Querida, volátil y asquerosa Drosophila melonogaster (o mosca de la fruta). Usted es un insecto famoso entre los genetistas y científicos debido a su capacidad de mutación. Se dice que a cada cría que tiene, esta aparece con un cambio nuevo. Pero lo asombroso es que usted, querida mosca (conocida también como la del vinagre), que tiene una vida entre 15 y 21 días, logra poner una buena cantidad de huevos y en cada cría (otros dirán que larva) los cambios son tan evidentes como lo sano y lo podrido. Peter Fischer, el autor de La otra cultura, anota que en los nacimientos de su prole los ojos cambian de color e igual pasa con la disposición de las alas o de los miembros. Así que encuentran moscas de su familia con patas que les nacen en la cabeza o con ojos rojos o sin alas, etc. Y lo interesantes es que con solo cuatro pares de cromosomas usted muta más rápido que las agendas mediáticas.
Su nombre Drosophhila (de Drosos= rocío y philia amistad), me hace pensar que su primera acción cada mañana es beber del rocío mañanero y lavarse allí las porquerías acumuladas en el día y la noche anterior, que deben ser muchas (las propias y la externas), pues a usted le gusta todo lo que está en descomposición. Y sus cambios genéticos (o lo que sería su morfogénesis continua) se deben a su contacto estrecho con la realidad. En términos de Darwin, a su capacidad de adaptación al medio ambiente. De ser cierto lo anterior, ese rocío matutino (al que tanto le han cantado los poetas), debe contener en sí el estado del mundo. Bien sabemos que la tierra amanece cada día peor y que muchos gobernantes (sean políticos, económicos o religiosos) hacen todo lo posible porque así sea.
Acaso, usted, Drosophila meloanogaster (amiga del rocío de vientre negro), sea una metáfora de lo que nos sucede. Los cambios que se presentan en las sociedades, en los conceptos, en los valores, son tan monstruosos como los mutaciones que sus crías acreditan. Pero usted admite sus deformidades, cosa que no hacemos nosotros, tan llenos de narcisismo y bovardismo. Y lo más dramático, sin conciencia de que el tiempo avanza y en él el pasado es la prospectiva de lo que llega. Es claro: uno es el producto de sus condiciones anteriores y por más que trate de olvidar o se ajuste con implantes, uno es lo que ha construido de lo que o puede liberarse a menos que admita el error y lo tome como una enseñanza clara de lo que no debe volverse a repetir. Pero no pasa y ahí vamos, mal.
Drosphila melanogaster, mosca común y corriente y, como pasa en nuestros países, sujeto permanente de laboratorio. Es que mutamos de manera desordenada, pero sin adaptarnos. De la Drosophila se sabe que se alimenta de porquerías e inmundicias. Y que se vería terrible si tuviera nuestro tamaño.
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