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Feria de las Flores 2020
Feria de las Flores 2020 | PUBLICADO EL 06 noviembre 2020

Una conversa florecida sobre tradición silletera

  • Martín Atehortúa lleva 18 años dedicado a las silletas; mientras su tía, Ana Lucía, 45 años en este oficio. FOTOs MANUEL SALDARRIAGA
    Martín Atehortúa lleva 18 años dedicado a las silletas; mientras su tía, Ana Lucía, 45 años en este oficio. FOTOs MANUEL SALDARRIAGA
  • Aquí revisando las flores. Ana Lucía tiene muchas favoritas, especialmente rosas, claveles y anturios.
    Aquí revisando las flores. Ana Lucía tiene muchas favoritas, especialmente rosas, claveles y anturios.
  • Martín Atehortúa lleva 18 años dedicado a las silletas; mientras su tía, Ana Lucía, 45 años en este oficio. FOTOs MANUEL SALDARRIAGA
    Martín Atehortúa lleva 18 años dedicado a las silletas; mientras su tía, Ana Lucía, 45 años en este oficio. FOTOs MANUEL SALDARRIAGA
  • Aquí revisando las flores. Ana Lucía tiene muchas favoritas, especialmente rosas, claveles y anturios.
    Aquí revisando las flores. Ana Lucía tiene muchas favoritas, especialmente rosas, claveles y anturios.

Martín y Ana Lucía Atehortúa, representantes de dos generaciones dedicadas a esta práctica, dialogaron sobre sueños y luchas en plena feria.

“Todo volverá a florecer”. Es una de las frases que repite Martín Atehortúa, un silletero de piel trigueña que lleva 18 años dedicado a este oficio. La pasión por las flores fue heredada. Su familia se ha dedicado a imaginar, crear y desfilar silletas por más de dos generaciones. Por eso en su casa, ubicada en la vereda El Placer del corregimiento de Santa Elena, lo primero que sobresalen son los colores vivos de las variedades de flores que tiene sembradas.

A unos pocos pasos de su casa viven sus padres y su tía Ana Lucía Atehortúa, de 72 años y quien desde hace 45 años participa en el tradicional Desfile de Silleteros. Y este año no será la excepción.

Por primera vez en muchos años Martín y Ana Lucía no bajarán desde sus fincas hasta Medellín para cargar y exhibir sus silletas. Esta vez esperarán en sus casas a los jurados que elegirán los 55 finalistas y los ganadores de las distintas categorías que luego recorrerán la ciudad en carrozas para que la gente pueda verlas sin aglomeraciones.

Con el traje típico de silletero, la pañoleta, el sombrero y las alpargatas, Martín se sienta con su tía y conversa con ella sobre sus años vividos y ese lazo que los une más allá del familiar: el de las flores y las silletas.

Tía, yo tengo mi estilo para armar las silletas. Todos los silleteros tenemos una forma diferente de armarlas, ¿cómo lo hace usted?

“Yo primero corto los palos, comienzo a armar la silleta, monto los chuzos. Si voy a trabajar en una silleta emblemática, que es la que hago yo, empiezo a trabajar las flores, por ejemplo, las araucarias, y los colores. Me gusta que nada sea artificial, que los colores no sean pintados sino naturales”.

Usted sabe cómo soy yo para armar una silleta. Si veo a una mujer me la imagino en una silleta, si veo un árbol me lo imagino en una silleta, ¿cómo escoge usted el tema para hacer la silleta emblemática?

“El tema no lo escojo sola. Mis hermanas también me ayudan a elegirlo. Buscamos un tema con 3 o 4 meses de anticipación para ver qué hacemos, para determinar si el diseño está bien. Nosotras vamos imaginando y creando la silleta con anticipación. Me gusta la emblemática, que sea plana, y trabajar temas relacionados con la naturaleza”.

¿Qué siente al ser silletera?

“Siento emoción, ganas de llorar cuando la gente nos grita, nos aplaude y nos dice: ‘Santa Elena se sobró, Santa Elena se sobró’. Eso es una alegría inmensa para mí. El corazón se me quiere salir”.

¿Cierto que cuando uno está muy cansado de llevar la silleta y la gente nos aplaude como que sacamos más fuerzas?

“Sí, los aplausos de la gente dan ánimos para seguir desfilando, mostrando flores a todas las personas que vienen de las regiones de Colombia a vernos, a vivir la feria”.

¿A veces ha sentido como ganas de tirar la toalla en medio del desfile?

“También, a veces cuando uno siente mucho calor y pues la silleta siempre es pesadita para uno. Yo siempre pienso que tengo que terminar mi desfile, llegar hasta donde descargamos las silletas”.

Tía, ¿a usted por qué le gusta tanto la silleta
emblemática?

“Me gusta mucho porque he sido ganadora absoluta con este tipo de silleta. En 1980 yo gané con una silleta que hice con el escudo de Medellín. Esa silleta quedó muy bonita y cuando me dijeron que yo era la ganadora absoluta, sentí algo muy grande. Yo lloraba de alegría. Es algo impresionante triunfar entre tantas silletas. Uno le da gracias a Dios y a toda la gente. Es la recompensa por todo el esfuerzo y dedicación que le ponemos a las silletas”.

Usted me ha hecho muchos ramos para las novias que yo he tenido. A mí me gustan mucho las rosas y los girasoles, ¿cuál es la flor que más le gusta?

“Me gustan mucho las rosas, los claveles, los girasoles, los anturios, que incluso tengo sembrados en mi casa. Me gustan las flores muy diversas. A mi silleta le pongo, por ejemplo, statis, siempre vivas y pinochos de varios colores”.

Tía, ¿cómo es la vida de
un silletero?

“La vida de un silletero es acostarnos temprano para levantarnos a las 4:00 de la mañana. Yo salía a las 4:30 a.m. para Medellín a trabajar y subía tipo 6:00 o 7:00 p.m., comía, me acostaba y volvía a madrugar. Ese es mi trabajo y me gusta mucho. Aunque hace ocho meses no haya vuelto a bajar por la pandemia. A mi edad me tengo que cuidar mucho”.

¿Qué nos debe la ciudad a los silleteros?

“La ciudad nos debe mucho, por eso yo le pido a la gente que no nos olviden. Que no se acuerden de nosotros solamente en el Desfile de Silleteros. El año tiene 12 meses y la ciudad se acuerda de nosotros solo por la época de la feria. Queremos que nos apoyen más y que no nos olviden. Nosotros le aportamos mucho a la cultura de la ciudad, del departamento y del país, aunque el desfile sea solo un día”.

Contexto de la Noticia

La microhistoria una pasión heredada

En la vereda El Placer, del corregimiento de Santa Elena, está ubicada la finca de Martín Atehortúa. La diversidad de las flores que tiene en cada rincón de su casa llama la atención de cualquiera que la visite. Martín vive a unos pocos pasos de la finca de sus padres y recuerda que, cuando era niño, veía a su mamá, Blanca Lía Londoño, dedicada a las flores y a su papá, Martín Atehortúa, de quien también heredó el nombre, dedicado a las huertas y a las silletas.

La familia Atehortúa es una de las más tradicionales y reconocidas por su trabajo constante en la elaboración de sus silletas.

Alejandra Zapata Quinchía

Periodista de la Universidad de Antioquia. Me gustan los temas sobre justicia ambiental, territorio y comunidades. Mi pasión: conocer historias y contarlas.

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