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El páramo más pequeño del país está en El Aburrá

Se llama Las Baldías y es el tercero en Colombia que más beneficia a habitantes por hectárea con el agua que produce. Un recurso valioso, pero frágil.

  • Frailejones, plantas características de páramo. Algunos tienen más de 200 años pues su crecimiento es lento. FOTO Carlos Velásquez
    Frailejones, plantas características de páramo. Algunos tienen más de 200 años pues su crecimiento es lento. FOTO Carlos Velásquez
  • El páramo contiene herbazales y arbustos. Vista hacia el norte, a los Llanos de Ovejas, San Pedro.
    El páramo contiene herbazales y arbustos. Vista
    hacia el norte, a los Llanos de Ovejas, San Pedro.
  • La roseta de páramo, una de las bellezas que alberga. Por ser pequeño el parche, requiere protección.
    La roseta de páramo, una de las bellezas que alberga. Por ser pequeño el parche, requiere protección.
  • Afloramiento de agua en un pequeño humedal. Es el nacimiento de La García y La Iguaná.
    Afloramiento de agua en un pequeño humedal.
    Es el nacimiento de La García y La Iguaná.
  • Al lado y debajo de los licopodios y musgos corren hilos del agua que almacenan.
    Al lado y debajo de los licopodios y musgos corren hilos del agua que almacenan.
  • Antenas en el costado sur de la Serranía. Por ahí es el acceso. Fotos Carlos Velásquez
    Antenas en el costado sur de la Serranía. Por ahí
    es el acceso. Fotos Carlos Velásquez
El páramo más pequeño del país está en El Aburrá
30 de diciembre de 2017
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Eeste páramo mide 860 hectáreas y es el único sobre el Valle del Aburrá. Para visitarlo hay que subir por el carreteable desde el corregimiento de San Félix, en Bello.

La carretera, empedrada pero en buen estado, se hace cada vez más estrecha. A lado y lado se ven pequeñas parcelas campesinas que se van haciendo más escasas hasta desaparecer en los 2.900 metros de altura sobre el nivel del mar. A partir de ahí, la zona está protegida y es impensable ver un campesino arando la tierra o una sola vaca.

El recorrido hasta la meseta toma 25 minutos, porque la Serranía de Las Baldías es una meseta, ancha en unas partes, pero cerrada en otras.

Al final del trayecto se divisa la estación de policía de la zona y las antenas de comunicación de varias empresas, que se ven desde casi todo el Aburrá.

Las Baldías es el último de los 37 páramos del país definidos por el Ministerio del Medio Ambiente. Comprende el 2,5 % del territorio nacional y fue delimitado a finales de diciembre mediante la Resolución 2140. Es tan pequeño que representa solo 0,02% de los ecosistemas paramunos.

A diferencia de otros, este tiene su área bien conservada, con restricciones para el acceso a sitios estratégicos.

Es una estrella hídrica por la cantidad de quebradas que nacen allí, desde La Iguaná a El Hato y La García, que va hacia Bello. O La Volcana, que moja sectores de Palmitas y San Jerónimo, hacia donde fluye, y La Porquera, La Miserenga, La Muñoz y el río Aurrá.

Su rol como esponja se evidencia al caminar sobre los herbazales y los musgos de los humedales, de los cuales brota agua al pisar. Son colchones de agua que almacenan del 80 al 90% de la lluvia, que va de los 1.909 a los 2.334 milímetros año.

Al andar sobre el humedal se encuentran las huellas frescas que durante la noche dejaron perros de monte y cusumbos, que abundan.

En un pequeño sector, hasta hace 40 años hubo ganado. También se cortaban árboles para leña y palmas para la Semana Santa. Hoy todo está en regeneración.

La cobertura vegetal la forman densos bosques andinos en las laderas, los cuales, cerca a la cima, hacen una transición hacia una cobertura de tipo herbazal. También es frecuente encontrar helechos y licopodios (conocidos también como pinos de tierra), según describe el estudio de valoración económica del páramo que lideró Daniel Moreno Soto.

Por aquellas situaciones del pasado hay áreas con bosques secundarios, pero casi todo está en buen estado, el mejor del país, dice Horacio Moreno, uno de los propietarios de casi el 60% del páramo.

