Él tiene su silla. Puede que hasta viva en ella. Detrás hay libros, adelante hay libros, a la izquierda hay libros, a la derecha hay libros. En la mesa hay libros. También un termo para el café. Sirve un tinto. Prende un cigarrillo. Detrás de la barba blanca está Elkin Obregón.
De todos esos textos, quizá elegidos desde donde está sentado, han salido muchos de los cuentos que el escritor ha elegido para la colección de lecturas de Confiar.
"Yo voy leyendo, es lo que a mí me gusta". Aunque, como hay que convencer a un público que no es siempre lector, mira que no sea muy largo. "Eso a veces me duele mucho". Hasta que vuelve a pensar en el lector.
También elige por los amigos, que le proponen ese cuento que ellos saben que funciona para el tema. Se lo llevan hasta la casa. Le gusta estar allí. "Me ayudan, hasta que logro estructurar". Y hay un nuevo tomo, completo.
Todo empezó hace unos nueve años, lo que corresponde a un libro por cada 365 días. La idea, cuenta Elkin, fue de Oswaldo Gómez, el gerente corporativo de la Cooperativa Financiera Confiar, que es "muy inquieto por las cosas de la cultura. En lo de los libros creo que le colaboró mi amigo Sergio Valencia". Y luego le dijeron, que si se le medía a la selección y él "que encantado de la vida".
Nueve libros. Los temas han sido propuestas de él, de Oswaldo o de Sergio. El primero fue sobre el trabajo y han pasado por el fútbol, el dinero, la riqueza, el poder, el erotismo ("gocé mucho porque era delicado y no me podía pasar de tono"), el ocio (que ha sido quizá el más difícil, aunque se encontró uno perfecto: el de un hombre que ahorra toda su vida para comprarse un barquito) y la literatura fantástica (el último, que lanzaron la semana pasada).
El cuento
Elkin busca en su biblioteca. A veces va por esos cuentos que ya leyó tantas veces. Otras se encuentra relatos que no ha leído nunca. O relee con la intuición que esa historia podría ser la indicada.
"Todos me han gustado. A veces encuentro unas cosas. Por ejemplo, en uno que se llama algo así como Solidaridad, me puse a releer, como con la sospecha por allá de que ahí podía encontrar algo, un libro de cuentos de un escritor español que se llama Ignacio Aldecoa y me encontré un cuento que dije este tipo lo escribió para este libro. Qué cosa. Se llama Seguir de pobres ".
Los temas abstractos no entran. No es la idea. Quieren atrapar lectores. Los libros no están a la venta. Los van regalando. "Siempre la respuesta es buena", comenta el escritor, quien además de seleccionarlos les hace las notas, que son casi para presentar al autor.
Los libros se entregan a lectores y no lectores. Es una labor cultural. De pronto, con ese cuento elegido por Elkin, que es divertido, que tiene su magia, que no es complejo, la gente dice "ve, es que leer es muy bueno y cambian la telenovela de las 3:00 de la tarde".
Se ríe. Quizá no lo hagan, pero le sacan el tiempo, anonadados ya, así no se vuelvan unos ratones de biblioteca. "Mucha gente le tiene miedo a la lectura", suelta la frase el seleccionador.
En los nueve anteriores, no ha repetido autor. Ahora piensa que es una camisa de fuerza, "vilmente anecdótico". Y pensando en el diez, para el que ya tiene en su cabeza la propuesta de tema, tiene un cuento de un autor que está en otro libro, pero es perfecto. Repetirá, tal vez.
Los cuentos tienen sus secretos, pero saben guardarse hasta el lecho de muerte. Quedan los epígrafes, por ejemplo: "Cuando el primer hombre se puso erecto, miró hacia arriba, y halló que la realidad no le bastaba". Proverbio vasco, citado por Álvaro Cunqueiro y re-citado por Elkin Obregón, en el último libro. El de Literatura Fantástica.
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