De pronto se escuchó la voz de esa mujer sin nombre que estaba en el video. "Nos ayuda a salir del anonimato a quienes no podemos tener fama como artistas por no haber estado en una universidad". Ellos son, y se sienten orgullosos cuando lo dicen, artistas populares.
El Salón BAT de arte popular les pone las paredes para que ellos cuelguen, o no, porque no todos son tan tradicionales, esas obras que hacen en sus casas o en sus pequeños talleres, con intuición y talento.
En el 2012 fueron 1.650 obras. Los cuatro jurados, Elvira Cuervo, Gloria Triana, Maripaz Jaramillo, Eduardo Serrano y Fernando Toledo, que tuvieron en cuenta la votación del público en las seis exposiciones regionales, eligieron 400, para quedarse con 100, que son las que se exponen en el Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, en Bogotá. No fue fácil. Había que nombrar un gran ganador, tres primeros premios, tres segundos premios y cuantas menciones se les ocurriera. Se les ocurrieron 13.
"Aquí ya no hay lo que veíamos al principio que son los ranchitos, unos burritos, un señor con la ruana. No. Eso ya no existe –explica Elvira–. Hay una creatividad diferente en el artista colombiano y fue muy difícil escoger los premios porque hay obras extraordinarias que no podíamos dejar por fuera".
El gran premio, el que recibe 16 millones de pesos, fue el último que se dijo en la ceremonia de inauguración de la exposición. Primero fue el nombre, Un lumbalú sentido para Batata III. Cuando Edgardo Enrique Camacho Pérez lo escuchó, se paró de la silla tan rápido como pudo y bajó por su estatuilla y su diploma. Estaba de corbata, elegante. Nervioso, dijo para todos. Agradecido. "A través del salón –señaló después, ya sentado, no para todos– muchos artistas empíricos han dejado de ser invisibles. Es un espacio para dar a conocer nuestra obra y para mostrar la diversidad de cada artista. Me lo merezco porque he sido un luchador incansable del arte".
Es cartagenero. La obra es tridimensional, con técnica mixta, y representa ese ritual melancólico que se hace en Palenque para despedir a un muerto. "Palenque es un patrimonio de la humanidad, esta es una de sus tradiciones y en la obra está reflejado con los personajes auténticos. Realmente logra mostrar una de las más lindas tradiciones de Colombia", expresa la jurado.
En el Salón importa cada detalle de la propuesta artística. No solo es la técnica que, comenta Ana María Delgado, la gerente de la Fundación BAT, se ha innovado y explorado, ni tampoco el concepto y la forma. Es el conjunto y el que esa obra refleje identidad regional y el trabajo popular del artista.
"Nuestras obras son la expresión del pueblo. En mi caso, el Carnaval de Blancos y Negros es la estampa del pastuso", cuenta Fredy Guillermo Recalde Guerra, que recibió, por su obra Soñarte Carnaval, uno de los primeros premios, que entrega seis millones.
El Salón es un recorrido por el arte de Colombia, por cómo es este país, visto por trazos, videos, esculturas, instalaciones. "El visitante –precisa Elvira– puede ver cómo siente el arte un habitante de la Costa Caribe, otro de Nariño, uno del Valle del Cauca. Si hay algo donde se pueda ver la diversidad de Colombia es en este Salón".
Lo demás es el nombre que se escucha más allá de sus pueblos, entre todo ese público que va a recorrer la muestra.
Pico y Placa Medellín
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