Tiene que ser muy patriota el que se empeñe en creer que pueda seguir desarrollándose el turismo entre Medellín y el Viejo Caldas con los riesgos y contratiempos de una carretera que, en pleno puente, no tiene restringida la circulación de camiones de carga, porque los responsables de la seguridad vial han determinado en su sapiencia que sólo deben dárseles garantías y comodidades a los viajeros de la región capital del país.
Llevo cuarenta años viajando al Quindío encantado por la gente y el paisaje reconfortantes y en días como los actuales hay ocasiones en que el recorrido sigue haciéndose en las mismas nueve penosas horas de 1971. Aunque la carretera está en condiciones aceptables y se ha ampliado en tramos que se vuelven placenteros cuando se sale de Antioquia, el ascenso al Alto de Minas y el descenso a La Pintada son tan lentos y exasperantes como en el pasado, porque toca aguantar con paciencia detrás de caravanas de tractomulas que tienen que detener la marcha aperezada en cada curva y andan a velocidad insoportable de caminantes.
La comunicación terrestre hacia la tierra prometida que embrujó a los antiguos colonizadores paisas tiene un rezago de por lo menos medio siglo. Irse por Bolombolo y Puente Iglesias es afrontar un albur. Esa habría sido la vía ideal, por la ruta del Cauca, si a la lógica de la ingeniería no se le hubieran opuesto la sinrazón de los intereses particulares de los gamonales pueblerinos o el capricho de los arrieros que empujaban las mulas a echar para arriba abriendo trochas en zigzag. Algún día cuajará el proyecto de Autopistas de la Montaña. Mientras se obra el prodigio integrador de la doble calzada que nos conecte por fin con la modernidad, por los años de los años va a continuar repitiéndose el drama vergonzoso del subdesarrollo vial.
En el llamado Eje Cafetero están haciéndose ilusiones con el auge del turismo, pero es prudente recomendar que no abran expectativas desbordadas sobre la corriente de viajeros originaria de Antioquia. Sé de muchos amigos que han ido una vez a contemplar el verdor y la floración del Parque del Café, a extasiarse en el valle alucinante de Cocora, a comprobar que Armenia es la coqueta Ciudad Milagro y, en fin, a efectuar una peregrinación que repetirían en cada temporada de vacaciones. Pero optan por no volver, a menos que sea en avión, para no exponerse a los rigores del viaje por tierra.
Rigores que se acentúan al regresar a Medellín al atardecer del lunes y entrar por la vía vergonzosa del sur. Viajar así, sí que es hacer patria . Bueno, al menos este puente pone en comunicación con todos los santos , para que nos les encomendemos.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8