Olga Holguín Salazar es originaria de Mogotes, una vereda en las afueras del casco urbano de Buriticá. Desde pequeña creció rodeada de oro. Su familia, como muchas del municipio, se dedicó a la minería artesanal. Ella acompañaba a su padre y a sus hermanos a barequear en el río Cauca, donde con batea en mano lavaban la arena en busca de oro. Cuando creció y buscó su vocación, se encontró de nuevo con la minería, ahora como fundadora de la Sociedad Mujeres de Mogotes.
En 2019, trabajaba en el restaurante de una vereda cercana. Allí le contaron que a Mogotes había llegado una empresa minera en busca de mujeres para iniciar un proyecto. Aunque no tenía detalles, se interesó de inmediato. Acudió a las reuniones y fue elegida, junto a otras seis mujeres, para consolidar el proyecto, en el que ellas debían procesar el oro.
Las labores eran arduas y el inicio fue exigente. A pesar del temor que la hizo salir corriendo de la mina la primera vez que entró, aprendió las formas de extracción ya no en el río, sino bajo tierra.
Como las demás asociadas, tuvo que acostumbrarse al peso del casco, a la incomodidad de la careta y al uso de las herramientas. Lo que más le costó fue el “machado” con almadana, un proceso en el que se tritura la piedra para extraer el oro que está en su interior. Se le acalambraban las manos en la noche por el esfuerzo de la jornada. Ahora una máquina machacadora les aligera la carga física. “Nos tocó durísimo, pero gracias a Dios superamos todos esos retos”.
Este mes están celebrando siete años desde la fundación de la sociedad. La Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia ha estado allí. Sus asesorías y capacitaciones le han ayudado a Olga a enfrentar con conocimiento su rol como representante legal.
“Hemos crecido muchísimo y me alegra ver cómo mejoraron nuestras vidas. Todas somos mujeres cabeza de hogar y somos víctimas del conflicto armado, por lo que estar en una organización legalmente constituida es un verdadero orgullo”.
Los beneficios también han llegado a su vereda Mogotes. Desde la sociedad se proveen materiales para proyectos de vivienda, se arreglan lugares de interés común y se genera empleo digno a 21 mujeres. Incluso en el casco urbano se aprovechan los materiales de construcción que dona la empresa para el bienestar comunitario.
Hoy para Olga ya no hay batea ni almadana, hay reuniones virtuales y el trabajo manual fue remplazado por el administrativo. Sin embargo, el sentido de pertenencia se mantiene como el impulso para mejorar la vida de su territorio.
