A los cuatro años de edad ya le cargaba los bates a su papá. Bateaba la pelota y hacía atrapadas con el primer guante que le compraron. Tenía uniforme y gorra.
Cuenta su padre, José María, que Dilson José permanecía más tiempo en los campos de pelota, a donde lo llevaba, que en la casa. De ahí que muy temprano haya aprendido las posturas para batear y defender, mientras le tiraban bolas.
Por eso, a nadie en la familia de los Herrera García, se les hizo raro que ese chico de baja estatura pero una vivacidad de flor de piel, se convirtiera, con el paso de los años, en un beisbolista, prospecto luego para llegar a las Grandes Ligas, siguiendo los pasos a quienes, de niño, siempre admiraba: Édgar Rentería y Orlando Cabrera, ágiles como él y de gran poder al bate. "Chocaba muy duro la pelota, a tal punto que tuvimos que cambiarlo de categoría, siempre una arriba, porque hacía diferencia con los demás muchachos de su misma edad", relata José María.
Por las manos mágicas de varios de los más veteranos entrenadores de pelota en Cartagena, como el Pato Espitia, Jaime Castillo, el Negro Barrios, Roberto Barbosa, Alfonso Morales, Orlando Covo, Cristóbal Santoya y Robinson Ortega, personajes de renombre y recorrido en la Costa Atlántica, como hacedores de promesas de beisbolistas.
"El que tiene talento marca desde el inicio su potencial, sus herramientas y necesita poco recorrido para llegar al equipo grande; solo hace el curso de pulimiento", señaló Eddy Henríquez, un conocedor del tema.
Y mientras jugaba a forjarse como pelotero en los campos de su ciudad natal y en el semillero-escuela de la Universidad de Cartagena, Dilson, nacido en el barrio República de Venezuela y hoy el ídolo de Las Gaviotas, un sector de la Heroica donde el sóftbol y el patinaje cuentan todos los días historias nuevas, realizó sus estudios de primaria en la Institución Educativa Fulgencio Lequerica Vélez y los de secundaria en la de Nuestra Señora del Carmen, pero siempre enfocado en el deporte de su vida, el mismo que heredó de abuelos y tíos.
"Herrera, pelotero exquisito con buenas manos, bateo y velocidad", lo describe Tito Quintero, otro experto en béisbol.
En poco tiempo, cuenta Marelvis, su madre, comenzó a ascender y a pasar de categoría en categoría hasta llegar a mayores, en la que realmente tuvo poca intervención en el torneo de Bolívar. Su carrera estaba en el exterior como lo demuestra el hecho de que ya en 2007 hacía parte del Primer Torneo de Desarrollo en el que, por coincidencia, vistió la camiseta de los Mets, el equipo para el que firmó como profesional de Grandes Ligas, el 28 de agosto pasado.
De 20 años, fue firmado inicialmente por los Piratas de Pittsburgh, que luego lo canjeó por dos peloteros a los Mets de Nueva York.
Sin embargo, el pequeño jugador derecho que siempre se destacó al madero en todos los equipos que militó como aficionado, había sido firmado para el béisbol organizado el 20 de agosto de 2010 cuando los scouts de los Piratas dieron el visto bueno. "Le venían siguiendo la huella y las estadísticas. Él trabajó muy duro para sobresalir y demostrar condiciones", señala José María.
Fue a los campos de entrenamiento del equipo de Pittsburgh y en poco tiempo tuvo acción en las organizaciones menores y sucursales del equipo amarillo. Y siendo su primer año en Venezuela, consumió más de 200 turnos con buen promedio de bateo y siendo subcampeón, lo que le permitió ser llamado para el campeonato roockie de E.U., donde fue campeón y mejor jugador del Gold Coast.
Trabajó hasta el 2013 en dos clubes de la South Atlantic League Clase A (West Virginia -Piratas- y Savannah -Mets- dejando números extraordinarios. "Es el pelotero del futuro, porque desde niño mostró condiciones", señala Curtis Wallace, curtido scout de Grandes Ligas.
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