En tan sólo 80 días desde la llegada al poder del presidente chino, Xi Jinping, China ha llevado a cabo una intensa política exterior, enfocada a los cinco continentes, pero en la que cabe también, irónicamente, cierto "olvido" a sus vecinos, Japón y los países del sureste asiático.
La razón es clara: China mantiene tensos y crecientes conflictos territoriales, estratégicos e históricos con estos países por la soberanía de varios archipiélagos.
Se trata de las islas Diaoyu/Senkaku (controladas por Japón pero reclamadas por Pekín desde hace un siglo) y las Spratly y las Paracel (archipiélagos del Mar de China Meridional codiciados por China, Vietnam, Filipinas y otros países del sureste asiático).
Y aunque en los dos meses y medio transcurridos desde el relevo de poder esos conflictos han perdido intensidad (las incursiones de barcos en aguas en conflicto se han reducido), China muestra con su desplante a sus vecinos que continúa enrocada en sus reclamaciones y que los nuevos líderes no van a cambiar de actitud.
"Está claro que hay graves problemas territoriales entre China y Japón, Vietnam, Filipinas, ya que el ascenso chino ha traído mucho escepticismo entre sus vecinos", señaló a Efe Ting Wai, especialista en relaciones exteriores de la Universidad Baptista de Hong Kong.
"Como sus problemas más graves son las relaciones con los vecinos, el objetivo de la política exterior china actual es cortejar a otros países, para no tener así tantos problemas fuera de Asia", dijo Ting, quien destacó que la relación de E.U. con Japón y otros rivales de Pekín también influye en la actitud china.
Su colega Jean-Pierre Cabestan, también especialista en estudios internacionales de la universidad honkonguense, opinó que el desplante de Pekín a sus grandes socios cercanos es un llamado de atención para Washington, pese a que en unos días el presidente Xi visitará California y se reunirá allí con su homólogo Barack Obama.
"El este de Asia es una zona de tensiones en la que China, en primer lugar, ha decidido mantenerse firme y, en segundo lugar, busca ‘expulsar’ a E.U.", destacó a Efe el analista, quien admitió que "hay cierta ironía" en el hecho de que Pekín visite antes a socios más alejados y con menor importancia comercial.
Otros vecinos complicados para China, las dos Coreas, también parecían hasta hace escasos días olvidados por los nuevos líderes chinos.
Sin embargo, la reciente visita a Pekín de un enviado especial del líder norcoreano Kim Jong-un y el anuncio de que la presidenta surcoreana viajará a China en junio, han mostrado que no son "los últimos de la fila" para el régimen comunista, como si parecen serlo Tokio, Hanoi o Manila.
Antes de que Xi cumpla tres meses en el poder, ya habrá hecho una gira por África, visitado Rusia, América Latina (México y Costa Rica) y E.U., y el "número dos" del régimen, el primer ministro Li Keqiang, le ha complementado con un viaje a Europa (Alemania y Suiza), Pakistán y la India, otrora gran rival asiático de China.
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