle a la Armada el Comando Central, por haber vestido el uniforme blanco, le está costando al país la desmoralización de las otras fuerzas.
Nadie discute la importancia que tiene cada una de nuestras armas y la de la Policía Nacional, pero el manejo adecuado de cada una de ellas, respetando sus fueros y sus fortalezas, es trascendental.
Los maravillosos resultados de las Fuerzas Armadas hay que compartirlos entre ellas. ¿Qué sería de los grandes operativos contra las Farc y Eln sin la operatividad y experiencia del Ejército?
¿Qué sería sin la efectividad y precisión de la Fuerza Aérea? ¿O sin la inteligencia de la Policía Nacional? ¿Qué se podría hacer sin la pericia y conocimiento de nuestros ríos y mares de la Armada y sus infantes de marina?
De ahí la importancia de las Fuerzas Conjuntas que han operado en Colombia.
Pero que un General de cuatro soles, como Gustavo Matamoros, no pueda hablar para defender a sus hombres de los ataques de afuera, es inconcebible. "No hable, no respire, no se mueva".
A Pablo Escobar, el presidente Gaviria le permitió construir "La Catedral" para entregarse, con sus yacusis, saunas, antenas parabólicas y hasta escoger sus "propios guardas" para él y sus colegas maleantes.
Los Nule escogen su sitio de reclusión y les dan espera hasta que les aseguren sus lujosas instalaciones fiscales.
Pero a los militares que están por acusaciones de la izquierda y de los mismos guerrilleros, por algún error de procedimiento o por alguna falla en su conducta, normal en cualquier ser humano y en la cual se puede caer por estar defendiendo la vida, honra y bienes de nosotros los colombianos, se les permite un televisor, una hamaca o un trago de aguardiente, y ya los periodistas y los inquisidores dicen que están en un resort.
Y si su General aboga para que sean bien tratados, entonces se le pide la baja, sin escucharlo. "No hable, no respire, no se mueva".
Lo que pasó con el Contralmirante Arango Bacci, condenado sin oírlo, y declarado inocente después, no nos lo han explicado. Ni la baja de 27 oficiales del Ejército que le costó al país el escándalo de los falsos positivos. ¿A cuántos se les ha comprobado alguna culpa?
Veintisiete carreras de hombres valiosos e inocentes se fueron a pique, con la moral de sus familias. Esa puede ser la causa de que otros altos militares no se atrevan a actuar y, mientras tanto, el enemigo coge fuerza.
ÑAPA: "El que sentencia una causa sin oír la parte opuesta, aunque sentencie lo justo, es injusta la sentencia". Jorge Eliécer Gaitán.
Ahí les queda esta frasecita a Cely y a Riverita.
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