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Hace 95 años

08 de abril de 2018
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Por Enrique López Enciso

El pasado mes de marzo se cumplieron 95 años del arribo de la Misión Kemmerer a Colombia contratada por el gobierno del presidente Pedro Nel Ospina. Sus recomendaciones finales, plasmadas en leyes de la República, produjeron una profunda transformación del Estado al modificar los pilares de las finanzas públicas y del sistema bancario. Las reformas dejaron una marca durable y todavía persisten algunas de las instituciones que se crearon en ese entonces.

Sin menoscabar la importancia de ninguna de ellas, la creación del Banco de la República como banco emisor tuvo la virtud de colmar un viejo anhelo y permitió, por ese camino, instaurar un sistema monetario que superó el problema crónico de escasez de circulante en una economía cada vez más dinámica, aupada en la expansión del cultivo del café. Se trataba de un banco central muy conservador, independiente del gobierno y con el objetivo principal de estabilizar las tasas nominales de cambio a través del mecanismo automático del patrón oro que lo hacía muy pasivo en su política monetaria.

La gran crisis de 1929 fue el primer desafío al diseño original de la entidad, puesto a prueba ante la magnitud del choque. Una primera respuesta fue invitar de nuevo al profesor Kemmerer, sin embargo, el deterioro de la situación internacional y la debilidad de la economía nacional llevaron a las autoridades económicas a dejar de lado sus propuestas y, al mismo tiempo, los principios que se quisieron preservar al sobrevenir la crisis y que en teoría garantizarían el acceso al crédito externo: conservar el patrón oro y honrar los compromisos de la deuda externa. La acumulación de hechos negativos como el cierre del crédito externo, el colapso de las importaciones, con su efecto sobre los ingresos tributarios, la caída de las exportaciones, el agotamiento de las reservas internacionales, el abandono del patrón oro por parte de Gran Bretaña y la oleada de moratorias soberanas, poco a poco fueron arrinconando a las autoridades.

En esas condiciones, el gobierno suspendió el libre comercio de oro y prohibió su exportación, estableció temporalmente el control de los cambios internacionales y del traslado de fondos al exterior. Así mismo, se prohibió la entrada a Colombia de ciertos artículos de lujo y se elevaron considerablemente los derechos de aduana sobre distintos géneros de consumo ordinario. El otro principio, honrar la deuda externa, también fue dejado de lado. Para finales de 1931 se inició, con la fijación de controles sobre el servicio de la deuda externa, un proceso prolongado de moratoria que se extendería hasta 1935. La renegociación de la deuda externa sería un asunto aún más dilatado que terminaría a finales de los años cuarenta.

En conjunto, las disposiciones poco ortodoxas que se tomaron permitieron superar la situación de depresión con deflación que había sufrido la economía desde 1929, pero también dejaron secuelas poco deseables como el dominio que la política fiscal comenzó a tener sobre la política monetaria, una característica que permanecería por muchos años y solo se resolvería definitivamente en la Constitución de 1991.

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