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LOS LÍMITES DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

  • CARMEN ELENA VILLA B. | CARMEN ELENA VILLA B.
    CARMEN ELENA VILLA B. | CARMEN ELENA VILLA B.
24 de septiembre de 2012
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Informar, opinar o realizar un video como medio de expresión. Tareas apasionantes pero que deben ser bien reguladas. Es la reflexión que nos deben dejar algunos hechos recientes: Una pseudo película que ha herido los sentimientos de muchos musulmanes, una caricatura en el semanario francés Charlie Hebdo haciendo una parodia de la película “Intochables” -amigos- que pone a Mahoma en una silla de ruedas que lleva un rabino o unas fotos indiscretas de la duquesa de Cambridge, tomadas con un teleobjetivo y que salieron a la luz sin que ella lo supiera.

Publicaciones que tienen algo en común: el abuso de la libertad de expresión y el no mantenerla dentro de los límites del respeto a la vida privada o a la cultura y creencias de los demás.

Es verdad que todos los seres humanos tenemos derecho a expresarnos y a no ser hostigados por lo que opinamos, ¿pero vale la pena arriesgarse a lanzar un video o una caricatura que despierte la ira colectiva y que se desate en hechos tan crudos como los que hemos visto en las últimas semanas?

Es indiscutible que la reacción violenta de los musulmanes salafistas -que por cierto, son una gran minoría y no representan el total del sentir islámico- ha sido inmensamente desproporcional a la ofensa recibida.

Se sobreentiende que nada justifica su actitud enérgicamente vengativa, que ha cobrado la vida de personas que nada tienen que ver con esta provocación y que sigue habiendo enormes brechas entre Oriente y Occidente.

Pero es cierto que no vale la pena, en nombre de la libertad, irrespetar las creencias para despertar la ira de quienes sabemos de antemano que reaccionarán violentamente.

En Colombia, con la conocida columna de José Obdulio Gaviria publicada la semana pasada, también vimos otro caso de abuso a la libertad de expresión.

El columnista jugó con temas tan sensibles como el secuestro, el dolor de la familia y los diálogos de paz en Oslo que están por comenzar.

Y aunque el tono de su artículo parecía de ciencia ficción, un escrito como este en un espacio de opinión puede, como dijo el director de El Tiempo Roberto Pombo, “hacer parecer una realidad creíble de algo que no lo es”.

Es lícito opinar de manera crítica contra el proceso de paz, pero con datos reales como lo han hecho varios colegas y no con la fantasía de José Obdulio.

Creo que los medios están reflejando la crisis de la verdad que hay en el ser humano, que pregona la libertad como un valor absoluto, y que muchas veces, en pro de ese concepto de libertad tan abstracto, va perdiendo límites tan básicos como el respeto a la libertad, a la intimidad y dejan de ser guiadas por un principio tan fundamental como lo es el de la verdad.

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