Más allá de los buenos resultados que está dando la presencia del comandante de la Policía, general Óscar Naranjo, en Medellín, nos deja un mal sabor lo que estaba sucediendo en la cárcel Bellavista.
Los exóticos beneficios y toda suerte de gadgetz con que contaban los reclusos, hacen pensar que el Inpec está fallando en los controles de seguridad. En buena hora, el general Naranjo intervino y "desinstaló" varias de las crecientes mafias carcelarias.
Lo que faltaba es que las cárceles, sitios de rehabilitación de personas que tiene una deuda con la sociedad, se sigan convirtiendo en lugares de más delitos.
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