Como el megáfono se usó demasiado y casi se fundió con los rosarios callejeros de mayo, mes de la Virgen, el cura párroco de Peque casi acaba su garganta con las misas del domingo, porque le tocó celebrar a viva voz.
"Esas pilas no las venden aquí porque no son comerciales, hay que celebrar a puro pulmón", contó el padre José Fernando García Machado, quien anotó que hasta los feligreses se redujeron en los oficios de la noche por falta de energía.
Su pueblo, uno de los cinco afectados en el Norte por el apagón que provocó un atentado en la madrugada del sábado, tiene el comercio casi paralizado y está sometido a toque de queda en las noches como medida de seguridad. "Sólo dos negocios tienen planta, ahí carga los celulares la gente $1.000, sino, estaríamos incomunicados", dijo.
La situación, extensiva a los habitantes de Ituango, San Andrés de Cuerquia, San José de la Montaña y Toledo, se agudizó ayer con el anuncio de EPM de que el Ejército tampoco autorizó el ingreso de las cuadrillas de operarios al lugar del atentado, en zona rural de Yarumal, porque las condiciones de seguridad no eran propicias.
Mientras el padre García clamó para que los violentos piensen en la comunidad de municipios tan pobres, Germán Espinal, comerciante de Ituango, se quejó de pérdidas incalculables.
"En los negocios bajaron las ventas un 70 por ciento, lácteos, helados y carnes frías se dañaron, y la gente no puede llevar ni la carne de la semana, a quienes lo hicieron se les dañó", sostuvo.
Casos que parecen tan simples, como el baño de niños y ancianos, se han vuelto complejos porque se requiere calentar el agua en fogones de gas o de leña.
Para colmo, dijo Espinal, por las elecciones no dejaron vender pipetas de gas en Ituango, y "el que no se aprovisionó llevó del bulto".
El consuelo para la mayoría era observar el Mundial por t.v. "Uno esperar cuatro años ese pasatiempo y no lo estamos perdiendo", expresó.
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