La fe es connatural al ser humano. Cada uno tiene fe en alguien o algo porque le gusta, lo atrae y ordena sus sentimientos, pensamientos, palabras y acciones, de manera que su vida entera gira en torno a esa persona o cosa. La fe produce también esos resultados.
Fe es acoger. Tengo fe en la medida en que acojo. Acoger es aceptar, aprobar, proteger, amparar, más aún, admitir en mi casa o en mi compañía, recibir con un sentimiento cálido al que llega.
Es grato llegar a un lugar acogedor, y más aún encontrarse con una persona acogedora, ser recibido por ella. Acoger es servir, hacer bien las cosas para satisfacer una necesidad o realzar lo que está bien.
Tener fe es una decisión, un querer, una fuente de enriquecimiento sin par. Tengo fe en mí mismo, en mi vestido, en mi carro, en mi modo de conducir, en mi trabajo, en mi casa, en mi familia, en mis compañeros, en todo lo que me rodea.
Fe es ante todo acoger a Dios que se me revela. Esta acogida es distinta a todas las demás, pues Dios no está fuera de mí, sino en mi más profunda intimidad, más aún, Él es mi intimidad, está en mí más íntimamente que yo a mí mismo. La fe me abre al horizonte infinito de su corazón divino.
La oración es ejercicio de fe, acoger a Dios aconteciendo amorosamente en mí dándome la existencia. Él es mi Creador y yo su criatura. Entre los dos existe una relación de amor esencial, infalible de parte de él. Necesito corresponderle acogiéndolo.
Orar es tener fe, ejercicio singularísimo que reclama toda mi atención, creatividad y atrevimiento. La fe en Dios me humaniza, me hace uno con él, partícipe de su condición divina.
Fe es confianza, un sentimiento de seguridad en mí mismo, en los demás, en el cosmos, en Dios, que me lleva más allá de mí mismo, hasta poder lo imposible. Es una dicha poder saludar a un amigo como Isabel a María: "Dichosa tú que has creído, porque se realizará en ti lo que se te ha dicho".
Para S. Juan de la Cruz, "por la fe amamos a Dios sin conocerlo". Afirmación descomunal, pues tenemos la convicción de que para amar hay que conocer. En realidad, a Dios lo amo por tener fe en Él, fe colmada de cuanta fuerza bienhechora puede inspirarme ese ser adorable.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8