Surgió para el fútbol en la cuna roja y en la actualidad es el único artillero histórico vigente en el club que celebra 95 años.
Diego Andrés Álvarez no tiene el biotipo de los goleadores natos, pero le bastan su buena ubicación, la garra y la ambición para poner a celebrar a la fanaticada. El domingo, frente a Equidad, el ídolo de San Javier marcó un tanto que significó tres puntos, el paso a las semifinales y un gran avance en la búsqueda de un cupo para la Copa Santander Libertadores que en 2009 cumplirá medio siglo.
Diego ama al Medellín. En sus divisiones inferiores aprendió los secretos para enfrentar a los arqueros rivales, se convirtió en profesional del fútbol y de ahí que la institución escarlata represente para él un sentimiento especial. Por eso, a comienzos de temporada, cuando Atlético Nacional pretendió sus servicios, les dijo a los directivos que prefería seguir vestido de escarlata y azul.
Diegol, como lo llaman algunos hinchas, alcanzó al argentino Felipe Marino que, con 77 goles (la mayoría de ellos de cabeza) ocupa un honroso tercer lugar, detrás de José Vicente Grecco (92) y Carlos Castro (90).
"Es un orgullo para mí y para mi familia -dice Diego-, es algo satisfactorio, me siento feliz por llegar a ese récord y hacer parte de ese grupo. Todavía tengo con qué seguir anotando y la idea es pasar al segundo y luego quedar de primero, si Dios quiere".
A sus 27 años de edad y con la experiencia de haber sido campeón con el Medellín en el sonado título de 2002 y de jugar una temporada en balompié de Qatar y otra en Envigado, tiene la posibilidad de convertirse en el mayor goleador del club en toda la historia. Para lograrlo le faltan 16 anotaciones, es decir, por lo menos un torneo más con el Poderoso.
Pero su sueño inmediato es dar otra vuelta olímpica con el Poderoso, aportarle al colectivo y pensar luego en irse al exterior para consolidar su carrera deportiva. Considera que llegar a la cifra de Grecco no es complicado, "porque son goles que uno puede lograr, pero lo que importa ahora es seguir con la misma mentalidad, pensar en el equipo; uno no sabe cuál es el futuro".
Entre las anotaciones que más recuerda con el Medellín están dos que le hizo Libertad de Paraguay en la Copa Libertadores en el triunfo 4-1. Y, obviamente, jamás olvidará el primero en el rentado, en 2001 contra el América.
Cazador del área
El médico Jorge Osorio Ciro, presidente del club y quien ha sido testigo de sus progresos, asegura que "Diego tiene metido el arco en la cabeza. En las últimas temporadas se convirtió en un jugador que colabora mucho con el equipo, a veces actuando de volante, y de ahí que por momentos no haya tenido alta cuota goleadora".
La fuerza, rapidez, agilidad y oportunismo son características que acompañan a este hombre que resurgió con la llegada de Santiago Escobar.
A propósito, la imagen que el estratega tiene de Diego como persona y como deportista es la mejor. "Es un ser humano excepcional, un hombre con mucha humildad y valores, sencillo y receptivo con las sugerencias que se le hacen".
Todos estos puntos a favor, según Escobar, lo hacen un futbolista importante en el plantel. "Un delantero que en la medida que mantenga la movilidad, las diagonales y su juego generoso, será valioso para nosotros".
Hace poco atravesaba un mal momento y lo sacaron de la titular, pero "puso esmero en el trabajo y por eso está encontrando su mejor nivel", advierte Escobar, quien destaca la calidad humana de todos sus dirigidos.
Pero Álvarez no solo es un jugador de fútbol. También se caracteriza por ser un benefactor ya que apoya un semillero de fútbol en el barrio El Salado, en la comuna 13.
En su día de descanso, como acostumbra, se refugió con sus hijos Sebastián y Mariana, y su esposa Leidy, a disfrutar el buen rendimiento del equipo y a pensar en el futuro que lo podría llevar a la cima de goleadores del club más antiguo de Colombia, el Poderoso Independiente Medellín.
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