No fue en Vietnam ni en la II Guerra Mundial. Tampoco en las actuales e incontables guerras del Medio Oriente. No.
Hace más de 1.700 años comenzó a utilizarse las armas química para acabar con el enemigo y conquistar ciudades y regiones.
Uno de los primeros en sufrir las consecuencias fueron los romanos, ¡quién lo creyera!, expertos combatientes aquí y allá.
Con armas poco convencionales entonces, como lo son hoy, los sasanios-persas se hicieron a la ciudad de Dura-Europos, a orillas del río Éufrates, fundada hacia el año 300 antes de Cristo, ciudad a mitad del camino de varias rutas comerciales de entonces.
El enclave fue ocupado por los romanos, que establecieron un cuartel, pero alrededor del año 256 después de Cristo ocurrió lo peor...
No con testimonios escritos, sí con deducciones y análisis juiciosos, Simon James, arqueólogo de la Universidad de Leicester (Reino Unido) desentrañó el misterio de una veintena de cuerpos de soldados romanos, apilados a la entrada de un túnel, encontrados durante excavaciones en los años 1930.
Ninguno tenía señales de haber sido atravesado por la espada enemiga.
Los sasanios, conocedores de los artilugios de la guerra, sitiaron la ciudad y cavaron túneles para llegar hasta el ejército romano. Este se defendió con otros túneles para sorprender las huestes enemigas.
En un punto se encontraron las excavaciones y... ¡horror! En el estrecho espacio de menos de 2 metros de altura y 11 de largo, el grupo de soldados romanos halló la muerte.
James y su equipo, intrigados por saber cómo se produjo el fallecimiento de la avanzada, hallaron en los túneles restos de betún y azufre, materiales que al ser encendidos provocan densas nubes de humo que asfixian en cuestión de segundos.
"Los sasanios debieron escuchar a los romanos cuando cavaban el túnel y les prepararon la desagradable sorpresa", explicó el científico de Leicester.
Tras la muerte, los cuerpos fueron apilados a la entrada del túnel como barrera de protección, mientras derribaban la estructura y se abrían paso trepando por las paredes para conquistar la fortaleza.
Dice la historia que los sasanios fueron la mayor fuerza opositora de los romanos en la frontera oriental.
No hace mucho, James se encontró en lo que fuera una de las calles de la ciudad, una fila de catapultas, último bastión defensivo de los desesperados romanos.
Tras la toma del lugar, muchos ciudadanos y soldados fueron asesinados sin piedad, mientras otros fueron deportados a Persia, relataron los investigadores, que presentaron los hallazgos en el reciente Congreso del Instituto Americano de Arqueología.
Se sabe que poco después Dura-Europos fue abandonada, dejando intactos para la posteridad los testimonios de lo sucedido en aquellos, como los actuales, funestos días.
Hoy en ese lugar de la moderna Siria, se yergue Salihiye, que poco a poco conoce la suerte de los antiguos moradores de la codiciada región.
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