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El rescate de una buena imagen

21 de junio de 2011
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En nuestro país son muy pocas las instituciones públicas que gozan del respeto y credibilidad de las comunidades, por lo que, cuando son calificadas, siempre resultan rajadas y cuestionadas por su ineficiencia e ineficacia y más cuando las personas que las integran se han visto reiteradamente involucradas en hechos de corrupción.

La democracia pierde mucho y se debilita cuando hace  carrera dentro de la sociedad la desinstitucionalización de los órganos del Estado, dando pie a una anarquía con las consecuencias ampliamente conocidas, como el de hacer justicia por propia mano o el  recurrir a acciones unilaterales sin ningún control.

Ha sido costumbre en todo el mundo, y Colombia no  es la excepción, generalizar y maximizar los acontecimientos negativos, pues los hechos positivos en el sector oficial muchas veces pasan desapercibidos, al asumirse que siempre deben darse y que todo funcionario público está obligado a actuar con idoneidad, probidad, oportunidad y, sobre todo, de cara a la sociedad.

Aunque algunos aseguran que en el primer año de todo gobierno existe un buen ánimo entre todos los estamentos, es decir, una “luna de miel” en la que se prestan  mutua colaboración y las decisiones que se adoptan son siempre consideradas bien intencionadas aunque generen algunas controversias, no podemos dejar de reconocer y de valorar los esfuerzos de quienes verdaderamente cumplen su misión con calidad y transparencia.

Por lo que considero justo resaltar la labor juiciosa y profesional que los miembros del Congreso de la República llevaron a cabo en la legislatura que recién han terminado, en la que fue derrotado el ausentismo y se concretaron importantísimas iniciativas después de interesantes debates de hondo contenido intelectual y sociológico sobre proyectos de gran beneficio nacional que se encontraban a su consideración, al igual que otros de control político.

El gobierno nacional debe sentirse muy satisfecho por haber logrado que este Congreso le aprobara más del 90% de las leyes, actos legislativos y reformas presentadas durante el último año y otras no menos importantes de origen parlamentario.

En este trabajo legislativo bien vale la pena mencionar normativas que le permitirán a la actual administración tener cierta maniobrabilidad para enfrentar graves problemas y  para sacar adelante programas relativos a la “Prosperidad Democrática”, tales como la Ley del Deporte, la de Ordenamiento Territorial, la de Inteligencia, la del Primer Empleo, la Ley de Victimas y Tierras, la Ley de Seguridad Ciudadana, la de Protección Animal, la de Disponibilidad de Suelos Urbanizables o Macroproyectos, el acto legislativo de  Regalías,  la Ley de Reglas Fiscales, la minirreforma Tributaria, el Plan Nacional de Desarrollo y el Estatuto Anticorrupción y el del Consumidor, etc.; también son de resaltar las audiencias públicas que se realizaron en diferentes regiones de la geografía nacional y que permitieron mejorar sustancialmente las iniciativas que se encontraban en estudio.

Ante estos excelentes resultados y, aunque en mis columnas no acostumbro mencionar los nombres de los protagonistas, en esta ocasión  quiero reconocer públicamente la acertada participación del  señor Ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, quien, con respeto, inteligencia, habilidad, conocimiento de los temas y con el carácter que lo honra, se constituyó en constante promotor para que los proyectos presentados tuvieran un trámite acorde con la legalidad, y a fe que cumplió con su misión, convirtiéndose en uno de  los ministros estrellas  del actual gobierno.

El Presidente del Senado, Armando Benedetti, con su juventud y fogosidad se erigió en protagonista, al conseguir el combustible necesario para que las locomotoras del programa de la “Prosperidad Democrática” puedan arrancar de una vez por todas, se dedicó desde la Corporación  a poner orden en las sesiones, llamando la atención cuando era necesario y a agilizar los debates y trámites legislativos, con los resultados ampliamente conocidos.

Especial reconocimiento merece el hombre de la tierra  y presidente de la Cámara de Representantes, Carlos Alberto Zuluaga, quien fiel a sus responsabilidades, con su carisma y principios democráticos, se ganó la confianza y consideración de todos sus compañeros, quienes públicamente en la última sesión lo  felicitaron y agradecieron la excelente gestión, las muestras de compañerismo y lealtad, el espíritu conciliador y la deferencia con todas las bancadas. Deja una impronta difícil de superar al interior de la Corporación, pues su trabajo y el de la mesa directiva, llevaron al éxito la legislatura. 

Cuando se actúa con verdadera voluntad de servicio, con seriedad y diligencia, los resultados no se hacen esperar, y el rescate de la buena imagen de una institución siempre tan cuestionada como el Congreso de la República, es un paso definitivo en pro del fortalecimiento de nuestra democracia.

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