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El español: una lengua viva

Lo es porque se usa y lo hablan más de 400 millones de personas. Futuro en Español inicia hoy en el Mamm.

  • El español: una lengua viva
29 de noviembre de 2016
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“Allí donde están las fronteras de mi lengua, están los límites de mi mundo”. Eso pensaba Ludwig Wittgenstein, el célebre filósofo vienés, que quería decir con esto, entre otras cosas, que no era posible pensar en nuevas ideas o nuevos mundos sin crear o adoptar nuevas formas para nombrarlos. También que el lenguaje no solo describe, sino que posibilita esas otras realidades.

Esta poderosa frase puede explicar brevemente el porqué las lenguas, desde el antiguo sumerio hasta hoy, no han dejado de evolucionar y cambiar. Unas mueren, otras nacen, unas dominan, otras son dominadas, otras se mantienen, pero nunca son las mismas, como el río de Heráclito: han tenido que adaptarse, expandirse y reinventarse de acuerdo a las nuevas formas en las que se relacionan sus hablantes.

Un idioma es por supuesto un conjunto de normas gramaticales y de códigos lingüísticos, y también es mucho más. Se enriquece con las prácticas cotidianas culturales, económicas, sociales, políticas y científicas, con las nuevas formas de vivir, de querer, de pensar, de hacer. “Las lenguas son construcciones culturales, por eso no se pueden entender por fuera de ese contexto en el que surgen y viven”, explica Andrés Vergara Aguirre, coordinador del pregrado de Filología Hispánica de la Universidad de Antioquia.

El uso la mantiene viva y también la modifica. Es por eso que la palabra cartapacio, bolsa de tela donde se guardaban los útiles de la escuela, desapareció ante las palabras mochila, bolso y maleta. Desapareció porque dejó explicar la manera en que se llevan los útiles escolares.

La creación de la palabra patriarcado, por otro lado, surgió de la necesidad de explicar una relación de dominación entre los géneros que si bien había existido durante milenios, estaba por fuera del “límite del mundo”, en palabras de Wittgenstein, puesto que no estaban dadas las condiciones sociales y culturales para que fuera posible pensarla y nombrarla.

La variación lingüística (fonética, morfológica, sintáctica, semántica) de lo que hoy conocemos como el idioma español da cuenta precisamente de esas transformaciones de acuerdo con el uso. El español es una lengua que se creó a partir de las invasiones árabes, de los rezagos del imperio romano y el latín, de la nostalgia del griego y de la confluencia de varios dialectos romances en un territorio no muy extenso de lo que hoy es España.

Una lengua que, como todas, necesitó de siglos antes de de ser nombrada como tal y que tomó las palabras, estructuras y el contexto que estaba a su alcance.

Más de un milenio de historia

“¿Desde cuándo existe la lengua española? No es fácil responder a una pregunta como esta. Solo sabemos con cierta seguridad desde cuando hay textos escritos en una forma lingüística a la que ya podemos denominar así. Es indudable que ya entonces llevaría siglos de vida: las lenguas suelen tardar mucho tiempo en pasar a la escritura (y la inmensa mayoría de las que existen o han existido no lo ha conseguido). Ese ‘momento inicial’ solo puede inferirse por conjeturas”, se lee en El español a través de los tiempos del filósofo y lingüista Rafael Cano Aguilar.

En ese sentido, el texto “fundacional” del español es el Cantar del Mio Cid, que data de aproximadamente el año 1200. Siguiendo la lógica de Rafael Cano Aguilar, el español debió estar gestándose muchos siglos atrás antes de estar lo suficientemente consolidado para crear esa obra literaria. Durante esos siglos el español se nutrió de las lenguas romances, del celta, del latín, del vasco, latín, griego y árabe. Hay quienes piensan que sin la invasión árabe, el español sería mucho más parecido al italiano, por ejemplo.

