En un litigio casi perdido y después de la audiencia anterior al fallo, un campesino le pregunta al abogado: ¿Qué pasaría si le envío un marranito al juez?
El abogado responde: "ni se le ocurra; ese juez es muy quisquilloso y falla de inmediato en nuestra contra".
El campesino ganó el litigio y saliendo del juzgado le dice al abogado: "De todos modos le envié el marranito al juez".
El abogado, sorprendido, manifiesta su extrañeza y el campesino agrega: "pero a nombre de la contraparte".
Los marranitos abundan en este país, donde los organismos de investigación y de justicia andan politizados, al punto que nadie se atreve a indagar en los juzgados por el estado de un proceso.
Estos duermen el sueño de los justos en los escritorios. Se tardan más de tres años para emitir un fallo, a pesar de que están para la firma en el arrume de papeles que mantienen.
¿Será incompetencia o sobrecarga? ¿O ambas?
Aunque surgen otras posibilidades como:
1. El interés por el marranito a recibir de parte de uno de los interesados.
2. El favor político (otra clase de marranito) que esperan hacer si alguno de los involucrados es un personaje público y lo quieren atajar o catapultar. (Los lectores sabrán).
Las demandas civiles, comerciales, penales y, en fin, todo lo que tenga que ver con la aplicación de la justicia pronta y oportuna, se ven entorpecidas por los deseos de marranitos por parte de quienes los esperan o, por los que por circunstancias de la vida, o simplemente por principios, no se regalan marranitos.
En la Fiscalía vemos cómo aceleran aquellas investigaciones que tienen el marranito como estímulo y dejan de lado las que de oficio deben adelantar, pero no tienen ningún estímulo material.
La satisfacción por el deber cumplido no es suficiente y si alguno lo hace por esto, los demás le caen y amenazan porque les dañará el negocio.
¿Quién les mandaría el marranito a los congresistas que votaron positivamente la realización del examen de suficiencia al Vicepresidente?
Esa pregunta tiene que tener una respuesta clara y transparente por parte de quienes muestran ese interés desmedido. No importa el padecimiento de la próstata, de ser así el otro también debió renunciar. Esos raseros distintos son inaceptables.
El dinero que recibe por aportes hoy Colpensiones (antes ISS) nunca ha sido público, pues proviene de patrones y empleados o asalariados, que destinan un porcentaje del sueldo para proveer ese fondo de pensiones.
Pero para que se reconozca este axioma, se requerirán muchos marranitos y mucho tiempo para que esa piara consiga el efecto de una aplicación justa de la norma mal interpretada.
Postre: ¿Habrá muchos jueces quisquillosos?
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