Lo ideal en este nuevo mapa político en construcción, es que la unidad por la paz sea parte fundamental del Acuerdo de Unidad Nacional que ha planteado el presidente electo Juan Manuel Santos. La búsqueda de la pacificación y la reconciliación nacionales, es un bien supremo que debería convertirse en un objetivo nacional permanente, que trascienda gobiernos, intereses partidistas y personales anodinos. Por consiguiente, la unidad por la paz debería ser ajena a la retórica de una oposición irreflexiva y radical que cada vez se aparta más de la búsqueda del bienestar general y de la tranquilidad ciudadana interna.
Todos esperamos que quede atrás la burocracia inoperante, la repartija de cargos, la politiquería y la corrupción, y que este nuevo aire de unidad nacional traiga mejores cosas para el pueblo colombiano, fortalezca la institucionalidad y la gobernabilidad y propenda por mejores niveles de desarrollo, progreso y convivencia pacífica.
Además, no hay que olvidar que los actores violentos siguen presentes. Por ejemplo: observamos unas Farc rumiando su odio con una frustración delirante, viendo más distante un imaginario revolucionario inalcanzable, descalificando la voluntad manifiesta del pueblo en los pasados comicios electorales, lanzando por doquier burbujas mediáticas para esconder sus debilidades estratégicas de connotaciones irreversibles para su supervivencia y sostenibilidad estratégica, y pretendiendo desviar la atención sobre la crisis interna que los subsume en una lenta desintegración y probable implosión hacia un escenario de multicriminalidad. Sumado a lo anterior, el fenómeno in crescendo de las bandas criminales ha generado señales de alerta del alto Gobierno y la toma de decisiones de orden judicial para neutralizarlas.
En su programa de gobierno, el presidente electo ha planteado: "seguridad para lograr la paz, derrotar el terrorismo, terminar el conflicto y construir la paz", propósitos que deben acompañarse de solidaridad y compromiso de todos, y que de verdad nos permiten avizorar nuevos retos y desafíos como: contrarrestar las alianzas guerrilla - bandas criminales; reajustar la estrategia contra el comercio ilícito de drogas; neutralizar la guerra política; formular una estrategia de contraterrorismo urbano; explorar escenarios de cooperación internacional; prorrogar la Ley de Justicia y Paz, y tramitar la Ley de Seguridad y Defensa que permita como norma estatutaria, dar continuidad y coherencia a la seguridad democrática.
Hoy es evidente que las Farc muestran un agotamiento inocultable del modelo insurgente y una transición hacia la multicriminalidad. Su idea estratégica es sostener indefinidamente un conflicto, con una baja intensidad en su escalamiento, empleando terrorismo selectivo con énfasis en lo urbano, y una guerra de guerrilla móvil que desarrolle acciones ofensivas aisladas del nivel táctico. Con ello, pretenden generar desgaste en las tropas oficiales y causar el mayor daño, con el uso masivo de artefactos explosivos improvisados. Queda claro que las Farc sustentan su débil cohesión interna en plan estratégico estancado y, desde luego, inviable, para la toma del poder por la vía armada.
PAUSA UNO : ¿Las Farc estarán haciendo tránsito hacia una guerra de cuarta generación? Hablaremos en otra oportunidad sobre esta hipótesis.
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