Un libretista tiene las libertades creativas para alterar, ficcionar o crear nuevas situaciones en las historias que se producen sobre personajes de la vida real (vivos o muertos), siempre y cuando adviertan en el inicio de la serie, telenovela, película, documental o cortometraje, que es una versión que puede contener elementos de ficción.
En ese concepto coinciden el libretista César Augusto Betancur y el crítico de cine Oswaldo Osorio, que anotan que muchas veces hay que sacrificar la realidad para privilegiar lo narrativo y lo dramático.
Betancur, conocido como Pucheros y escritor de las series Las Hermanitas Calle y La Selección, ambas basadas en personajes reales, señala que “la vida de nadie es tan interesante, en su día a día, para contarla al pie de la letra”, al explicar la necesidad de recrear otras situaciones y personajes. “Se tiene que ficcionar, sí o sí, hay que envenenar (enriquecer) la historia”.
Anota que las llamadas bionovelas como las que ahora se emiten sobre Rafael Orozco o Diomedes Díaz, por ejemplo, son versiones, no biografías.
Narra que con los protagonistas de esos relatos se hace una negociación previa, en el que se le paga por usar su nombre y su historia, con la libertad de alterarla. “Pagarle a todos las personas de su entorno es imposible e inviable, por eso se inventan personajes o se altera su identidad y personalidad”.
Matarife
Sobre esta propuesta, escrita por el periodista y abogado Daniel Mendoza, que se emite a través de grupos de WhatsApp y por YuoTube, Osorio señala que es difícil clasificarla en un género narrativo determinado, porque toma elementos diversos. “Es un trabajo de denuncia matizado por los códigos de las series de investigación de la televisión”.
En Matarife, Mendoza relata las supuestas relaciones del expresidente Álvaro Uribe Vélez con el narcotráfico y el paramilitarismo
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El mismo Mendoza, autor de los guiones de la serie, explicó en entrevista con la agencia EFE que para ese trabajo se basó en artículos que escribió, al igual que en libros y en información publicada por medios periodísticos.
Precisamente esta semana, el juez 23 civil de Bogotá negó la acción de tutela presentada por el expresidente y ahora senador Álvaro Uribe, quien buscaba frenar la emisión de la serie Matarife, y a su vez reclamar el derecho al buen nombre, honra y dignidad.
Oswaldo Osorio comenta que la virtud narrativa de Matarife se centra en traspasar con líneas difusas las fronteras entre serie o especial periodístico.
Desde el punto estrictamente audiovisual, el libretista Betancur dice que Matarife es una serie básicamente porque está narrada en episodios.
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En ese sentido, el columnista Antonio Caballero escribió en la Revista Semana ( 2013/12/21) que “el artista –el poeta, el músico, el pintor, el guionista de televisión– tiene todo el derecho de cantar o pintar o contar la realidad como le venga en gana, de deformarla a su gusto, o de inventarla. Homero narró la guerra de Troya como quiso (o como se lo dictó la Diosa); y no es censurable, desde el punto de vista del arte, que haya escogido contar unos episodios y otros no, o describir con más detalle o con mayor simpatía a unos personajes que a otros”, a propósito del debate que en ese momento se dio por la emisión de la serie Tres Caínes (basada en la vida de los hermanos Castaño Gil) y la libre interpretación que de las misma hizo el libretista Gustavo Bolívar, hoy senador de la República.