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EL PRISIONERO 466/64

  • EL PRISIONERO 466/64
06 de julio de 2013
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Me ha conmovido entrañablemente lo que está pasando con Nelson Mandela.

Ahora, en un hospital de Pretoria, ha luchado por algo que por años le fue ferozmente amenazado: su vida.

El sudafricano fue para mí un gran referente durante mis años de secuestro en la selva colombiana. En ese negro capítulo de mi vida me acompañó El largo camino hacia la libertad, el libro de sus memorias.

Encontré en sus palabras un espejo de mi vida. Experimenté en carne propia lo que él mismo dijo: "no hay cosa más deshumanizante que la falta de contacto humano". ¡Yo la padecí…

Sus memorias se convirtieron en una biblia que leía cada vez que mi ánimo decaía.

Lo cargué por mucho tiempo en mi morral, protegido con una bolsa de plástico para que la humedad no lo deteriorara, hasta que el comandante guerrillero que me custodiaba, me lo quitó y lo arrojó, con otros libros, a un caudaloso río. Me dijo que debía ir más ligero de carga.

Supe de Mandela de una forma muy distinta a las demás personas: secuestrado, en condiciones muy difíciles.

Él ha sido un símbolo de la lucha por la justicia, igualdad y dignidad, en Sudáfrica y en el resto del mundo.

Tuvo muy claro que no podía aceptar su realidad, que tenía que luchar para lograr lo que debería ser.

En 1962 fue arrestado y condenado a cadena perpetua. Estuvo 27 años en la cárcel, donde fue identificado como el prisionero 466/64.

Tuvo en su contra miles de procesos caracterizados por el racismo y la brutalidad discrecional de un Estado, cuyo poder lo ostentaba una minoría rica y poderosa, de raza blanca.

La de Mandela es la historia de un hombre que arriesgó su vida por sus convicciones, por la propuesta de vida que sus conciudadanos debían llevar y que haría de su país un lugar mejor.

Lo más especial en este gran hombre, que debe servir como ejemplo a los colombianos, es que cuando tuvo la oportunidad y los medios para vengarse, promovió la reconciliación.

"Me mantendré firme en mi promesa: nunca jamás, en ninguna circunstancia, diré nada malo del otro. El problema es, por supuesto, que la mayoría de los hombres que tienen éxito son propensos de adolecer de una cierta vanidad", dijo Mandela.

Su vida ha tenido la energía de una leyenda y el peso de la narración épica. Su historia se ha entrelazado con la historia de la transición del Sudáfrica del colonialismo a la democracia.

El largo camino hacia la libertad y el sacrificio por su país, no fue posible sin su largo camino personal.

Por ello se convirtió en un símbolo internacional de la lucha por la justicia. Es, sin duda, el preso más famoso del mundo.

En la prisión en Robben Island, donde estuvo confinado, escaseaba la comida, el trabajo era infrahumano, sus carceleros eran despiadados, la mezquindad de las autoridades era inexorable.

Fue ignorado, pero luego se convirtió en el líder político más admirado en el mundo. El hombre humilde, paciente y sin rencor alguno, con el poder de su palabra e indestructible voluntad, pudo lograr la libertad de millones de personas de su raza.

Pero lo que lo hizo uno de los hombres más grandes de la historia, fue perdonar lo imperdonable: a sus propios victimarios.

Eso hizo el prisionero 466/64.

Gracias, Mandela.

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