Volar, correr, saltar, gritar... todo es posible cuando estamos soñando.
Al dormir se dan dos periodos fundamentales que son la fase no-REM y REM. Los sueños suceden dentro de la fase REM, una sigla en inglés que significa movimientos oculares rápidos.
En la etapa no-REM los sueños son muy vagos o leves. Allí la actividad cerebral se va volviendo cada vez más lenta y es en realidad el momento en el que las personas están profundamente dormidas. Es muy difícil despertar a alguien que se encuentre en ese momento del sueño.
"En el adulto, esta fase abarca alrededor del 80 por ciento de un ciclo del sueño", cuenta el especialista en neurología Javier Vicini Parra de Corbic. Al entrar en la fase REM se comienza a soñar de una forma muy vívida, se pierde el concepto de espacio y tiempo, olvidando la limitante física a la que estamos acostumbrados.
"Durante los sueños la actividad cerebral es muy intensa, de hecho, el mayor consumo de glucosa y de oxígeno cerebral de cualquier momento del día se da en medio de la fase REM del sueño", explica el especialista.
Al soñar, con mucha frecuencia, se mezclan elementos vividos en el transcurso del día. Incluso se reflejan temores, deseos o sensaciones que se recrean.
"Las sensaciones táctiles y emocionales, las imágenes y los aromas que se tuvieron durante el día, muchas veces, se reconstruyen durante el sueño", cuenta.
¿Cómo intervenir los sueños?
Un hombre se mete en la cabeza de otro, le altera los sueños, se mete en ellos y los manipula a su antojo.
¿Es posible que alguien altere o cambie o induzca lo que otro sueña?
"De cierta manera los sueños se pueden intervenir a través de estímulos.
Por ejemplo, no es raro que cuando una persona no fue al baño antes de acostarse y se tomó una botella de agua, a la mitad de la noche comience a soñar que está buscando desesperadamente un baño", dice Vicini.
También puede ocurrir con ruidos fuertes que se escuchan antes de acostarse. En el caso de una alarma, es fácil soñar con un carro de bomberos, un incendio o un robo. Todo depende de la imaginación.
Incluso hay estudios que señalan que, antes de dormir, se puede inducir a la persona sobre lo que se quiere soñar, como concentrarse en una foto o en una situación determinada, lo que puede ayudar en casos de estrés postraumático, por ejemplo.
La forma de intervenir o crear un patrón de sueños debe ser mediante un estimulo persistente, de una intensidad moderada, que logre abrir las compuertas de los sentidos, que usualmente están cerradas, cuando se está durmiendo. Por otro lado están las pesadillas, que están ligadas a trastornos de ansiedad, aunque también hay medicaciones que pueden inducir a éstas.
"Generalmente las pesadillas son una forma de canalizar los temores, de hacer catarsis y en otras ocasiones pueden ser signos de enfermedades como lo son los trastornos de ansiedad".
El sueño cumple un papel protector de la función cerebral, en el sentido que permite tener un pensamiento claro. "Cuando una persona se mantiene por mucho tiempo despierta, sus funciones mentales se afectan, es decir, se hacen más lentos los procesos de pensamiento y se pueden cometer errores con más facilidad", explica Vicini.
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