Epífitas, una que otra orquídea y otras plantas que se aprecian en un pequeño recorrido revelan su diversidad. Existen tres parches de frailejones (Espeletia occidentalis) y uno, aunque pequeño, de la sobria roseta o cardo de páramo (Paepalanthus columbiensis) que cada vez se extiende más.

Moreno y su familia poseen esas tierras desde las primeras décadas del siglo pasado y se han dedicado a cuidarlas, a falta de apoyo gubernamental.

Así es este ecosistema

Afuera de una cabaña, antes de la parte alta del ecosistema, hay un centro ambiental que ofrece charlas e información sobre Las Baldías y su importancia.

Cerca hay un humedal y frailejones. Es la cuenca de la quebrada El Hato, pero pronto se pasa hacia la de La García. Ambas drenan hacia Bello. Esta nace en un pequeño lago cerca a las antenas, afloramiento de aguas subterráneas que para un lado dan vida a ese afluente del río Aburrá (Medellín), y por el otro es el inicio de La Iguaná, que baja hacia la capital paisa y drena en el mismo río. Un poco más al occidente está el nacimiento de La Volcana.

La parte más alta del páramo está a 3.150 metros sobre el nivel delm mar, sobre la Cordillera Central. La temperatura media está entre los 10 y 11 grados Celsius.

Un recurso muy valioso

El investigador Orlando Rangel definió hace años los páramos como “las extensas zonas que coronan las cordilleras entre el bosque andino y el límite inferior de las nieves perpetuas”.

Los servicios ecosistémicos que prestan son amplios. Son sumideros de carbono, reguladores del clima y el agua y proveedores de esta.

Moreno resume el componente hídrico en almacenamiento de agua y regulación, los páramos la van liberando de a poco. Provisionan los acueductos y regulan las aguas que van a las quebradas.

Los estudios sugieren que si no existiera la cobertura vegetal que hoy tiene Las Baldías, quebradas como La Iguaná, La García y El Hato, que han provocado varias tragedias, recibirían 40% más de agua durante los aguaceros, aumentando el riesgo de desastres.

La valoración económica del páramo estableció que presta servicios por 4,3 millones de dólares al año, 54,3 millones de dólares en una ventana de 20 años, según la estimación más conservadora.

Vida y visitantes

Ana María Castaño, presidenta de la Sociedad Antioqueña de Ornitología, dice que Las Baldías es uno de los sitios que frecuentan los amantes de la observación de aves.

Allí se encuentran especies llamativas, como la cotinga Ampelion rubrocristatus.

Pero los pajareros no son los únicos visitantes. Grupos de caminantes y ciclistas son otros que frecuentan el páramo y se quedan, por lo general, en el sector de las antenas.

En las últimas semanas no han sido tantos, reconoce el sargento Tapasco, comandante de la Estación de Policía.

Los uniformados tratan de que los visitantes cuiden el páramo y no avancen hacia sectores frágiles que podrían deteriorarse. Moreno, de hecho, explica que habrá que poner protección en algunos puntos de fácil acceso, entre ellos el de las rosetas.

Por los peligros que entraña está prohibido acampar.

El sueño es que de modo ordenado la gente se pueda apropiar del páramo, conociéndolo y respetando los ecosistemas más delicados. No se puede acceder a todo.

Un sueño en concordancia con el pensamiento del ministro del Medio Ambiente, Luis Gilberto Murillo, que en el más reciente congreso de los páramos precisó que “tenemos la visión de que la protección de nuestros recursos naturales debe ser una prioridad”.

No se trata de prohibir que las personas vayan a disfrutarlo, porque si no conocen el páramo no pueden aprender a respetarlo y quererlo, pero no se puede recorrer de cualquier manera. Se requieren reglas claras para conservar este ecosistema y las 97 especies de aves, 9 de anfibios, 130 de insectos y más de 61 especies de flora, como las rosetas y las orquídeas, que se han identificado en el páramo más pequeño de Colombia.

80
toneladas de carbono
evita que se emitan cada hectárea de páramo
77
habitantes/hectárea beneficia con su agua este páramo.
Es el tercero del país.
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