Al final, se salieron con la suya. Luego de muchos intentos, esta vez sí pudieron los congresistas aprobar una ley que obliga al Gobierno a expedirles pasaportes diplomáticos. Lo sintieron como una acuciante necesidad nacional, y de ahí su trámite expedito. Ya autorizadas voces les han indicado que el solo porte de esa libreta no les otorga estatus de diplomáticos, ni les confiere de por sí inmunidad en otros países. Eso poco les importará, porque ya que lograron el primer paso, no nos extrañaría que en adelante, para cada viaje al exterior, obliguen a la Cancillería a acreditarlos ante los otros Estados.
El listado de quienes portan pasaporte diplomático ya es tan largo, que a la postre vamos a terminar siendo minoría los que, con humildad, portamos el ordinario.
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