Que Dios me libre de pasar cinco horas con el comandante. Fueron cinco horas que me lo aguanté en la TV el pasado lunes, viéndolo en Telesur tratando de explicar que no perdió nada en las pasadas elecciones. Aguanté por curiosidad, es que, ante los resultados electorales del domingo anterior, creo imposible afirmar cosa distinta a que perdió la posibilidad de hacerse aprobar todos sus deseos desorbitados en una Asamblea donde no cuenta con la mayoría calificada para aprobar sus proyectos de cambios constitucionales para su beneficio personal.
Cinco horas viendo y oyendo a Chávez es mucho decir, a veces pasaba a un noticiero de la TV nacional, tenía que descansar de tanta desfachatez y cinismo.
Era una supuesta rueda de prensa, con unos cuarenta periodistas de todo el mundo pero, supongo que "por falta de tiempo", se limitó a responder las preguntas de sólo cuatro periodistas. Él mismo leyó los nombres de los cuatro elegidos "a la suerte", según dijo.
En la introducción a la rueda de prensa se gastó unas tres horas y media, o algo más; para contestar las cuatro preguntas una hora y media, más o menos. En las respuestas se limitó a repetir todo lo que dijo en la introducción. Burlas a los opositores, pullas al imperio, menciones contra Uribe, mostraba un librito de la Constitución, como si el cumplimiento de la misma fuera mostrarla en su mano.
La única pregunta que lo molestó, lo digo por el tonito con el que la contestó, fue la de una periodista que se atrevió a interrogar cómo, si la votación fue casi igual entre los votos gobiernistas y los opositores, el número de diputados era mayoritariamente gobiernista.
Se descompuso, explicó que así era la Ley Electoral. Lo que no contó fue que esa Ley se cambió para darles más representación por cada voto a los departamentos chavistas y mucho menos a los de gran mayoría de la oposición. Es que el que pone las condiciones, pone los resultados.
Para argumentar, desde el punto de vista constitucional, mostró un pequeñísimo libro de la Constitución de Venezuela, más pequeño que los llamados de bolsillo.
Y tenía razón, es que la Constitución y las leyes venezolanas son de su bolsillo. Cuando necesita cambiar la ley o la misma Constitución lo hace sin ningún reparo, así maneja a nuestro hermano país.
Me duele decirlo, pero en Colombia también las Altas Cortes intervienen en el Ejecutivo, interpretan las leyes más allá de la intención del Legislativo, no cumplen la Constitución para nombrar Fiscal de una terna pasada por el Presidente.
En Venezuela hay una dictadura por elección popular, cosa que le sirve para decir que es un gobierno democrático, basado en eso hace lo que quiere: cambia y pone.
En Colombia, las cortes no nombran magistrados para llenar las vacantes, no nombran Fiscal, varios cargos están en manos de (E), encargados por falta de claras definiciones.
¡Esto tiene que cambiar! Como decía mi jefe J. Emilio Valderrama.
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