Debilitado y golpeado por el mayor escándalo de dopaje deportivo en décadas, Rusia está bajo asedio en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.
El equipo ruso, reducido en número tras acusaciones de dopaje fomentado por el Estado, se mantiene hermético luego de recibir abucheos de un público hostil en varios eventos. Pero los aficionados rusos están indignados y lo demuestran.
“No nos quieren aquí. Creen que todos hacemos cosas malas, que somos malvados”, dijo Tatyana Omelchenko, quien viajó casi 15.000 kilómetros desde la ciudad rusa de Krasnoyarsk en Siberia para ver el esgrima olímpico.
“Definitivamente hay una atmósfera anti rusa. No es que nos parezca, lo sentimos. Nos temen porque somos fuertes”, agregó.
Tras un escándalo de dopaje que amenazó con dividir al movimiento olímpico y le costó su lugar en Río a 100 atletas rusos, Omelchenko y otros compatriotas dijeron que su recibimiento en Brasil desentona con los principios olímpicos de inclusión e igualdad.
La nadadora rusa Yulia Efimova, quien ganó una batalla legal para competir en Río apenas horas antes del comienzo de los Juegos, fue abucheada cada vez que salió a la piscina y rompió en llanto tras llevarse la medalla de plata en los 100 metros pecho el lunes.
Regístrate al newsletter