Ese primer español, más conocido como castellano, tenía los vocablos propios del contexto que logró imponerse sobre las otras lenguas de España y servía sobre todo para asuntos jurídicos: títulos nobiliarios, contratos. Monarquías, cruzadas, guerras feudales, entre otros temas. De eso se hablaba en nuestro español más primitivo. En el siglo XVI, España pasaría a ser potencia europea y entonces fue una lengua dominante de la vida cultural. Evolucionó hasta ser una lengua para la literatura y el arte.

Aunque en ocasiones emergen “puristas” que defienden unas formas originales y auténticas de las lenguas, nada más lejano de la realidad. El español, como lo conocemos hoy, tiene orígenes diversos y difusos y una serie de determinantes históricos que lo trajeron hasta aquí: la lengua oficial de 20 países y la segunda con más hablantes nativos en el mundo.

El español en Colombia hoy

Sí, unificado en reglas gramaticales y estructurales pero muy rico en nuevas palabras y conceptos de acuerdo a las pequeñas variaciones en los lugares en los que se habla. “En Colombia tenemos un español con la escritura y una oralidad muy fuertes. Producimos cuentería, literatura, periodismo, de todo. Acabamos de publicar un diccionario con 10 mil expresiones de Colombia donde encontramos una paleta de esa riqueza de palabras en todo el país”, cuenta Carmen Millán, directora del Instituto Caro y Cuervo.

Entendiendo que la lengua es reflejo del contexto sociocultural de sus hablantes, como indica el profesor Andrés Vergara Aguirre, las expresiones de Colombia hoy están permeadas por sus problemáticas. “Es común hoy encontrar metáforas bélicas. Por ejemplo cuando se quiere decir que es necesario asegurar un proyecto, los colombianos estamos usando el verbo blindar, en una clara relación con lo que hemos vivido”.

El lenguaje tiene una función social. Es decir, su función es comunicar y comunicar mejor, y por eso los grupos sociales crean alternativas y palabras para mejorar esa comunicación. En ese sentido, el parlache o ese tipo de argot que se popularizó sobre todo en los ochenta y noventa en Medellín por bandas delincuenciales, tuvo que ver con las necesidades comunicativas de una ciudad en conflicto en la que era necesario establecer códigos para comunicarse secreta y eficientemente.

Los argots, que suelen ser muy cerrados o para entenderse entre grupos pequeños y especializados, se masificaron en Medellín rápidamente hasta que su uso fue extendido a quienes no compartían ese contexto o no necesitaban de ese “uso”. Hoy, la evolución de este tipo de coloquialismos tiene una capacidad de masificarse mucho más rápido gracias a las redes sociales, su instantaneidad, masividad y ausencia de un moderador que medie entre el emisor y receptor.

En ese sentido, el profesor Andrés Vergara insiste en la necesidad que la academia se esfuerce en observar y estudiar esos fenómenos sociales que subyacen a ciertos tipos de habla, argots o expresiones coloquiales.

No obstante, advierte Carmen Millán, muchas de estas expresiones coloquiales son temporales y serán reemplazadas por las que traigan las nuevas generaciones. Hoy el “marica” se ha popularizado como una fórmula de trato cordial, pero es posible que sea desplazada en el mediano o corto plazo. Asuntos similares ocurre con los neologismos en relación con la tecnología. El cd-rom como objeto, por ejemplo, desapareció tan rápido que no alcanzamos a españolizarlo y las nuevas generaciones no saben que existió.

Retos

“Los hispanohablantes tenemos que creer más en nuestra lengua. En el mundo científico se valora el inglés sobre otras lenguas, y por eso los artículos y las conferencias deben ser dictadas en inglés, aun cuando la audiencia entienda o hable español. Tenemos que creer en nuestra lengua y posicionarla en el mundo del conocimiento, el español tiene mucho potencial. Ahora hay una alta demanda de profesores de español en Estados Unidos y eso es un buen síntoma”, opina Leonor González Menorca, doctora en Ciencias Empresariales y consejera de desarrollo económico e innovación del Gobierno de La Rioja, en España.

Sobre este aspecto coinciden Carmen Millán y Andrés Vergara, quienes insisten en que la segunda lengua con mayor número de hablantes nativos en el mundo no puede ser una lengua minoritaria en la ciencia y el conocimiento.

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